En el viejo continente las desigualdades son de todo tipo, también medioambientales. Detener el cambio climático y preservar el planeta en el que vivimos, está demás aclarar, que es tarea de todos y todas. No obstante, esto no pareciera ser tan evidente para muchos. El último informe publicado por Oxfam Intermón denuncia que la población más pobre de la Unión Europea ha contribuido a reducir las emisiones de CO2, mientras que la más rica no ha hecho más que aumentarlas. Resulta paradójico que quienes tienen mayores posibilidades de contribuir no sólo no lo hagan, sino que empeoran una situación medioambiental ya crítica.
La injusticia climática crece en el corazón de Europa

Detener el cambio climático es también una cuestión de justicia social. Lograr países climáticamente justos es una deuda pendiente de la mayoría de las democracias contemporáneas. Mientras los líderes más poderosos de la UE se reúnen para acordar un nuevo objetivo de reducción de emisiones para 2030, el último informe publicado por Oxfam revela que la reducción de las emisiones de la UE desde 1990 ha sido lograda gracias a las y los ciudadanos de ingresos bajos y medios, mientras que el 10% más rico ha sido responsable de más de un cuarto de las emisiones totales de la región ¿paradójico no?

Por sentido común sería lógico afirmar que quienes más tienen, más deberían contribuir. Pero parece que la ecuación no es tan simple para algunos. El informe titulado “Confronting Carbon Inequality in the European Union” advierte que, para lograr las reducciones de emisiones necesarias para 2030, los líderes europeos deben poner a la justicia en el centro del Acuerdo Verde, apuntando más profundamente a los europeos más ricos, al tiempo que se impulse el apoyo a las reducciones de las emisiones de las comunidades más marginadas.

Un Green Deal que aborde tanto la desigualdad como las emisiones de carbono puede ayudar a construir una Europa más justa, más sana y resiliente. La organización señala que los nuevos datos demuestran que abordar la desigualdad de las emisiones de carbono es fundamental para lograr el nuevo objetivo climático de la Unión Europea de cara a 2030, así como para lograr una recuperación económica sostenible, justa y rápida frente a la pandemia de la COVID-19.

La nueva publicación de Oxfam se basa en un estudio que la organización ha llevado a cabo en colaboración con el Instituto del Medio Ambiente de Estocolmo sobre las emisiones derivadas del consumo de diferentes grupos de ingresos entre 1990 y 2015. Durante este período de 25 años, los datos muestran que se ha producido una reducción del 12 % de las emisiones europeas derivadas del consumo, y esto ha venido de la mano de un incremento de la desigualdad económica.

Detrás de los números hay personas que sufren los embates de la desigualdad y generaciones enteras afectadas por los terribles efectos del cambio climático. Lo porcentajes son alarmantes. Como mencionamos previamente, del estudio se desprende que el 10 % más rico de la ciudadanía europea fue responsable de más de un cuarto (27 %) de las emisiones de la región, volumen equivalente a las emisiones de la mitad más pobre de la población europea. Además, la investigación profundiza aún más y muestra que el 40 % de los ciudadanos y ciudadanas del viejo continente de "ingresos medios" fue responsable del 46 % de las emisiones, y el 1 % más rico del 7 %.

La desigualdad se da hacia dentro y hacia afuera del continente. El informe revela una marcada diferencia en cuanto a las emisiones de carbono tanto dentro de los Estados miembros de la UE como entre ellos. De este modo, se evidencia que el 10 % más rico de la población de Alemania, Francia, Italia y España (cerca de 25,8 millones de personas) es responsable colectivamente de la misma cantidad de emisiones que la población total de 16 Estados miembros de la Unión Europea (aproximadamente. 84,8 millones de personas). No obstante, el aumento de la desigualdad y la dependencia del carbón hacen que el 10 % más rico de la población de Polonia (cerca de 3,8 millones de personas), siendo un país relativamente pobre, sea responsable de mayores emisiones que la población entera de países como Suecia o Hungría (con una población de entre 9,8 y 9,9 millones de personas respectivamente).

