Esta región es especialmente vulnerable a los impactos del calentamiento global. Esto no sólo impacta en los daños medioambientales, sino que también de manera directa en la vida de las personas. Miles de personas se ven forzadas a dejarlo todo y huir de sus hogares a causa de esta problemática según informa La Organización Internacional para las Migraciones.
Las migraciones climáticas no cesan en Centroamérica

El cambio climático y las catástrofes definen las tendencias migratorias en Centroamérica. Miles de personas migran solos o en grandes grupos, y por múltiples razones: huyendo de la pobreza, la violencia, la discriminación y, cada vez más, para dejar atrás los desastres causados por fenómenos meteorológicos extremos que han devastado sus comunidades.

En estas latitudes, los efectos del cambio climático no dan tregua y las familias que deben separarse porque la vida no es posible en su tierra natal son cade vez más. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha realizado una investigación a partir de la cual afirma que, en los últimos años el número de migrantes por razones climáticas ha aumentado de manera exponencial.

La Organización Internacional para las Migraciones lleva décadas trabajando sobre los vínculos entre migración, medio ambiente y cambio climático. Esta agencia de la ONU ayuda a las personas y a los gobiernos a prepararse para los efectos adversos del cambio climático en la migración. También lleva a cabo programas de adaptación y mitigación del cambio climático, de reducción del riesgo de catástrofes y de estabilización comunitaria para ayudar a las personas a permanecer en sus hogares y evitar la migración forzosa

La OIM ha recopilado testimonios que muestran cómo la migración en todo el mundo se ve cada vez más afectada por las consecuencias de las inundaciones, huracanes y tormentas.  En definitiva, por el cambio climático, ya que tal y como exponía un informe publicado recientemente por Noticias ONU, América Latina y el Caribe será una de las regiones más afectadas por el calentamiento global.

La región centroamericana se ha caracterizado por ser especialmente vulnerable a los impactos del cambio ambiental y climático. En el Corredor Seco, un espacio árido que ocupa gran parte de Guatemala, Honduras y El Salvador, la agricultura de subsistencia se ve afectada regularmente por la sequía. Por ello, cuando se producen desastres repentinos, como los ocurridos en noviembre de 2020, superan la capacidad de resistencia de los hogares.

La publicación relata la historia de Marvin, Jenny y Carlos no se conocen, pero los tres son centroamericanos y están en Tijuana por la misma razón: lo perdieron todo a finales del año pasado como consecuencia de huracanes. Los tres están varados, expectantes, en una de las ciudades más transitadas de la frontera entre México y Estados Unidos. Desean poder pasar de alguna manera al otro lado y dejar atrás el momento de sus vidas en el que la naturaleza aniquiló sus propiedades y sus sueños.

Carlos vivía en una zona montañosa que no es especialmente propicia para la agricultura, pero solía plantar café, maíz y frijoles, cultivos básicos en Centroamérica. El relata que ocurrieron varias semanas de lluvias que provocaron que "nos quedáramos con las manos vacías" y que mucha gente acabara en la calle, sin trabajo, sin posibilidad de ganarse la vida. Sin opciones para mantener económicamente a su familia, por esto, pensó que la mejor opción era marcharse.

Jenny, por su parte, es hondureña, de una zona del departamento de Cortés llamada Bajos de Choloma. En 2020 trabajaba en una empresa de costura, pero debido a la pandemia del COVID-19 se quedó sin trabajo, como muchas otras personas.  La zona en la que vive está rodeada de "bordos" (presas de contención) que, durante las fuertes lluvias, como en esta ocasión, se rompen y desbordan provocando inundaciones y destrozos. Cuenta que la familia se salvó, pero perdió sus bienes.  Cuando regresó al pueblo, sus peores temores se hicieron realidad: "las casas se perdieron, el agua se llevó todo, todo, todo. Fue triste para nosotros volver y no encontrar nada después de tantos años de lucha por tener algo", dice.

Finalmente, la OIM cuenta la historia de Marvin, un agricultor de treinta años que emigró con su mujer, y sus dos hijos desde el departamento de Izabal en Guatemala. Lo que dejó atrás es una pesadilla.  En noviembre de 2020, los dos huracanes "Eta" e "Iota", de categoría 4 y 5 respectivamente en la escala Saffir-Simpson, devastaron la región y afectaron a siete millones de personas en diez países, entre ellos varios de Centroamérica, el Caribe y México. Guatemala fue uno de los países más afectados, junto con Honduras y Nicaragua, según la evaluación del impacto de los huracanes realizada por el Centro de Seguimiento de Desplazamientos de la Organización Internacional para las Migraciones. Además, "Eta" e "Iota" provocaron 1,7 millones de nuevos desplazamientos, especialmente en Nicaragua, Guatemala y Honduras, según ese Centro.

Como estas historias hay miles más. Vidas atravesadas por el dolor, el desarraigo y la incertidumbre. Las catástrofes naturales a causa del calentamiento global deben terminar. Los responsables políticos no pueden esperar más para tomar decisiones que resuelvan el problema de manera estructural. La justicia climática es también una cuestión de justicia social.

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