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El último número de Panorama Social, publicación editada por Funcas, devela que la opinión pública española se muestra favorable a las energías renovables, pero siempre que sean baratas, quede asegurado el suministro y pueda mantenerse el nivel de vida. El informe bajo el título “Energía y sociedad: perspectivas sobre la transición energética en tiempo de crisis” busca contribuir al debate público español para que se tengan en cuenta perspectivas ignoradas, como la opinión y el comportamiento de la ciudadanía. El documento concluye que la transición energética avanza sin que en las sociedades europeas se hayan debatido suficientemente sus implicaciones de orden técnico y económico ni su impacto en los modos de vida.
Transición energética sí, pero, ¿a qué costo?

Es casi total el consenso en Europa en torno a la necesidad de avanzar hacia la transición energética. Sin embargo, lo que no está tan claro es cómo será la transformación energética y que implicará concretamente en la vida cotidiana de las y los ciudadanos. El último número de Panorama Social, publicación editada por Funcas, está dedicado a la transición energética y busca abonar el debate público español para que se tengan en cuenta perspectivas ignoradas, como la opinión y el comportamiento de la ciudadanía, a la que afectan crucialmente las decisiones en esta materia. Bajo el título Energía y sociedad: perspectivas sobre la transición energética en tiempo de crisis, el  monográfico señala que una de las principales resistencias que pueden presentar las y los ciudadanos a la transición a las renovables intermitentes (eólica, solar) se refiere al coste.

Es evidente que la transición energética, independientemente de la velocidad a la que se lleve a cabo, no solo comportará cambios sustanciales en la producción de la energía y en sus usos, sino también en el orden socioeconómico.  El informe de Funcas devela que  el consenso social acerca de la necesidad de una transición hacia una sociedad mucho más descarbonizada es amplio, no hay acuerdo, ni en España ni a escala global, sobre cómo debe llevarse a cabo. El compromiso medioambiental ha aumentado en el último tiempo y la evidencia científica ha contribuido a la toma de consciencia. Empero, los intereses económicos siguen siendo más fuertes y si avanzar hacia energías más limpias implica un alto costo, muchas personas no están dispuestas a hacerlo, menos aún en el contexto de crisis económica actual que atraviesa España.

De este modo, la investigación deja en claro que lo económico es un factor determinante. Juan Carlos Rodríguez, coordinador del número, explica en su artículo que, según muestran las encuestas internacionales, las conductas medioambientales más frecuentes entre los europeos son las que conllevan muy pocos costes y que la disposición a asumir costes extra por una electricidad renovable es escasa. Es decir, el público se muestra muy favorable a las energías renovables, pero siempre que sean baratas o muy baratas, y con unas preferencias que resaltan la seguridad del suministro energético, el cuidado del medio ambiente y el mantenimiento del nivel de vida. Es importante destacar que existe un prejuicio generalizado acerca de que la transición hacia energías renovables es cara, lo cual no es real en todos los casos. La falta de información es un problema grave que entorpece el avance rumbo hacia el desarrollo sostenible.

La publicación de Funcas expone con claridad que la ciudadanía europea tiene un gran interés en ser neutral en carbono, con las tecnologías actuales, se requerirán cambios muy sustanciales en muchos ámbitos de la vida cotidiana, desde el transporte hasta la vivienda, pasando por la alimentación y esto no está el todo claro cómo sería ni qué implicaría. Así lo afirma Eric Heymann, según el cual no cabe imaginar una transición energética sin ganadores o perdedores y, probablemente, sin que, al menos durante un tiempo, se resienta la prosperidad. De ahí que la transición acelerada a la neutralidad climática, si es real y efectiva, afrontará resistencias políticas dentro de cada sociedad y conflictos por el reparto de costes entre unos y otros países miembros de la Unión Europa. El autor considera asimismo que en el debate público europeo no se han puesto suficientemente de relieve las implicaciones técnicas, económicas o de cambio de vida de los ciudadanos que trae consigo la transición energética.

Por su parte, otra de las conclusiones que se desprende de la investigación es que una reticencia más que está aflorando a la hora de transitar hacia una economía “climáticamente neutral” es la relativa al papel que desempeñarán ciertas fuentes de energía, como la nuclear. Al respecto,  Josep Espluga y Albert Presas  analizan diversas encuestas internacionales que les permite distinguir patrones diferentes en el rechazo o la aceptación de la energía nuclear en la población, condicionados por factores político-institucionales y socioculturales de los países. Los autores afirman que la solución nuclear resultará socialmente más aceptable en aquellos países en los que la población tenga una mayor confianza en las instituciones (públicas y privadas), algo relacionado con la existencia de unas normas claras, la percepción de justicia en los comportamientos de empresas e instituciones, la transparencia en la toma de decisiones y la capacidad de articular diferentes intereses, entre ellos los de la población afectada.

La transición ecológica en el actual escenario de crisis energética es tan necesaria como urgente. Avanzar en la definición de cómo será este proceso de cambio es el gran desafío que tenemos por delante. El momento de actuar es ahora.

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