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Según dos informes de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) publicados recientemente, el aumento de la eficiencia de la producción circular ha reducido algunos impactos ambientales, pero por sí solo es improbable que el consumo europeo alcance un nivel sostenible. Para ello, los expertos advierten que será necesaria una transformación más profunda de las pautas de consumo.
Se necesita más economía circular para que el consumo europeo sea (realmente) sostenible

El consumo insostenible en el mundo entero es uno de los principales motores del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. Para hacerle frente a estas lógicas de consumo perjudiciales para la salud del planeta y las personas, la economía circular se presenta como una gran aliada.

Los informes de la AEMA "Presiones medioambientales y climáticas derivadas del consumo doméstico en Europa" y "Condiciones y vías para un consumo sostenible y circular en Europa" analizan la evolución de los volúmenes de consumo en Europa y estudian las oportunidades para hacer que este sea más circular y sostenible.

Antes que anda, es preciso aclarar que la economía circular y el consumo sostenible son dos conceptos interrelacionados que se centran en minimizar el desperdicio y maximizar la eficiencia de los recursos en la producción y el consumo. La economía circular se basa en el principio de que los productos y los materiales deben mantenerse en uso durante el mayor tiempo posible. En lugar de seguir un modelo lineal de producción, uso y eliminación (conocido como economía lineal), la economía circular promueve la reutilización, el reciclaje y la regeneración de los productos y materiales.

En el contexto de la economía circular, se fomenta la reutilización de productos y materiales a través de estrategias como el alquiler, el intercambio y la reparación. Cuando un producto alcanza el final de su vida útil, se busca reciclarlo de manera eficiente para obtener nuevos materiales o energía. Además, se fomenta la regeneración de los recursos naturales utilizados en la producción, como la reforestación o la restauración de ecosistemas.

Por su parte, el consumo sostenible es un componente clave de la economía circular. Se refiere a la adquisición y uso de bienes y servicios de manera responsable, teniendo en cuenta los impactos ambientales, sociales y económicos a lo largo de su ciclo de vida. Esto implica tomar decisiones informadas y conscientes al comprar productos, considerando su durabilidad, eficiencia energética, impacto ambiental, origen de los materiales y condiciones laborales en su producción.

Si bien en la Unión Europea ha habido importantes esfuerzos para modificar los patrones de consumo insostenibles, lo cierto es que no ha sido suficiente. El análisis de la AEMA muestra que la mayoría de las presiones medioambientales derivadas del consumo de los hogares en Europa no han cambiado significativamente de 2000 a 2019: las emisiones de gases de efecto invernadero y de contaminantes atmosféricos disminuyeron, pero el uso de la tierra, los materiales y el agua aumentó o se mantuvo relativamente estable. En el mismo periodo, el consumo de los hogares en la UE aumentó un 26%, y aproximadamente tres cuartas partes del gasto se destinaron a alimentación, vivienda y servicios.

En este contexto, el informe de la AEMA destaca que las actuales tendencias de consumo en Europa no son sostenibles, ya que el aumento de la eficiencia en la cadena de valor de la producción no parece ser suficiente para compensar a largo plazo los crecientes niveles de consumo. Además, muchos ecosistemas ya están sometidos a una presión que supera su capacidad de regeneración.

Según el informe de la AEMA sobre las condiciones y vías para un consumo sostenible y circular en Europa, avanzar hacia una economía más circular en Europa, con más reutilización, menos residuos y más consideración por la biodiversidad, puede reducir considerablemente los impactos negativos de nuestro consumo. Para ello se necesitan políticas firmes, nuevos modelos empresariales y cambios en las pautas de consumo.

Más concretamente, la publicación señala que la reducción de las presiones y los impactos puede lograrse cambiando el consumo hacia productos y servicios que utilicen menos materiales o recursos renovables y reciclados; consumiendo menos mediante, por ejemplo, una mayor vida útil de los productos o modelos de uso compartido que puedan reducir la demanda de nuevos productos; y ampliando el diseño de productos circulares que permitan un uso más prolongado y una reparación, reutilización y reciclado más sencillos.

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