Asimismo, la investigación señala que España es el único país que aumentó sus emisiones entre 1990 y 2015 (en un 12,1%). Alemania las redujo en un 25%, Italia en un 17% y Francia en un 9%. Pero este no es el único dato poco celebrable de nuestro país. El estudio también devela que las emisiones no fueron producidas por toda la ciudadanía española de la misma forma. De acuerdo con los datos de 2015, el 10% más rico de la población en España generó un tercio de las emisiones totales (el 29,2%, 19 toneladas per cápita), mientras que el 50% más pobre emitió solamente el 25% (tres toneladas per cápita).

En el año 2015, España emitió 6,4 toneladas de CO2 per cápita. De los 4 países europeos con más emisiones en 2015, el nuestro era el más desigual: el 10% más rico emitió hasta 6,3 veces más CO2 que la cantidad emitida por el 50% más pobre (19 toneladas frente a las 3 toneladas per cápita). El 1% más rico emitió 18 veces más (54 toneladas per cápita).

Aún queda un largo camino por recorrer si no queremos que las metas propuestas por la agenda 2030 sean inalcanzables. Los expertos que han formado parte de la investigación señalan que, considerando los niveles de emisiones del 2015, España tendría que reducir el 67% de sus emisiones anuales para llegar a la meta de 2,1 toneladas de CO2 per cápita en el 2030. Según los cálculos de Oxfam Intermón, ese sería el techo de emisiones per cápita si queremos evitar que el calentamiento global supere los 1, 5º que marca el acuerdo de París. 

La investigación analiza, además, el origen de la contaminación. Sobre este aspecto, muestra que la mayor parte de la huella de carbono de los ciudadanos y ciudadanas europeas que generan más emisiones proviene del transporte aéreo y los desplazamientos en coche (entre el 30 y el 40 %). La calefacción en las viviendas representa la mayor parte de la huella de carbono de los grupos de ingresos más bajos. Desde 1990, las emisiones derivadas del transporte han aumentado significativamente en todos los Estados miembros de la Unión Europea excepto en dos, y representan alrededor de un cuarto del conjunto de emisiones en este territorio.

El momento de actuar es ahora, la carrera es contra reloj y es evidente que aún queda mucho por transformar. La desigualdad y la injusticia climática son dos caras de una misma moneda. Las consecuencias de la crisis climática ya se sienten y hasta eso es injusto, ya que en los países más pobres estas son más graves. Aunque nadie es inmune a estas crisis, las personas en mayor situación de pobreza y exclusión son las más afectadas. El informe denuncia que en 2020, con un calentamiento global de apenas 1 °C, la crisis climática ha provocado inundaciones y olas de calor en Europa, ciclones mortales en Centroamérica, enormes plagas de langostas que han arrasado cosechas en África Oriental, e incendios forestales sin precedentes en Australia y Estados Unidos.  Oxfam insta a la Unión Europea a aplicar el paquete legislativo del Pacto Verde Europeo para luchar contra la desigualdad, reducir emisiones y estimular la recuperación económica frente a la pandemia de COVID-19.

Un ambicioso objetivo climático de cara a 2030 acompañado de un Pacto Verde Europeo más justo podría ayudar a Europa a recuperarse de la crisis originada por la pandemia de COVID-19 a través de modelos económicos más sostenibles y resilientes que estén al servicio de todas las personas y no del poder económico o político de turno.

 Para garantizar que siga siendo posible mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C, la huella de carbono del 10 % más rico de la población europea debe reducirse 10 veces de cara a 2030 y, en el caso del 1 % más rico, 30 veces. En cambio, la huella del 50 % más pobre de la población debe reducirse a la mitad. Para lograr esto hacen falta grandes cambios estructurales, y siguiendo lo que expresó Frans Timmermans, Vicepresidente Ejecutivo de la Comisión Europea para el Acuerdo Verde Europeo, "No podemos ganar nuestra lucha por mayor justicia, por una transición ecológica justa, si defendemos un modelo económico que produjo una creciente desigualdad sobre la base de un conjunto de recursos cada vez más reducido".

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