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La agencia evercom, junto a la Universidad Complutense de Madrid y con el asesoramiento de Fad Juventud, ha presentado el estudio ¿Cuánto cuesta una mentira?, una radiografía contundente sobre el impacto de los bulos en la vida cotidiana y el bienestar emocional de la juventud española. Según el informe, la desinformación no solo altera el acceso a la información, sino que mina la confianza, desgasta la participación democrática y genera ansiedad entre los jóvenes.
¿Cuánto cuesta una mentira?

La investigación analiza cómo la exposición constante a contenidos falsos o manipulados está afectando a una generación que vive prácticamente toda su vida informativa a través de pantallas. Según detalla el estudio de evercom —realizado junto a la Universidad Complutense de Madrid— el 70,3% de los jóvenes entre 15 y 24 años se informa principalmente en redes sociales, un entorno donde noticias, entretenimiento y opiniones se mezclan sin filtros claros. No sorprende que 8 de cada 10 aseguren encontrarse con desinformación con frecuencia, especialmente en temas sensibles como política, migración o conflictos internacionales.

Pese a este uso intensivo de plataformas digitales, la verificación sistemática brilla por su ausencia: solo un 13% de los encuestados asegura contrastar siempre lo que consume. La mayoría admite quedarse en los titulares, en un ecosistema donde la inmediatez pesa más que la profundidad. Como consecuencia, muchos jóvenes conviven con la desinformación como parte “normalizada” del día a día digital.

Un impacto emocional evidente

La sobreexposición a bulos no se queda en una cuestión de calidad informativa: afecta directamente al bienestar. Según recoge el informe, un 67% de los jóvenes no confía del todo en la información que circula por redes y un 35% siente ansiedad ante la posibilidad de estar consumiendo noticias falsas sin distinguirlas. Además, más de la mitad reconoce sentir frustración, impotencia o decepción al descubrir que un contenido que daban por cierto era engañoso.

El cansancio es tal que un 31% ha decidido desconectarse temporalmente de redes por saturación, mientras que otro 40% se lo ha planteado. Como recuerda Alberte Santos, CEO de evercom, citado en el estudio: “La desinformación no es solo un problema informativo, es un problema de calidad de vida y de responsabilidad cívica”.

Democracia en alerta

Según informa evercom, el impacto va más allá del plano personal. El 87% de la juventud considera que la desinformación ha deteriorado la calidad democrática en España, mientras que 4 de cada 10 creen que las instituciones públicas no están preparadas para hacer frente a este fenómeno. La confianza en los medios tradicionales se sitúa en un 43,2% y cae hasta el 34,2% cuando se trata de redes sociales.

La consecuencia es un círculo vicioso: menos confianza, más polarización y menor participación. El informe muestra que apenas un 24,6% forma parte de organizaciones o colectivos y más del 40% reconoce no haber votado nunca pese a tener edad para hacerlo. Para Antón Álvarez, senior advisor de evercom, esto no refleja apatía, sino desgaste: “Los jóvenes no se desconectan de la democracia por indiferencia, sino por agotamiento”.

Una generación que exige responsabilidad

Lejos de resignarse, la juventud española reclama acción. Tres de cada cuatro jóvenes creen que las plataformas digitales deberían advertir claramente cuando un contenido es dudoso, y un 67,6% opina que estas empresas no están haciendo lo suficiente para frenar la circulación de bulos. También señalan a los medios y a las instituciones como actores clave para garantizar un entorno informativo más transparente.

De hecho, la alfabetización mediática emerge como una demanda urgente: el 83,5% cree que aprender a detectar bulos mejora su bienestar emocional y un 63% pide formación específica para identificar contenidos falsos. Más de la mitad considera que centros educativos y espacios laborales deberían ofrecer capacitación en competencias informativas.

Como recuerda Beatriz Martín Padura, directora general de Fad Juventud, “los jóvenes no rechazan la información; rechazan la desorientación permanente que provoca un entorno saturado”. En la misma línea, el profesor Francisco Muñoz, experto de la Universidad Complutense, advierte que la hiperexposición digital ha generado “cámaras de eco que fragmentan la realidad y alimentan un auténtico ‘estado del malestar’”.

En definitiva, el estudio ¿Cuánto cuesta una mentira? deja claro que la desinformación no solo altera el acceso a la realidad: está condicionando cómo una generación se relaciona consigo misma, con su entorno y con la democracia. Y, según apuntan los propios jóvenes, la solución pasa por un compromiso conjunto de plataformas, medios, instituciones y centros educativos para reconstruir la confianza perdida.

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