
Mañana, 20 de junio, se conmemora el Día Mundial del Refugiado, una fecha que invita a reflexionar sobre las causas y condiciones del desplazamiento forzado. Con motivo de esta jornada, Funcas ha publicado un análisis que arroja luz sobre un aspecto todavía poco visibilizado: la elevada proporción de mujeres solicitantes de asilo en España, que en 2024 representaron el 42% del total. Un dato que sitúa al país por encima de la media europea —apenas un tercio— y más cerca de cifras como las de Francia (44%) o Austria (44%).
Migrar siendo mujer: riesgos y desafíos invisibilizados
El informe subraya que las mujeres migrantes no solo huyen de guerras o persecuciones políticas, sino también de violencias estructurales, desigualdades sociales y crisis climáticas o económicas. Durante el trayecto hacia Europa, muchas de ellas enfrentan peligros añadidos como la trata, la violencia sexual o la explotación laboral.
Aunque hombres y mujeres comparten muchas de las motivaciones que los llevan a dejar sus países, los impactos físicos, emocionales y sociales del proceso migratorio tienden a diferenciarse notablemente según el género, en parte por normas culturales o por una mayor aversión al riesgo en las mujeres, lo que influye en los países de destino elegidos.
España, un destino con rostro latinoamericano
La explicación del alto porcentaje de mujeres en las solicitudes de asilo en España tiene mucho que ver con la procedencia de quienes llegan: la mayoría son personas latinoamericanas, entre quienes la participación femenina es especialmente alta. En 2024, las mujeres representaron el 54% de los solicitantes venezolanos, el 48% de los colombianos y el 51% de los peruanos.
El caso de Francia es paradigmático, ya que muestra una proporción de mujeres elevada incluso entre nacionalidades donde, en otros países, la mayoría son hombres. Por ejemplo, entre los solicitantes de asilo procedentes de Ucrania, el 57% eran mujeres en Francia, frente al 35% en Alemania o el 40% en Grecia. Este patrón se repite con personas provenientes de países africanos como Guinea o Costa de Marfil.
La razón, según el informe, tiene que ver con condiciones específicas del contexto francés, como la existencia de redes migratorias previas, rutas más seguras o una mayor frecuencia de llegada por vía aérea, lo que reduce los riesgos para las mujeres.
En el otro extremo se sitúan países como Italia (19%) y Grecia (27%), cuyas rutas de acceso siguen altamente masculinizadas. Esto se relaciona con los países de origen predominantes —como Bangladesh, Pakistán o Egipto, con porcentajes de mujeres solicitantes inferiores al 3%— y también con la peligrosidad y precariedad de las rutas por mar o tierra.
Edades diversas, perfiles distintos
Otro dato relevante que aporta el estudio es la diferencia etaria entre mujeres y hombres que solicitan protección internacional. Mientras los varones se concentran mayoritariamente entre los 18 y los 34 años —más del 60% en países como Italia o Grecia—, las mujeres muestran un perfil más diverso en edades.
En este sentido, España vuelve a destacarse por un perfil menos joven y más equilibrado: solo el 33% de los solicitantes varones se encuentran en ese tramo de edad, frente al 56% en Italia o el 44% en Grecia.
Aunque los conflictos armados son una de las causas principales de los desplazamientos forzados, la migración también tiene una dimensión profundamente social, de género y ambiental. Los impactos de la crisis climática, las desigualdades económicas persistentes y la violencia estructural obligan a miles de mujeres a dejar sus hogares en busca de una vida digna y segura. Como señala Funcas, reconocer esta realidad implica repensar los sistemas de acogida, protección y asilo, desde una perspectiva feminista, interseccional y sostenible, que garantice derechos sin dejar a nadie atrás.