La crisis sistémica que se generó tras la pandemia es un problema global y, por tanto, su solución también debe serlo. El modo de afrontar la recomposición de las economías y los sistemas políticos no puede obviar una mirada integral e internacional. En este sentido, Axel van Trotsenburg, Director gerente de Operaciones del Banco Mundial, publicó un comunicado en el cual detalla la importancia de poner en el centro de la recuperación mundial a la solidaridad para una recuperación justa y sostenible que no deje a nadie atrás. Asimismo, explica el paquete de financiamiento para los países más pobres que otorgará el Banco Mundial durante los próximos tres años a partir de julio.
Sin solidaridad no habrá recuperación

El coronavirus se expandió de manera impensada en tiempo record en el mundo entero. Los efectos de la globalización no tardaron en notarse y, contra todo pronóstico, el virus se propagó velozmente. Así también lo hizo la crisis política y económica que vino después. Hoy, a más de dos años del comienzo de la pandemia, es momento de la recuperación. Los esfuerzos de las administraciones nacionales están enfocados en recomponer el tejido social roto y reactivar las economías lo más rápido posible. Sin embargo, es preciso recordar que se trata de una crisis global y, por tanto, su solución también debe ser pensada de manera global. La solidaridad tiene que ser la bandera de este momento histórico. En esta línea, hace unas semanas, la comunidad internacional acordó un paquete de financiamiento sin precedentes por un monto de USD 93 000 millones para los países más pobres del mundo.  Este apoyo se entregará a través de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) del Banco Mundial durante los próximos tres años, a partir de julio.

La situación del mundo entero es grave. Hoy, 100 millones de personas más han caído en la pobreza extrema en todo el mundo y el momento de actuar es ahora. Axel van Trotsenburg, Director gerente de Operaciones del Banco Mundial, publicó un comunicado en el cual explica que se trata de la vigésima reposición de recursos de la AIF y es, por lejos, la más cuantiosa en los 61 años de historia de la institución y detalla cuatro características que explican porque la AIF es el fondo de preferencia en el ámbito internacional para este tipo de financiamientos. En primer lugar, van Trotsenburg sostiene que la AIF tiene un modelo de financiamiento único cuya base es la solidaridad. Se trata de una amplia coalición de países de ingreso alto y mediano de todo el mundo que se comprometió a aportar USD 23 500 millones. La AIF utiliza un modelo de movilización de financiamiento único que combina las promesas de los donantes con los fondos que recauda en los mercados de capital, junto con los reembolsos y los recursos propios del Grupo Banco Mundial. Esto significa que cada dólar que contribuyen los donantes se transformará en casi USD 4 en financiamiento de la AIF para los países más pobres. 

En segundo lugar, Director gerente de Operaciones del Banco Mundial, argumenta que la AIF proporciona asistencia integral a gran escala.  Es decir, a lo largo del tiempo, la AIF ha sido sistemáticamente un custodio extraordinario del dinero de los contribuyentes. Proporciona recursos flexibles en condiciones concesionarias a los 74 países más pobres, con el objetivo de llegar al mayor número posible de personas y lograr un impacto para los pobres y vulnerables. De este modo, en el marco de cada reposición, los países prestatarios y donantes examinan de nuevo los aspectos en los que la AIF está marcando una diferencia y analizan de qué manera la institución puede hacer más. El apoyo de la AIF ha sido fundamental durante la crisis de la COVID-19. Este es el tercer aspecto que señala el mandatario como clave. Al respecto, dirá que la AIF ayuda a los países más pobres del mundo a enfrentar las crisis, mitigar los impactos en los segmentos de la población más pobres y vulnerables y ayuda a crear resiliencia. Este tipo de apoyo es indispensable ahora, tanto cuando los países abordan los retrocesos en el desarrollo provocados por la COVID-19 como cuando sientan las bases para una recuperación más ecológica, inclusiva y resiliente.

Por último, el representante del Banco Mundial analiza que el cuarto aspecto clave es que, incluso durante una crisis, la AIF respalda objetivos a largo plazo. Las virtudes de la AIF se derivan de su visión de desarrollo a largo plazo y sus resultados constantes para ayudar a los países a alcanzar sus objetivos. Si bien la necesidad más inmediata durante la COVID-19 ha sido salvar vidas, el apoyo de la AIF también ha ayudado a ampliar las redes de protección social, preservar el empleo y las empresas y acelerar la planificación para volver a la senda de crecimiento sostenible.  Evidentemente, la cooperación, la ayuda mutua y la solidaridad deberán marcar el rumbo de la recuperación. El paquete de apoyo por un monto de USD 93.000 millones implicará que, a medida que los países se recuperen de la COVID-19, la AIF les ayudará a recuperar el terreno perdido en educación, salud y otros sectores fundamentales para el progreso a largo plazo. El objetivo es lograr contribuir a que millones de personas logren atravesar la post pandemia, creciendo de manera más inclusiva y sostenible.

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