Con financiamiento de la Municipalidad de Madrid, ONU Mujeres está trabajando junto al gobierno provincial de Azuay (Ecuador) para mejorar la resiliencia de las comunidades de dicha región a través de una intervención integral que incluye la producción agrícola sostenible liderada por mujeres. El proyecto también busca deshacer estereotipos de género y empoderar a las mujeres para que contribuyan a los procesos de toma de decisiones en sus propias comunidades.
Mujeres campesinas restauran un ecosistema ante la crisis climática

Son muchas las amenazas que se ciernen sobre el ecosistema del páramo ecuatoriano en los Andes: la expansión de la frontera agrícola, la desertificación y el sobrepastoreo, que ha dejado grandes franjas de tierra estériles e inertes. La salud de este frágil ecosistema está estrechamente vinculada a la vida y el bienestar de las mujeres y los hombres que lo habitan. Las mujeres de la región lo saben bien: si no se protege el medioambiente, el páramo podría dejar de producir el agua dulce que fluye hacia los ríos que alimentan el Amazonas.

Es por esto, que ellas han permanecido en el páramo, un ecosistema de los Andes, a pesar de las amenazas que la desertificación, el sobrepastoreo y otras actividades humanas suponen para su sustento con el objetivo de preservarlo y restaurarlo mientras muchos hombres de estas comunidades han abandonado las tierras baldías. Las madres, las hijas y las hermanas han decidido quedarse. Cuidando de sus familias y atendiendo la tierra. La mayoría de ellas son indígenas; más allá de las tradiciones culturales que las unen al páramo, no han tenido acceso a la educación ni a suficientes oportunidades de empleo durante generaciones. Sin embargo, las une el deseo de preservar su tierra y proteger el planeta.

campesSegún explica ONU mujeres, en la provincia de Azuay, en la sierra central de Ecuador, unas 86 mujeres de las cinco comunidades de Nazari, Puculcay, Morasloma, Bayán y Hornillos se reúnen regularmente. Hablan, escuchan y aprenden unas de otras, intercambiando conocimientos y experiencias sobre la gestión de sus tierras y recursos naturales. Zoila Dolores Piedra Guamán, agricultora y ama de casa de Puculay afirma:  "Tenemos que proteger las fuentes de agua, porque sin agua no podemos vivir".

Por su parte, Luz María Yumbo Quezada, de la comunidad de Bayán, añade: "Ya hemos destruido el monte para hacer pastos. Ahora tenemos que plantar árboles y cultivar la tierra con bokashi y biol (abonos orgánicos)". Guamán y Quezada aprendieron prácticas agrícolas sostenibles como parte de un proyecto implementado por ONU Mujeres y el gobierno provincial del Azuay (GAD-P Azuay), con financiamiento del Municipio de Madrid.

El proyecto de ONU Mujeres duró desde marzo de 2018 hasta marzo de 2019, con el objetivo de mejorar la resiliencia de las mujeres, la producción agrícola sostenible y la gestión del paisaje en los Andes, aprovechando los conocimientos indígenas que tienen. Bibiana Aido, representante de ONU Mujeres en Ecuador, afirma que: "El proyecto del páramo nos muestra que sin las mujeres no es posible hablar de soluciones al cambio climático y al desarrollo sostenible".  Y continúa: "Uno de los principales objetivos del proyecto era generar una experiencia piloto que pudiera ser replicada en otros ecosistemas críticos, tanto en la sierra como en la región amazónica, en términos de sostenibilidad ambiental e igualdad de género, dos grandes objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible", añade. Desde la finalización del proyecto, las mujeres han seguido practicando la agricultura sostenible y enseñando a otras personas de su comunidad a cultivar alimentos cuidando el frágil ecosistema. Las comunidades están cosechando ahora los beneficios.

La propuesta es realmente integral. Además de procurar la protección medioambiental, apunto a fortalecer la autonomía y el liderazgo de las mujeres.  Junto a la crisis climática, la violencia contra las mujeres es un reto importante en Azuay, donde el 79% de las mujeres han declarado haber sufrido violencia de género al menos una vez en su vida, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos. También hay indicios de violencia sexual en las comunidades. Además de la crisis sanitaria y económica que suele acarrear este tipo de violencia, ha afectado a la autoestima y la capacidad de acción de las mujeres. En este contexto, empoderar a las mujeres para que protejan el ecosistema y se mantengan a sí mismas también implica romper los estereotipos de género y apoyarlas para que se defiendan y participen en la toma de decisiones en sus hogares y comunidades.

En la actualidad, las mujeres de las cinco comunidades que participaron en el proyecto promueven activamente la producción agrícola sostenible, participan en actividades políticas y tienen una mayor autonomía sobre sus recursos y su cuerpo. Como resultado, están mejor preparadas para gestionar la tierra y los recursos naturales del páramo.

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