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Según el World Energy Outlook 2025 publicado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los países se enfrentan a un escenario sin precedentes de tensiones energéticas, marcado por la competencia geopolítica, la concentración en el mercado de minerales críticos y el auge de la demanda eléctrica impulsada por la digitalización y la inteligencia artificial. El informe advierte de la necesidad de una diversificación urgente de suministros y una cooperación global más sólida.
La era eléctrica ya está aquí, pero la seguridad energética global está en riesgo

El último World Energy Outlook 2025 (WEO-2025), presentado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), sitúa la seguridad energética en el centro del debate global. En un contexto cada vez más complejo y volátil, la AIE identifica las decisiones clave que deberán tomar los gobiernos para garantizar un suministro estable, asequible y sostenible de energía, sin perder de vista los objetivos climáticos.

El documento, considerado la fuente más autorizada de análisis y proyecciones energéticas a escala mundial, presenta tres escenarios posibles —no pronósticos— que exploran distintos futuros energéticos. En todos ellos se observa una tendencia común: la creciente necesidad de servicios energéticos en todos los sectores, desde la movilidad hasta la refrigeración, el alumbrado, la producción industrial y el consumo digital.

Uno de los cambios más relevantes señalados por el informe es el desplazamiento del centro de gravedad de la demanda energética hacia las economías emergentes. “India, el Sudeste Asiático, y países de Oriente Medio, África y América Latina serán los grandes impulsores del crecimiento en las próximas décadas”, destaca la AIE. China, que durante los últimos quince años lideró el incremento del consumo global de energía, cede así el protagonismo a nuevas potencias en desarrollo.

Entre los factores que más preocupan a la AIE se encuentra la elevada concentración del mercado de minerales estratégicos —como el litio, el níquel o el cobalto— esenciales para fabricar baterías, paneles solares, vehículos eléctricos y chips. Según el informe, un solo país domina el refinado de 19 de los 20 minerales energéticos más relevantes, con una cuota media del 70%. Esta dependencia supone un riesgo creciente para las cadenas de suministro y, por tanto, para la seguridad energética global.

El director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, advirtió: “No hay precedentes de un momento en el que las tensiones energéticas afecten simultáneamente a tantos combustibles y tecnologías. Los gobiernos deben actuar con la misma determinación que mostraron tras la crisis del petróleo de 1973”. Birol subrayó además que las políticas públicas deben equilibrar los objetivos de seguridad energética con los de asequibilidad, competitividad y lucha contra el cambio climático.

El informe también confirma que la llamada Era de la Electricidad ya está en marcha. La electricidad representa actualmente cerca del 20% del consumo final de energía, pero concentra más del 40% de la actividad económica mundial y ya es la principal fuente energética de los hogares. Las inversiones en redes eléctricas y energías renovables crecen rápidamente, aunque no lo suficiente: mientras la generación eléctrica ha aumentado un 70% desde 2015, la inversión en redes lo ha hecho a menos de la mitad de ese ritmo.

El papel de las renovables sigue siendo decisivo. La energía solar fotovoltaica lidera el crecimiento en todos los escenarios del WEO-2025, con una previsión de expansión especialmente fuerte en regiones con alto potencial solar. Asimismo, la energía nuclear experimenta un repunte tras dos décadas de estancamiento: se espera que su capacidad global aumente al menos un 30% de aquí a 2035, impulsada tanto por grandes centrales como por reactores modulares de nueva generación.

Sin embargo, el informe también advierte que el mundo continúa lejos de cumplir sus metas climáticas y de acceso universal a la energía. Alrededor de 730 millones de personas siguen sin electricidad, y cerca de 2.000 millones dependen aún de métodos de cocina altamente contaminantes. Aunque los escenarios más ambiciosos contemplan alcanzar las cero emisiones netas hacia mediados de siglo, la AIE estima que la temperatura global superará temporalmente los 1,5 °C.

El World Energy Outlook 2025 concluye que el sistema energético mundial se encuentra en una encrucijada: deberá responder simultáneamente a una demanda creciente, al impacto del cambio climático y a los nuevos riesgos derivados de la concentración tecnológica y la digitalización. “Los gobiernos deben actuar ahora para construir sistemas más resilientes, diversificados y cooperativos”, exhorta la AIE.

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