
En 1995, aquella conferencia histórica celebrada en Beijing reunió a 17.000 participantes y desembocó en la adopción de la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, considerada aún hoy la hoja de ruta más ambiciosa para lograr la equidad. En aquel momento, 189 países reconocieron que la igualdad entre mujeres y hombres era un derecho humano básico y un requisito indispensable para el desarrollo, la justicia social y la paz.
La actual presidenta de la Asamblea General, Annalena Baerbock, quinta mujer en ostentar este cargo en 80 años de historia de la ONU, abrió la conmemoración con un mensaje contundente: “Cumplir con lo acordado en Beijing significa que ningún político, juez o líder religioso debería decirles a nuestras niñas qué hacer con sus cuerpos. Nuestro cuerpo, nuestra decisión”.
Por su parte, el secretario general António Guterres advirtió sobre los riesgos de la inteligencia artificial: un sector “dominado por hombres y sustentado en algoritmos que perpetúan sesgos y discriminación”. Guterres llamó a “garantizar que la tecnología esté al servicio de la igualdad y no de la exclusión”.
La actriz mexicana Cecilia Suárez, embajadora de la Iniciativa Spotlight, subrayó la brecha en la financiación: el déficit presupuestario para alcanzar la igualdad de género en 2025 es de 420 billones de dólares, mientras que el gasto militar global supera los 2,7 billones. “El mundo prefiere invertir seis veces más en la guerra que en proteger a la mitad de su población”, denunció.
En los días previos, ONU Mujeres y el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales publicaron el informe Panorama de Género 2025, que alerta de que ninguna de las metas en igualdad de género de los Objetivos de Desarrollo Sostenible va camino de cumplirse. Los datos son contundentes:
Pese a este panorama, la ONU destacó progresos importantes en las últimas tres décadas: 1583 leyes aprobadas en 193 países contra la violencia de género, formación policial en más de un centenar de Estados y marcos legales que prohíben la discriminación laboral por razón de género.
La Plataforma de Beijing también favoreció el cierre de brechas educativas y la aprobación de 112 planes nacionales sobre mujeres, paz y seguridad, frente a los 19 existentes en 2010.
Bajo el lema “Renovar el compromiso con la Plataforma de Acción de Beijing, dotarla de recursos y acelerar su aplicación”, Estados, sociedad civil, academia y sector privado coincidieron en que invertir en las mujeres es invertir en toda la sociedad. ONU Mujeres estima que si los gobiernos actúan con urgencia, la pobreza extrema femenina podría reducirse del 9,2% al 2,7% en 2050, generando un impulso de 342 billones de dólares para la economía mundial.
No obstante, la organización advierte de la falta de recursos: solo la mitad de los ministerios de igualdad cuenta con presupuesto suficiente, y los recortes ponen en riesgo la recopilación de datos esenciales para medir el progreso.
La cuestión del liderazgo sigue siendo otro gran obstáculo. A escala global, las mujeres ocupan apenas el 27% de los escaños parlamentarios y el 30% de los cargos directivos. De mantenerse el ritmo actual, la paridad en la toma de decisiones tardaría un siglo en alcanzarse.