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Un informe recientemente publicado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) denuncia que, actualmente, más de siete millones de niños refugiados no van a la escuela. Concretamente, el 20% de los refugiados vive en los 46 países menos desarrollados del mundo y más del 75% viven en naciones de renta baja y media, lo que hace que los más pobres soporten una carga desproporcionada de los costos de educación de los niños desplazados.
La escolarización de niños refugiados está en riesgo

El pasado viernes 8 de septiembre, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) publicó un informe que revela que en el mundo hay actualmente unos 14,8 millones de niñas y niños  refugiados en edad escolar y más de la mitad de ellos no recibe educación formal, con todos los perjuicios que esto implica para su futuro y el de sus sociedades. La investigación -elaborada con datos de 70 países receptores-, afirma que, al término de 2022, los niños refugiados en edad escolar aumentaron casi un 50% con respecto al año anterior, sobre todo a causa de la guerra en Ucrania. ACNUR estima que, del total de esos menores, más de siete millones, o el 51%, no están matriculados en la escuela.

Uno de los problemas más graves que destaca el estudio es que la cantidad de población desplazada continúa en aumento año tras año, y las estimaciones indican que la proporción de menores sin educación seguirá creciendo. El estudio señala que la inscripción de niños refugiados en los centros escolares varía según el nivel educativo de los países en que se encuentren, con una media de 38% de esos menores matriculado en nivel preescolar, 65% en primaria, 41% en secundaria y apenas 6% en terciaria. Además, muestra que en las naciones de renta baja la diferencia entre las tasas inscripción de niños refugiados y no refugiados es muy marcada, con muchos menos refugiados yendo a la escuela.

El Alto Comisionado para los Refugiados, Filippo Grandi, refirió que cuanto más se avanza en la escala educativa es más pronunciad la disminución de las cifras debido a que las oportunidades de estudiar en el nivel secundario y terciario son limitadas. En este sentido, subrayó que hacen falta sistemas educativos inclusivos que brinden a los refugiados el mismo acceso y derechos que a los estudiantes del país de acogida.

Doble injusticia: los más pobres llevan la mayor carga

La falta de derechos para algunas poblaciones es el paisaje cotidiano. ACNUR explica que el 20% de los refugiados vive en los 46 países menos desarrollados del mundo y que más del 75% se encuentra en países de ingresos bajos y medios, lo que hace que los costos de educar a los niños desplazados recaigan desproporcionadamente sobre los más pobres. A este respecto, Grandi argumentó que los países que acogen refugiados precisan de un apoyo predecible y plurianual de instituciones financieras globales y regionales, países de renta alta y sector privado. 

Entre los avances globales en la esfera de la educación de los niños refugiados, ACNUR reporta estar muy cerca de la paridad de género entre menores que están matriculados en escuelas de los países de acogida. También enfatiza que los exámenes nacionales de que los estudiantes refugiados despuntan cuando se les brinda acceso a una educación de calidad.  El informe hace hincapié en que si los niños refugiados se quedan atrás, no se alcanzará el Objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos, y plantea que, en cambio, cuando tienen acceso a la educación pueden prosperar en beneficio de sí mismos y de los países de origen y acogida.

Asimismo, la investigación de ACNUR dedica gran parte a destacar el potencial de los refugiados en edad escolar cuando se les garantiza su acceso a la educación. Para ello, incluye los casos de tres estudiantes refugiados sobresalientes en Afganistán, Iraq y Sudán del Sur. Además, en apartado dedicado a América, el estudio detalla que a finales de 2022 había más de 700.000 refugiados y 5,3 millones más de personas que necesitaban protección, la mayoría de ellos eran venezolanos que se encontraban en distintos países. 

Colombia (2,5 millones), Perú (976.400) y Ecuador (555.400) eran los países con el mayor número de migrantes en la región. Según el organismo de la ONU, las tasas de inscripción escolar de los niños refugiados y migrantes en el continente es baja y disminuyen en el paso de la escuela primaria a la secundaria. Asimismo, las diferencias entre los estudiantes nacionales y los refugiados son grandes.

Finalmente, para apoyar la educación de los niños refugiados, ACNUR delinea cuatro puntos en los que los donantes, la sociedad civil, los países anfitriones y otros actores pueden trabajar juntos:

  1. Mejorar el acceso a la educación y el aprendizaje para los niños y jóvenes afectados por crisis
  2. Construir sistemas educativos resilientes a las crisis
  3. Incorporar a las políticas y programas nacionales los programas e intervenciones que hayan probado ser eficientes, y ampliarlos para alcanzar a todos los niños refugiados
  4. Mantener y aumentar el financiamiento externo, garantizar que llegue a todos los estudiantes de manera equitativa y que se integre a las prioridades de los planes nacionales de educación

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