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Una encuesta de Funcas, elaborada por IMOP a finales de 2025, revela que aunque el 52% de la población ha oído hablar del euro digital, apenas el 25% afirma comprender bien en qué consiste. Según el estudio, la mayoría no lo usaría si estuviera disponible hoy, en un momento clave del debate europeo sobre su regulación.
El euro digital aún no convence: tres de cada cuatro españoles no lo usarían

El debate sobre el euro digital avanza en Bruselas, pero en España la comprensión ciudadana todavía va por detrás. Así lo refleja una encuesta realizada por Funcas —Fundación de las Cajas de Ahorros— y elaborada por IMOP a finales de diciembre de 2025, en el marco de un proyecto más amplio sobre comunicación y aceptación social de esta futura moneda digital europea. Cabe recordar que el euro digital es un proyecto impulsado por el Banco Central Europeo para crear una versión electrónica del dinero en efectivo, respaldada por la autoridad monetaria y disponible para el conjunto de la ciudadanía de la zona euro.

A diferencia de los depósitos bancarios o de aplicaciones privadas de pago, sería dinero público en formato digital, que podría utilizarse para realizar pagos cotidianos —tanto en comercios físicos como en operaciones online— con garantías similares a las del efectivo, pero adaptado al entorno digital. Su objetivo es complementar, no sustituir, el efectivo y ofrecer una alternativa europea en un contexto de creciente digitalización de los pagos.

De acuerdo con los datos del estudio, el 52% de los españoles asegura haber oído hablar del euro digital. Sin embargo, solo el 25% declara entender bien en qué consiste. La diferencia entre notoriedad y conocimiento efectivo pone de manifiesto una brecha significativa en un momento decisivo para el desarrollo del proyecto a escala comunitaria.

Baja disposición al uso

La encuesta apunta además a una escasa predisposición a utilizar esta nueva herramienta financiera. El 77% de las personas consultadas afirma que no emplearía el euro digital si estuviera disponible en la actualidad, y la mitad de los encuestados (50%) señala que no lo usaría para ninguna operación concreta en su vida cotidiana.

En cuanto a su utilidad frente a los medios de pago ya consolidados, el escepticismo también es evidente. El 69% considera que el euro digital no aportaría ventajas claras frente a instrumentos como la tarjeta bancaria o los pagos móviles. Asimismo, un 83% cree que su implantación provocaría una reducción en el uso del efectivo.

El estudio recoge también que muchos ciudadanos no identifican qué valor añadido ofrecería esta nueva forma de dinero frente a soluciones como Bizum, que ya ha avanzado en la interoperabilidad de pagos a nivel europeo y que podría convertirse, en la práctica, en una vía operativa dentro de un futuro ecosistema del euro digital.

Según Funcas, estos patrones no apuntan tanto a obstáculos técnicos como a un desafío de comunicación y comprensión pública. El proyecto es conocido, pero no está interiorizado.

Un momento clave en Europa

Estos resultados coinciden con una fase relevante del proceso institucional europeo. A finales de 2025, el Banco Central Europeo y las instituciones comunitarias concluyeron una etapa preparatoria prolongada y avanzan hacia la aprobación de un reglamento que permitiría una eventual primera emisión del euro digital en 2029, siempre que los colegisladores europeos alcancen un acuerdo regulatorio en 2026.

No obstante, las deliberaciones en el Parlamento Europeo sobre el diseño y el alcance del euro digital han acumulado numerosas enmiendas, reflejo de posturas diversas en torno al modelo técnico y funcional que debería adoptarse. Esta pluralidad de enfoques ha ralentizado la definición de una posición común.

En este contexto, y a la luz de los datos recogidos por Funcas, uno de los principales retos no será únicamente normativo o tecnológico, sino también social: reducir la distancia entre los avances institucionales y la comprensión ciudadana sobre para qué sirve el euro digital y qué mejoras concretas podría aportar en la experiencia de pago diaria.

La encuesta se convierte así, según informa Funcas, en una base empírica relevante para orientar futuras estrategias de comunicación pública y acompañar el diseño de políticas que faciliten la aceptación social de un proyecto que podría transformar el sistema de pagos europeo en los próximos años.

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