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Un reciente informe de Naciones Unidas advierte que la revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial (IA) podría profundizar las desigualdades sociales y económicas entre países, a menos que se adopte una gobernanza global inclusiva y centrada en los derechos humanos.
La inteligencia artificial amenaza con ampliar las brechas globales si no se regula con enfoque de Derechos Humanos

El documento, publicado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), señala que el desarrollo de la IA está en manos de una élite empresarial: apenas cien compañías, mayoritariamente localizadas en Estados Unidos y China, concentran el 40% de la inversión privada mundial en este sector. En contraste, 118 países, en su mayoría del Sur Global, permanecen al margen de los debates sobre las reglas que deberían guiar el uso ético y equitativo de esta tecnología.

“La concentración de poder en torno a la IA no es solo una cuestión económica, sino también una amenaza para la equidad global y los derechos fundamentales”, expresó Rebeca Grynspan, secretaria general de la UNCTAD. En su visión, la actual configuración del ecosistema de IA corre el riesgo de reforzar lógicas coloniales de exclusión tecnológica y de marginar aún más a los países sin infraestructura ni capacidad de negociación en las plataformas internacionales.

El informe subraya que, sin un marco común de gobernanza, la IA podría amplificar las brechas existentes: limitar el acceso a nuevas oportunidades laborales, profundizar la dependencia tecnológica y generar decisiones automatizadas sin transparencia ni control democrático, afectando especialmente a poblaciones vulnerables.

Un mercado de billones que puede dejar fuera a millones

Con proyecciones que estiman un mercado global de IA valorado en 4,8 billones de dólares para 2033 —equiparable al tamaño actual de la economía alemana—, la urgencia por establecer reglas del juego justas es más apremiante que nunca. De no intervenir a tiempo, el escenario podría consolidar una nueva geografía del poder digital donde solo unos pocos países y corporaciones acumulen los beneficios, mientras el resto lidia con las consecuencias.

El impacto laboral también es significativo: hasta el 40% de los empleos podrían verse afectados, especialmente en sectores donde la automatización reemplazaría tareas humanas. Si bien la IA tiene el potencial de generar nuevas industrias y formas de trabajo, su implementación sin enfoque de justicia social podría agravar la exclusión laboral en regiones donde el trabajo informal o la baja calificación son la norma.

Hacia una cooperación tecnológica solidaria

Frente a este panorama, la UNCTAD propone una hoja de ruta basada en la cooperación multilateral, la transparencia y la inclusión. Entre las recomendaciones, destaca la creación de un servicio global compartido que permita a todos los países acceder a recursos informáticos, datos y herramientas de IA. Asimismo, plantea desarrollar estándares públicos para garantizar la rendición de cuentas, inspirados en los marcos ESG (ambientales, sociales y de gobernanza).

El fortalecimiento de capacidades nacionales también es clave: invertir en infraestructuras digitales, acceso a datos diversos y formación en habilidades tecnológicas son pasos fundamentales para que los países en desarrollo puedan participar en igualdad de condiciones en la economía del futuro.

“La IA no debe ser un privilegio de unos pocos, sino una herramienta para el desarrollo humano global”, concluye el informe, que llama a poner en el centro de la innovación tecnológica a las personas y sus derechos.

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