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La crisis alimentaria del continente africano causado por las fuertes sequías producto de la emergencia climática global, se ha exacerbado por la guerra en Ucrania y está disparando los precios de los alimentos. La inflación alimentaria ha alcanzado niveles impensados, alcanzando el 44 % en Etiopía, casi cinco veces el promedio mundial. En este contexto, Oxfam Intermón ha emitido un comunicado en el cual denuncia que el aumento de la riqueza de los milmillonarios vinculados al negocio de la alimentación ha sido exponencial. Concretamente, se estima que menos de dos semanas de los beneficios económicos de dichos empresarios serían más que suficientes para responder a la crisis del hambre en toda África Oriental ¿Seguiremos avalando el negocio del hambre?

La inflación a causa de la guerra en Ucrania ha afectado al mundo entero. Sin embargo, el impacto de esta situación ha sido muy diferentes en cada país. Concretamente, en el continente africano ha golpeado con gran fuerza. La ONG Oxfam Intermón ha emitido un comunicado en el cual estima que una persona muere cada 48 segundos solo en Etiopía, Kenia y Somalia, donde la peor sequía en décadas se ve exacerbada por la invasión rusa y está disparando los precios de los alimentos.

El problema no acaba sólo en el hambre de la gente. Más grave aún es que el hambre de millones de personas es el beneficio de unos pocos. La ONG denuncia que los multimillonarios de sector de la alimentación han aumentado su riqueza colectiva en 382.000 millones de dólares desde 2020. Haciendo una proyección, se presume que menos de dos semanas de los beneficios de estos empresarios serían más que suficientes para financiar la totalidad del llamamiento de la ONU de 6.200 millones de dólares para África Oriental, que actualmente está financiado apenas en un 16 %. Los datos sobre la riqueza de los multimillonarios de la alimentación y la agricultura se extrajeron del informe Profiting from Pain de Oxfam Intermón y corresponden al período de marzo de 2020 a marzo de 2022. Según estos datos se estima que el aumento de dos semanas en la riqueza de los multimillonarios de la alimentación correspondería a 7300 millones de dólares.Al respecto,  Hanna Saarinen, responsable de política alimentaria en Oxfam Intermón afirmó: “Se está acaparando una cantidad monstruosa de riqueza en la parte superior de las cadenas de suministro de alimentos a nivel mundial. Mientras que el aumento de los precios de los alimentos contribuye a una catástrofe creciente que está dejando a millones de personas sin poder alimentarse. Los líderes mundiales se encaminan como sonámbulos hacia un desastre humanitario”.

La situación en el continente africano es crítica. El equipo de expertos de Oxfam explica que las personas que habitan en África oriental gastan hasta el 60 % de sus ingresos en alimentos, y la región depende excesivamente de los alimentos básicos importados. Por ejemplo, los alimentos y las bebidas representan el 54 % del IPC en Etiopía, en comparación con solo el 11,6 % en el Reino Unido. Mientras que muchas personas en los países ricos están luchando con el aumento de los precios al consumidor, en los países de África Oriental se enfrentan directamente al hambre y la indigencia.

Los precios han aumentado en muchos países del mundo en los cuales la inflación era un fenómeno casi desconocido. Sin embargo, el aumento que supuso para algunos países de Europa, lejos está de asemejarse al impacto en áfrica. Los precios mundiales de los alimentos han alcanzado su máximo en 50 años y ahora hay 828 millones de personas en todo el mundo que pasan hambre, 150 millones más que al comienzo de la pandemia de COVID. Incluso dentro de economías avanzadas como EEUU, el 20 % más pobre de la población se ve obligado a gastar cuatro veces más en alimentos que el 20 % más rico. El comunicado advierte que en Somalia, los precios del maíz eran seis veces más altos (78 %) que los precios mundiales (12,9 %) en mayo de 2022 con respecto al año anterior. En algunas regiones, el gasto de la canasta mínima de alimentos se ha disparado más del 160% en comparación con el año pasado. El costo de un kilo de sorgo, un alimento básico, fue más de un 240% más alto que el promedio de los últimos cinco años.

Por su parte, en Etiopía, la inflación de alimentos se ha disparado un 43,9% desde el año pasado. Los precios de los cereales aumentaron un 70% de enero a mayo de este año, más del doble del aumento mundial. Siguiendo este mismo patrón, en Kenia, el precio de la harina de maíz, principal alimento básico, se duplicó en siete meses y aumentó un 50% en solo un mes (entre junio y julio de 2022). El aumento de los precios de los alimentos y la energía aumentará la pobreza en un 2,5 %, empujando a alrededor de 1,4 millones de personas a la pobreza extrema. Finalmente, en Sudán del Sur, los precios de los cereales en mayo triplicaron sus niveles de un año antes, mientras que el precio del pan se ha duplicado desde el año pasado. El precio medio de los cereales ha sido superior al 30% de la media de los últimos cinco años y en la aldea de Bundunbuto, Puntlandia (Somalia) el poder adquisitivo de las familias se ha reducido a la mitad en comparación con hace dos meses, lo que significa que cuando solían comprar 25 kg de arroz y azúcar, ahora solo pueden comprar 12,5 kg al mes.

La guerra sigue mostrando su lado más cruel. El hambre tiene rostros. El dolor de un pueblo entero ante la injusticia más terrible. Shamis Jama Elmi  tiene 38 años, madre de una familia de ocho, se mudó de Barate al campo de personas desplazadas de Docoloha en 2017 debido a la sequía. Cuenta que con la asistencia en efectivo de 60 dólares que recibe cada mes de Oxfam Intermón solo puede comprar 12 kg de harina, arroz y azúcar para mantener a su familia durante medio mes. “Comemos una vez al día y solíamos comer 3 veces al día. Solo comemos arroz con sal”.

Pero no se trata de un problema sin solución. Más bien todo lo contrario: para acabar con las causas profundas del hambre, los gobiernos deben regular mejor los mercados de alimentos y garantizar reglas de comercio internacional más flexibles a favor de las personas consumidoras, trabajadoras y agricultoras más vulnerables del mundo. Los gobiernos y los donantes deben apoyar a la pequeña agricultura, que en Asia y el África subsahariana proporcionan más del 70 % del suministro de alimentos. En palabras de Hanna Saarinen, “Este sistema alimentario global en esencia roto -que es explotador, extractivo, mal regulado y en gran parte en manos de grandes agronegocios- se está volviendo insostenible para las personas y el planeta y está empujando a la inanición a millones, en África Oriental y en todo el mundo”. Y agregó:  “Necesitamos un nuevo sistema alimentario mundial para acabar realmente con el hambre; un sistema que funcione para todos. Los gobiernos pueden y deben movilizar suficientes recursos para prevenir el sufrimiento humano. Una buena opción sería gravar a los súper ricos que han visto dispararse su riqueza a niveles récord durante los últimos dos años”.

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