La comunidad científica nos advierte hace ya varios años sobre la urgencia de alcanzar la meta de cero emisiones en Europa. Aunque se presenta como un objetivo ambicioso no por eso es imposible. Resulta inevitable establecer paralelismos entre la pandemia, la crisis climática y la crisis de la biodiversidad. Con lo cual, ocuparnos de la pandemia también debería implicar ocuparnos de la problemática medioambiental.
Detener la contaminación es tan urgente como detener la pandemia

La emergencia climática ya está aquí y, al igual que la pandemia de coronavirus, exige esfuerzos de todos los sectores para detenerla. Hans Bruyninckx, Director Ejecutivo de la Agencia Europa del Medioambiente, advierte que no sabemos exactamente cuáles serán los puntos de inflexión para ecosistemas enteros cuando la tierra aumente su temperatura como se espera que lo haga, pero lo que sí sabemos es que, a menos que tomemos medidas decisivas y apuntemos a transiciones sistémicas, el panorama no es positivo y el tiempo se está acabando.

Una pandemia puede, esperamos, ser controlada en un período de tiempo relativamente corto. En cambio, podría resultar mucho más difícil revertir cualquier daño causado por alcanzar un punto de inflexión irreversible en el cambio climático o en la degradación de la naturaleza. Los vínculos entre estas crisis rápidas y lentas y la contaminación son claros apunta Bruyninckx. En este sentido, la reducción de la contaminación atmosférica y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero casi siempre van de la mano. La reducción de la contaminación del agua y del suelo beneficiaría a la naturaleza. Reducir el uso de los recursos y pasar a una economía circular también reduciría la contaminación.

Un dato relevante es que muchas autoridades sanitarias han advertido que los ciudadanos con ciertas condiciones preexistentes pueden ser más vulnerables a COVID-19 que otros. Estas condiciones preexistentes incluyen enfermedades respiratorias, que son, en algunos casos, una consecuencia de la mala calidad del aire o se ven exacerbadas por ella. Es decir, que si hubiera menos contaminación eventualmente los efectos de la COVID-19 podrían haber sido menores.

Como resultado de las severas medidas de cuarentena a raíz del coronavirus, las concentraciones de algunos contaminantes atmosféricos clave disminuyeron drásticamente en muchas ciudades europeas. Estos choques no fueron deseados, pero demostraron que la calidad del aire en las ciudades puede mejorarse drásticamente reduciendo el tráfico de automóviles y cambiando nuestros actuales patrones de movilidad.

Hans Bruyninckx explica que los seres humanos y las instituciones que hemos construido están preparadas para hacer frente de manera eficiente a un peligro claro y presente. Las catástrofes poco claras, invisibles o de movimiento lento son más difíciles de comprender y abordar y este es el caso de la contaminación, por lo cual se constituye como uno de los grandes desafíos de nuestros tiempos.

En la mayoría de los lugares de Europa, el aire no se ve, siente, huele o sabe sucio. Sin embargo, cada año, la mala calidad del aire causa la muerte prematura de casi medio millón de europeos. Sin ir más lejos, cuando caminamos por Gran Vía en Madrid no percibimos el color del aire, pero vasta alejarnos de la ciudad y verla por arriba para comprobar la cantidad de smog a la que estamos sometidos día a día.

El agua del grifo en Europa es generalmente segura para beber. Podemos disfrutar de la pesca y de la natación en muchos de nuestros ríos, lagos y zonas costeras. Sin embargo, muchas de las masas de agua de Europa no están en buenas condiciones. Los suelos del viejo continente siguen sufriendo la contaminación que se liberó hace décadas o siglos.

Los problemas son claros, pero también debemos recordar que las acciones y políticas para hacer frente a la contaminación han marcado la diferencia. El número de europeos que mueren prematuramente como resultado de la mala calidad del aire es menos de la mitad de los niveles de principios de la década de 1990. La industria europea se está volviendo más limpia, con menos emisiones al aire y al agua. El tratamiento avanzado de las aguas residuales abarca cada vez más comunidades. Nuestras prácticas agrícolas están evolucionando lentamente.

Sin embargo, el referente de la Agencia Europea de Medioambiente afirma que podemos y debemos hacer mucho más. Esto requerirá una mejor aplicación de las políticas públicas existentes y también objetivos ambiciosos que muestren el camino hacia la neutralidad climática, la contaminación cero, la economía circular, la naturaleza saludable y la justicia social en esta transición fundamental de la sostenibilidad. A pesar de los progresos realizados en los últimos decenios, la evaluación histórica que realiza la agencia en su publicación "El medio ambiente europeo: estado y perspectivas para 2020" muestra claramente que Europa se enfrenta ahora a desafíos ambientales de una escala y urgencia sin precedentes. Debemos tomar medidas urgentes en los próximos 10 años para proteger el medio ambiente, el clima y las personas.

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