Ponerle precio al carbono puede contribuir a una recuperación resiliente, inclusiva y sostenible

Sin lugar a dudas, hemos hecho muchos esfuerzos por detener la pandemia, pero ¿también nos estamos esforzando por detener la emergencia climática? Aunque parezca exagerado, existen muchos puntos de coincidencia y paralelismos entre la crisis generada por el coronavirus y la provocada por el calentamiento global. Entre otras cosas, ninguna de las dos entiende de fronteras y tal como afirma Mari Elka Pangestu, Directora gerente de Políticas de Desarrollo y Alianzas del Banco Mundial: "necesitamos el mismo grado de compromiso y medidas transformadoras para detenerlas."

La emergencia climática ya está aquí y debemos actuar con igual celeridad que lo hemos hecho para contener la emergencia sanitaria. Nuestras vidas también están en juego. En esta lucha las emisiones de carbono son uno de los puntos a donde, indiscutidamente, hay que hacer foco. Es por esto, que Pangestu sostiene que ponerle precio al carbono puede contribuir a una recuperación resiliente, inclusiva y sostenible después de la pandemia. Asimismo, esto podría ayudar a los países a seguir un camino de crecimiento con bajas emisiones de carbono.

Si bien es cierto que no será tarea fácil, la buena noticia es que, a nivel mundial, ya hay un camino recorrido. A pesar de la crisis sanitaria mundial, en 2020 una alianza de países y corporaciones sin precedentes se comprometió a lograr el nivel de cero emisiones netas de carbono para 2050 como parte de una campaña de Naciones Unidas. Estos compromisos abarcan actualmente al menos el 68 % de la economía mundial, el 56 % de la población mundial y el 61 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Efectivamente se trata de un buen comienzo, pero ahora la tarea consiste en movilizar este aumento del compromiso y traducirlo en medidas concretas que sean transformadoras.

La fijación de precio al carbono no es una idea nueva. Por el contrario, en muchas latitudes esta política ya es un hecho. Según datos relevados por el Banco Mundial, en los últimos diez años, el número de jurisdicciones nacionales con sistemas explícitos de fijación de precio al carbono prácticamente se ha triplicado. En conjunto, dichos sistemas fijan el valor de alrededor de la cuarta parte de las emisiones mundiales de carbono. Sin embargo, los niveles actuales están lejos de alcanzar los objetivos climáticos nacionales e internacionales. 

Referentes del Banco Mundial sostienen que la fijación del precio del carbono suele enfrentar desafíos políticos, y se estima que el precio explícito actual del mismo en la economía mundial es de solo USD 2 por cada tonelada de dióxido de carbono (CO2).  En 2017, la Comisión Stern/Stiglitz sobre los Precios del Carbono concluyó que para alcanzar las metas del Acuerdo de París de manera eficaz en función de los costos los precios del carbono deberían subir a entre USD 50 y USD 100 por tonelada de CO2 a más tardar en 2030.

Para contribuir con esta situación, la Alianza de Preparación para los Mercados de Carbono  impulsada por el Banco Mundial ayudó a 23 países a introducir la fijación del precio; su sucesora, la Alianza para la Implementación de los Mercados de Carbono , se está preparando para brindar apoyo a más de 30 países. Por su parte, la Alianza de Líderes sobre la Fijación del Precio del Carbono (CPLC) brinda una poderosa plataforma para convocar al sector privado, los Gobiernos y la sociedad civil en torno a la fijación del precio del carbono con el fin de aprovechar la colaboración entre los sectores público y privado para promover la acción climática y lograr el desarrollo sostenible.

A pesar de haber sido un año por demás complejo el 2020, la CPLC ha involucrado a las partes interesadas a través de diálogos de alto nivel y talleres regionales en Asia, Oriente Medio, África y América con el fin de analizar de qué manera la fijación del precio del CO2 puede contribuir a las estrategias de recuperación sostenible, al aumento de las contribuciones determinadas a nivel nacional y a lograr cero emisiones netas.

Tenemos el conocimiento científico y los recursos técnicos y económicos para desarrollar estrategias para detener la emergencia climática a partir de la reducción de las emisiones de CO2. El proceso de descarbonización está en marcha. La recuperación verde es una solución doblemente beneficiosa que puede generar inversiones sumamente necesarias para facilitar la transición a una economía con bajas emisiones de carbono y un futuro sin emisiones netas,  pero para lograr esta tan ansiada recuperación inclusiva y resiliente, en palabras de la Directora gerente de Políticas de Desarrollo y Alianzas del Banco Mundial :  “es preciso adoptar muchas más medidas a mayor escala”.

El cambio depende de nosotros. Para detener la inminente crisis medioambiental resulta urgente que las autoridades incorporen la fijación de precio del carbono en la toma de decisiones económicas, al tiempo que adopten medidas a corto y mediano plazo para así aspirar a un futuro con cero emisiones netas.

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