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Los instrumentos de financiación relacionados con el medioambiente, las energías verdes, y proyectos sociales o de crecimiento inclusivo están ganando cada vez más terreno en España y el mundo entero. Gobiernos y organizaciones financieras y no financieras apuestan por la llamada financiación sostenible. Pero, sabemos exactamente ¿Qué es y cómo está regulada?; ¿Cuándo ha surgido? Con el objetivo de echar luz sobre esta temática, BBVA ha publicado un artículo a donde profundiza sobre algunos aspectos.
¿Es la financiación sostenible algo nuevo?

Las finanzas sostenibles ocupan un lugar central en la agenda del sector público y privado. Sin dudas, estas están ya marcando el rumbo empresarial y social y lo van a seguir haciendo durante los próximos años a un ritmo muy acelerado según afirman expertos de BBVA. Se trata de un cambio de paradigma en el mundo de las finanzas, una apuesta decidida por proyectos que apoyan la transición hacia un futuro más sostenible.

Pero, ciertamente ¿qué es la financiación sostenible? Aunque mucho se habla de este concepto, quizás no todos saben con precisión a que hace referencia. Para echar luz sobre esta temática, BBVA ha publicado recientemente un artículo a donde explica la definición y alcance del término. Se entiende por financiación sostenible la capacidad de una organización para captar recursos para sus actividades, en base a unos criterios no solo financieros sino también ambientales, sociales y de gobierno corporativo.  Ese tipo de financiación, afirma el artículo obliga a las instituciones y empresas a cumplir unos estándares sostenibles, es decir, podrá ser concedido a organizaciones, públicas o privadas, que atesoren principios y desempeños sólidos en materia ambiental y social; para empresas que quieran realizar una transición sostenible.

Aunque en los últimos años el concepto ha ido ganando cada vez más popularidad en España y el mundo entero, no se trata de un concepto nuevo. El inicio de la financiación sostenible data de la década de 1970, cuando las y los economistas comenzaron a ser conscientes de que el crecimiento económico y productivo constante no es posible y que conllevaba una serie de problemas ambientales.

La primera Conferencia Científica de las Naciones Unidas -también conocida como la Primera Cumbre para la Tierra- que se celebró en Estocolmo (Suecia) en 1972; la creación del marco de la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial (principios IFC, por sus siglas en inglés) para reducir el riesgo y el impacto negativo de la actividad empresarial en el medioambiente; los Principios de Ecuador de 2004 o las convenciones contra el cambio climático todos han sido acontecimientos importantes para llegar hasta hoy.

Marta Cuesta, coordinadora del Máster en Sostenibilidad y RSC IP del grupo de investigación FINRES de la UNED, destaca que el momento actual de descarbonización de la economía y conciencia sostenible es el más apropiado para que estos instrumentos y soluciones crezcan. La experta afirma que: “Ahora mismo hay un mercado muy grande de inversores que necesitan colocar su dinero de una forma más verde de lo que hacían antes. Y al mismo tiempo, hay muchas entidades bancarias que van a tener que demostrar en sus informes anuales y cuentas de resultados cuánta parte del crédito ha ido a proyectos que favorecen la descarbonización de la economía”.

La financiación puede llegar en forma de préstamos o de bonos. Los proyectos que pueden recibir financiación sostenible son aquellos cuyo fin es promover energías renovables, eficiencia energética, transporte limpio, entre otros en la parte medioambiental. “Pueden ser proyectos grandes y pequeños: desde empresas que busquen cambiar la instalación eléctrica por placas de energía solar hasta grandes proyectos”, explica Beatriz Fernández Olit, profesora de la Universidad de Alcalá y colaboradora de la organización Economistas sin Fronteras.

Otras financiaciones pueden también tener requisitos sociales, explica Fernández Olit, como el respeto escrupuloso a los derechos humanos en la construcción de infraestructuras, por poner un ejemplo. Este es un punto en el que la gran banca es muy activa, con BBVA a la cabeza desde que se adhiriera a los principios de Ecuador en 2004. El banco se convirtió así en la primera entidad financiera española que los firmó. En definitiva, la financiación sostenible y sus criterios están muy ligados hoy en día a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas.

El artículo explica que la regulación no se queda atrás en este proceso de cambio y crecimiento. Cabe destacar que el pasado julio de este año, la Comisión Europea publicó su estrategia renovada de finanzas sostenibles, definiendo nuevas acciones para fomentar la inversión privada en proyectos y actividades sostenibles, de cara a apoyar las diferentes acciones establecidas en el Pacto Verde Europeo y a gestionar e integrar los riesgos climáticos y medioambientales en el sistema financiero.

Asimismo, desde un punto de vista global, la Red para Enverdecer el Sistema Financiero (NGFS, por sus siglas en inglés: Network for Greening the Financial System) es un foro mundial de bancos centrales y supervisores que está trabajando en publicar guías para los bancos centrales, en estudiar si los activos verdes y el resto tienen diferente riesgo y en diseñar escenarios futuros climáticos. Por su parte, el Comité de Basilea está analizando si los riesgos climáticos pueden ser abordados por el marco prudencial bancario, incluyendo la regulación, la supervisión y la divulgación de información al mercado.

Finalmente, la publicación de BBVA analiza quién vigila la financiación sostenible. Al respecto, explica que, para la parte de financiación bancaria se encuentra la LMA, en sus siglas en inglés. La Loan Market Association establece los criterios que deben cumplir los préstamos sostenibles y vinculados a la sostenibilidad. En el caso de los bonos, una de las entidades que vigila que se cumpla una serie de criterios es la Asociación Internacional de Mercados de Capitales (ICMA, en sus siglas en inglés), que promueve una guía y una serie de principios para los bonos verdes y también ofrece guías para la emisión de bonos sociales y bonos asociados a la sostenibilidad.

Los principios de ICMA se resumen en estos campos o requisitos que tanto las organizaciones emisoras como los inversionistas deben cumplir:

  1. Uso de los fondos de los bonos. Exponer el proyecto en el que se van a utilizar los fondos.
  2. Proceso de evaluación y selección de proyectos. El emisor debe informar de cuáles son los objetivos de sostenibilidad ambiental del proyecto.
  3. Gestión de los fondos. En todo momento se debe informar del uso de fondos.
  4. Informes. Los emisores deben emitir un informe anual que debería incluir una lista de los proyectos a los que se han asignado los fondos del bono, así como una breve descripción de los proyectos y las cantidades asignadas, y su impacto esperado.

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