La transición energética puede crear empleo e impulsar el crecimiento económico sostenible

2050 parece muy lejano ¿verdad? pero lo cierto es que, en sólo 29 años, debemos alcanzar metas realmente ambiciosas. El mundo tiene un camino viable para construir un sector energético global con emisiones netas cero, sin embargo, para lograrlo se requiere una transformación sin precedentes de la forma en que se produce, transporta y utiliza la energía a nivel mundial. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés: International Energy Agency) los compromisos climáticos asumidos por los gobiernos hasta la fecha -incluso si se cumplieran en su totalidad- estarían muy por debajo de lo necesario para conseguir que las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) relacionadas con la energía sean nulas en 2050 y que el mundo tenga una oportunidad de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C.

La IEA ha publicado el día de hoy, 18 de mayo, el informe “Cero emisiones netas para 2050: una hoja de ruta para la Energía Mundial” (Net Zero by 2050: a Roadmap for the Global Energy Sector) que busca ser una suerte de guía en materia de energía. La investigación muestra que las medidas gubernamentales para impulsar rápidamente las energías limpias y reducir el uso de combustibles fósiles pueden crear millones de puestos de trabajo, impulsar el crecimiento económico y mantener el objetivo de cero emisiones.

Este informe es el primer estudio exhaustivo del mundo sobre cómo realizar la transición a un sistema de energía neta cero para 2050, garantizando al mismo tiempo un suministro de energía estable y asequible, proporcionando un acceso universal a la energía y permitiendo un sólido crecimiento económico. La investigación sostiene que la transición energética es una vía rentable y económicamente productiva, que dará lugar a una economía energética limpia, dinámica y resistente, dominada por energías renovables como la solar y la eólica en lugar de los combustibles fósiles. El documento también examina las principales incertidumbres, como el papel de la bioenergía, la captura de carbono y los cambios de comportamiento para alcanzar el nivel cero.

Basándose en las herramientas de modelización de la energía con las que cuenta la AIE y en su experiencia, la hoja de ruta establece más de 400 hitos para guiar el viaje global hacia la energía neta cero en 2050.  A corto plazo, el estudio describe una senda que requiere el despliegue inmediato y masivo de todas las tecnologías energéticas limpias y eficientes disponibles, combinado con un gran impulso mundial para acelerar la innovación. Este camino exige que las adiciones anuales de energía solar fotovoltaica alcancen los 630 gigavatios en 2030, y las de energía eólica los 390 gigavatios. En conjunto, esto supone cuatro veces el nivel récord alcanzado en 2020. En el caso de la energía solar fotovoltaica, equivale a la instalación del mayor parque solar del mundo en la actualidad, aproximadamente cada día.  

Los expertos afirman que la mayor parte de las reducciones mundiales de las emisiones de CO2 de aquí a 2030 proceden de tecnologías ya disponibles en la actualidad. El problema es que casi la mitad de estas reducciones proceden de tecnologías que actualmente sólo están en fase de demostración o prototipo. Esto exige que los gobiernos aumenten rápidamente y vuelvan a priorizar su gasto en investigación y desarrollo, así como en la demostración y el despliegue de tecnologías energéticas limpias, situándolas en el centro de la política energética y climática.  

Pero además de lograr des carbonizar la economía, la investigación advierte que hay un desafío mayor: no dejar a nadie atrás. En este sentido, se advierte que proporcionar electricidad a unos 785 millones de personas que no tienen acceso a ella y soluciones limpias para cocinar a 2.600 millones de personas que carecen de los medios necesarios es parte de los desafíos que deben alcanzar los estados. Esto cuesta unos 40.000 millones de dólares al año, lo que equivale a alrededor del 1% de la inversión media anual del sector energético. Lo que también supondrá importantes beneficios para la salud a través de la reducción de la contaminación del aire en interiores, reduciendo el número de muertes prematuras en 2,5 millones al año.

El aspecto económico es contemplando en la investigación. Al respecto, el documento publicado por la IEA retoma un análisis del Fondo Monetario Internacional y afirma que la inversión total anual en energía deberá aumentar hasta los 5 billones de dólares en 2030. Lo que añade 0,4 puntos porcentuales más al año al crecimiento del PIB mundial. Este aumento del gasto privado y público creará millones de puestos de trabajo en el sector de las energías limpias, incluida la eficiencia energética, así como en los sectores de la ingeniería, la fabricación y la construcción. Todo ello hará que el PIB mundial aumente un 4% en 2030.

El estudio sostiene que en el camino hacia la des carbonización surgirán nuevos retos en materia de seguridad energética, mientras que los que ya existen desde hace tiempo se mantendrán, incluso cuando el petróleo y el gas pierdan protagonismo. La contracción de la producción de petróleo y gas natural tendrá implicaciones de gran alcance para todos los países y empresas que producen estos combustibles. Al respecto el documento explica que no se necesitan nuevos yacimientos de petróleo y gas natural en la vía de alcanzar las cero emisiones netas.  

Entre los crecientes retos de seguridad energética derivados de la creciente importancia de la electricidad se encuentran la variabilidad del suministro de algunas energías renovables y los riesgos de ciberseguridad. Además, la creciente dependencia de los minerales críticos necesarios para las tecnologías e infraestructuras clave de las energías limpias conlleva riesgos de volatilidad de los precios e interrupciones del suministro que podrían obstaculizar la transición.

Fatih Birol, Director Ejecutivo de la AIE, concluyó que "La transición energética limpia es para y sobre las personas. Nuestra hoja de ruta muestra que el enorme reto que supone la rápida transición a un sistema de energía neta cero es también una enorme oportunidad para nuestras economías. La transición debe ser justa e inclusiva, sin dejar a nadie atrás. Tenemos que asegurarnos de que las economías en desarrollo reciban la financiación y los conocimientos tecnológicos que necesitan para construir sus sistemas energéticos y satisfacer las necesidades de sus poblaciones y economías en expansión de forma sostenible."

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