Con el paso de los meses, las secuelas de la pandemia se vuelven cada vez más patentes. Latinoamérica es una de las regiones más golpeadas por el coronavirus, tanto en el plano sanitario, como social. En este escenario, la falta de empleo de calidad se ha vuelto uno de los principales problemas. La Organización Internacional del Trabajo advierte que siete de cada diez nuevos trabajos son informales y no reponen los puestos perdidos durante la pandemia.
Desempleo, una problemática que crece tras la pandemia

Aunque lo peor de la pandemia ya pasó, con el pasar de los meses las problemáticas sociales, económicas y políticas han comenzado a aflorar. Latinoamérica ha sido una de las regiones más golpeadas y a done la crisis económica es una de las consecuencias más palpables del paso del coronavirus. En este escenario, la recuperación económica de la región en los últimos meses no se refleja en la creación de empleos.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertó en una nota técnica que el mercado laboral regional se caracteriza por una elevada tasa de desocupación y por un fuerte predominio de las ocupaciones informales, que copan alrededor del 70 % de los empleos creados desde mediados de 2020 hasta el primer trimestre de 2021. Es decir, siete de cada diez nuevos trabajos son informales y no reponen los puestos perdidos durante la pandemia.

El documento le pone cifras a la informalidad en Latinoamérica e indica que durante los tres primeros meses del año “alrededor del 76% de los trabajadores independientes, y algo más de un tercio de los asalariados” se encontraban en esta situación laboral. Al mismo tiempo, explica que, aunque todavía es “prematuro” asegurar que en la región se observa un proceso de informalización de los trabajos previamente formales. Vinícius Pinheiro, director de la OIT para América Latina y el Caribe, destacó que: “No se están generando ni la cantidad ni la calidad de los empleos que requiere esta región para hacer frente a las secuelas de una crisis sin precedentes. El panorama laboral es complejo y plantea desafíos de grandes magnitudes”.

Pinheiro explicó que los trabajos informales lideran la recuperación parcial del empleo y recordó que estas ocupaciones normalmente son “inestables, con bajos salarios y sin protección social ni derechos”. El responsable de la OIT para la región añadió que el estrecho vínculo entre tres factores: la informalidad laboral, los bajos ingresos y la desigualdad, “se ha hecho aún más evidente en este contexto”.

Por otra parte, el estudio también destaca que, a diferencia de otros momentos de inestabilidad, los empleos informales no aumentaron durante la crisis de la COVID-19, sino que las medidas que se tomaron para enfrentarla provocaron “un fuerte impacto en la destrucción de ocupaciones informales y la pérdida de ingresos de las personas que trabajaban en estas condiciones”.

En este sentido, los expertos del Organismo de Naciones Unidas añaden que, aparte de la informalidad, la región experimenta una recuperación insuficiente de los puestos de trabajo, e indica que la reducción de la ocupación durante los peores momentos de la pandemia, entre el primer y segundo trimestre de 2020, llegó a ser superior a los 43 millones de empleos.

Finalmente, cabe destacar que el documento hace especial hincapié en la baja participación en el empleo por parte de las mujeres. La nota técnica también resalta el alto impacto que ha provocado la contracción del empleo en las mujeres, los jóvenes y las personas con menores calificaciones. La autora del estudio, Roxana Maurizio, especialista en economía laboral de la OIT, destacó que “en el caso de las mujeres, se produjo un retroceso en la participación laboral después de décadas en las cuales se había registrado un aumento en su incorporación a la fuerza de trabajo. Hace más de 15 años que no se registraba una tasa tan baja de participación económica de las mujeres”.

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