La vicesecretaria general de Naciones Unidas, Amina Mohammed, explicó que frenar la crisis climática no sólo tiene que ver con el medioambiente, sino también con los Derechos Humanos de todas las personas.
Detener el aumento de la temperatura global, una cuestión de justicia climática

La crisis climática que asola al planeta en forma de incendios e inundaciones no perjudica por igual a las poblaciones más vulnerables de los países pobres y ricos. Si bien todos y todas estamos expuestos a los efectos del calentamiento global, lo cierto es que hay algunos países mejor preparados que otros para hacerle frente. Es por esto, que resulta esencial limitar el aumento de la temperatura global al objetivo acordado internacionalmente de 1,5ºc por encima de los niveles preindustriales,

La vicesecretaria general de Naciones Unidas, Amina Mohammed, durante su intervención en el Diálogo sobre la Aceleración de las Soluciones de Adaptación con Vistas a la COP26, señaló que los impactos climáticos en el planeta ya son visibles con un aumento de 1,2ºc, y que las naciones más vulnerables y menos responsables de la crisis climática experimentarán consecuencias todavía aún más devastadoras.

La injusticia es grande: los países más necesitados son los que menos acceso a la financiación climática tienen. Es por esto, que detener la emergencia climática es también un deber ético, la pronta inversión en adaptación y aumento de la resiliencia también presenta un claro argumento económico. Ante esta situación el Secretario General de la ONU ha pedido a los donantes y a los bancos multilaterales de desarrollo que asignen el 50% del total de la inversión pública para el clima a la adaptación y la resiliencia. Sin embargo, los países que precisan este apoyo siguen teniendo graves problemas para acceder a la financiación climática. 

Por lo cual, Mohammed destacó la importancia de simplificar las normas y facilitar el acceso a los países menos adelantados, los pequeños Estados insulares en desarrollo y otras naciones vulnerables, así como de acelerar las iniciativas, por ejemplo, con el Programa de Aceleración de la Adaptación en África.

“Los efectos repercutirán en las economías, las comunidades y los ecosistemas, borrando los logros del desarrollo, profundizando la pobreza, aumentando la migración y exacerbando las tensiones. Actuar ahora es una cuestión de justicia climática. Y nosotros tenemos las soluciones”, destacó la mandataria. Por ello, advirtió sobre la necesidad de tomar medidas valientes para lograr una economía global de emisiones de gases de efecto invernadero de valor cero para el año 2050 y no superar la barrera de los 1,5ºc.

Mohammed recordó que sólo el 21% de la financiación climática se destina a los esfuerzos de adaptación y que de los 70.000 millones de dólares que necesitan los países en desarrollo en ese concepto “solo se aporta una fracción”.Una cifra que solo aumentará con el tiempo ya que los costes de adaptación para el mundo en desarrollo podrían aumentar hasta 300.000 millones de dólares al año en 2030. Finalmente instó a los asistentes al evento a actuar con valentía ya que solo faltan 80 días para la celebración de la COP26, la conferencia anual de la ONU sobre el clima, que se celebrará en Glasgow en noviembre.

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