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La respuesta es no necesariamente. Los efectos que la guerra entre Rusia y Ucrania está provocando a nivel global son innegables. En un mundo globalizado como el actual, cualquier transformación altera el orden. En este sentido, casi todas las economías se han visto afectadas y la gran pregunta ronda en torno a qué sucederá con la cuestión energética y, por ende, climática. John Letzing, Editor Digital del Foro Económico Mundial sostiene que la invasión rusa en Ucrania no tiene por qué obstaculizar el progreso climático. Entre otras razones, el experto advierte que un aspecto positivo que puede desprenderse de la situación energética actual es que esta puede agudizar el interés por abandonar los combustibles fósiles, independientemente de su procedencia.
¿Puede la invasión rusa detener el progreso mundial en materia climática?

En medio de un escenario complejo atravesado por los efectos de la post- pandemia, sumado al avance del cambio climático comenzó la invasión rusa en Ucrania. Un conflicto bélico en el que, como en toda guerra, todos somos perdedores. Muertes, destrucción, migraciones forzadas, violación de Derechos Humanos, y la lista podría continuar, a la cual se le suma la crisis energética.

El nuevo informe del IPCC de la ONU sobre la mitigación del cambio climático, publicado recientemente, afirma que es necesario reducir de forma inmediata y profunda las emisiones para limitar el calentamiento global, además de volver a eliminar el dióxido de carbono del aire en el futuro. Mientras tanto, los gobiernos del mundo instan a las empresas de combustibles fósiles a perforar más petróleo y gas lo más rápido posible para compensar las sanciones a Rusia. ¿Qué está pasando? ¿La invasión rusa de Ucrania facilita o dificulta la detención del cambio climático? La respuesta depende en gran medida de cómo se plantee el problema.

Muchos países no quieren seguir comprando los combustibles fósiles de Rusia tras su invasión de Ucrania, sin embargo, Letzing sostiene que es preciso recordar que las crisis energéticas anteriores condujeron a esfuerzos climáticos constructivos. La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha provocado que se intente aislar de forma punitiva al tercer mayor productor de petróleo del mundo, lo cual, según como se encare puede ser una amenaza para los avances climáticos realizados hasta la fecha.

Por un lado, el experto relata que, en EE.UU., donde los legisladores aprobaron una prohibición del petróleo ruso, el aumento de los precios del gas tras la invasión ha estimulado las peticiones de más perforaciones y puede hacer que disminuya el enfoque climático recientemente revitalizado. Por su parte, Alemania está poniendo en marcha viejas centrales eléctricas de carbón, y la República Checa espera depender del carbón más tiempo del previsto. El Reino Unido pretende ampliar las prospecciones de petróleo y gas de una forma que puede "hacer saltar por los aires" su objetivo de emisiones netas cero.  En esta misma línea, Goldman Sachs afirma que se está produciendo un "reinicio global" del gasto energético, tras años de descenso de la inversión en combustibles fósiles.

Sin embargo, al mismo tiempo que el estigma de los combustibles fósiles de Rusia estimula el interés por extraer más del suelo en otros lugares, el informe de la ONU sobre la disminución de las oportunidades para contrarrestar el cambio climático genera titulares contradictorios, y una sensación de disonancia cognitiva. Uno de los escasos aspectos positivos del informe es el reconocimiento de que algunos países han conseguido reducir de forma sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero en los últimos años. Pero muchos lugares, especialmente en Europa, se encuentran ahora en un aprieto debido a su gran dependencia del petróleo y el gas natural rusos. Deben mantener la luz de alguna manera sin socavar seriamente su capacidad de adaptación a un planeta que pide a gritos que detengamos el calentamiento global.

Pese a los pronósticos poco alentadores, el referente del Foro Económico Mundial afirma que, en última instancia, la situación actual puede agudizar el interés de los países por abandonar los combustibles fósiles, independientemente de su procedencia. Aunque Goldman Sachs afirma que el gasto en la producción de hidrocarburos aumentará, también dice que la inversión en energía renovable crecerá en paralelo. Mientras tanto, las empresas responsables de la mayor parte de las emisiones mundiales de dióxido de carbono pueden aprovechar los altos precios del petróleo para hacer otras cosas que no sean perforar para obtener más combustibles fósiles, por ejemplo, utilizando los ingresos extraordinarios correspondientes para financiar la eliminación del dióxido de carbono de la atmósfera.

Según el concepto de "responsabilidad de los emisores" adoptado por el IPCC -y, por tanto, por casi todos los demás, incluidos los gobiernos y las empresas del mundo-, el cambio climático significa que los emisores deben reducir "sus" emisiones. Los vendedores de los productos que causan esas emisiones son meros espectadores. Bajo este marco, un período de precios altos de los combustibles fósiles que puede ser inaugurado por la invasión rusa tiene implicaciones mixtas. Por un lado, el aumento de los precios y la nueva conciencia de los riesgos geopolíticos de depender de los combustibles fósiles importados aumentarán los incentivos para invertir en alternativas como la energía renovable o nuclear.

Por otro lado, el aumento de los costes y de la inflación ejerce presión sobre la financiación pública y privada disponible para la transición, y desencadena una prisa por aumentar las subvenciones a los consumidores de combustibles fósiles (supuestamente en vías de extinción tras el pacto climático de Glasgow) e invertir en la producción e infraestructuras de combustibles fósiles no rusas.

Es preciso recordar que las anteriores crisis de los precios de la energía estimularon la adopción de medidas progresistas y respetuosas con el clima. John Letzing resalta que cuando los países árabes productores de petróleo empezaron a limitar la producción en 1973 -también como consecuencia del estallido de la guerra-, los precios casi se cuadruplicaron y provocaron escasez y largas colas en las gasolineras. Otra subida de precios en 1979 tuvo repercusiones similares. En Europa, esto despertó el interés por fuentes de energía "exóticas" como el viento y la "energía de la luz solar". Francia empezó a construir una capacidad de energía nuclear que ahora genera el 70% de su electricidad.

Partiendo de estos antecedentes, el experto se muestra optimista al afirmar que existe un vínculo estrecho entre el conflicto bélico y la gran oportunidad de, lejos de detener la trasformación climática, acelerarla.  Sin dudas, dependerá de las medidas que se tomen en los próximos meses y en la capacidad de las administraciones de optar por medidas resilientes y salir fortalecidos de esta crisis.

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