En su Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano cuenta que cuando un hombre vio la vida humana desde arriba, dijo que somos un mar de fueguitos. Cada persona brilla con su luz propia, única e irrepetible. El escritor rioplatense dice que no hay dos fuegos iguales, que hay algunos fuegos que no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que quien se acerca, se enciende. En estos tiempos de tanto dolor e incertidumbre, los gestos de solidaridad y de cooperación nos devuelven a esa humanidad de fueguitos que encienden otros. Recuperamos algunas historias de la sección de “Resultados que transforman vidas” del Grupo Banco Mundial, proyectos que han marcado una diferencia real sobre el terreno y las personas que formaron parte de los mismos.
Un mar de fueguitos

La solidaridad es sin duda nuestro refugio ante la adversidad. La salida de las situaciones más complejas siempre es colectiva. El Grupo Banco Mundial está comprometido en brindar apoyo a los países cuyas economías son más vulnerables. Diversas iniciativas han transformado de manera trascendental la vida de las personas. Aquí recuperamos una serie de proyectos que la entidad ha llevado a cabo en diferentes latitudes, transformando tanto la vida de las personas como de sus entornos.

En la región colombiana de la Orinoquía, una zona rica en biodiversidad, la mayor producción ganadera fue responsable de la tala de más de 1 millón de hectáreas de bosques. La Orinoquía es una región de 25 millones de hectáreas de sabanas y humedales en el este colombiano, que limita con Venezuela. En los últimos años, se ha registrado una conversión a gran escala del suelo para aumentar la producción de ganado, aceite de palma, cacao, caucho y arroz. Entre 1990 y 2015, más de 1 millón de hectáreas de bosques en la Orinoquía, principalmente en el departamento del Meta, fueron taladas para crear tierras de pastoreo, aumentando las emisiones de carbono derivadas de la conversión de tierras.

Para hacerle frente a esta problemática, a través de un programa de ganadería sostenible, se enseña a los agricultores prácticas pastoriles que integran a los árboles, el forraje y el ganado, y que les ayudan a adaptarse a los desafíos de un clima cambiante. El programa que se lleva a cabo con el apoyo de la Iniciativa sobre Paisajes Forestales Sostenibles (ISFL) del Fondo del Biocarbono del Banco Mundial se centra en promover una producción agrícola sostenible para ayudar a reducir las emisiones derivadas del uso de la tierra.

Una maestra de escuela primaria de 73 años, ya jubilada, transformó un terreno heredado de su difunto esposo en un «paraíso» agrícola sostenible en el departamento del Meta, ubicado en la región de la Orinoquía. "Nunca pensé tampoco que a mi edad volvería a la escuela", señaló. Después de la muerte de su marido, Gladys sintió un llamado a aprovechar al máximo la tierra que este le dejó. En 2016, se inscribió para participar en un proyecto que fomenta la ganadería sostenible en la región de la Orinoquía, específicamente en el departamento del Meta. La iniciativa abarca también otras cuatro ecorregiones de Colombia.

Para Gladys, la agricultura sostenible se ha convertido en una búsqueda profundamente personal. "Antes de que mi esposo muriera, me dijo que no quería que vendiera la tierra", recordó con la voz entrecortada. “Sé que he hecho realidad lo que él deseaba. Cumplí mi tiempo como maestra y ahora pasaré el resto de mi vida haciendo esto. Me encanta".

En un momento en que la necesidad de proyectos agrícolas sostenibles en la zona es más urgente que nunca, el Gobierno colombiano, con el apoyo de la Iniciativa sobre Paisajes Forestales Sostenibles (ISFL) del Fondo del Biocarbono del Banco Mundial, ayudará a ampliar las actividades promovidas por el Proyecto Ganadería Colombiana Sostenible en toda la región de la Orinoquía.

Otro proyecto que apunta a mejorar la alimentación y proteger el medioambiente, tiene lugar en Goré, al sur del Chad, a donde encontrar alimentos asequibles y disponibles durante todo el año es un desafío cotidiano para los 70 000 refugiados y las comunidades de acogida que allí conviven. Para impulsar la productividad y mejorar la seguridad alimentaria, en el marco de un proyecto de emergencia, la entidad internacional impartió capacitación en horticultura y se distribuyeron semillas a más de 460 000 personas. Gracias a ello, las frutas, verduras y legumbres son ahora más baratas y están disponibles todo el año.

Desde hace algún tiempo, la entrada norte de la ciudad de Goré luce adornada de verdes llanuras: en vastas parcelas de huerta se cultivan repollo, zanahorias, mandioca, quimbombó y otras hortalizas. En la región más meridional del Chad, cerca de la frontera con la República Centroafricana, personas refugiadas y repatriadas comparten la tierra con sus comunidades de acogida para aprovechar al máximo las semillas de frutas y verduras que se les han proporcionado.

Al mirar los robustos tallos de sus plantas de berenjena y mandioca, a Malopi Decladore, un lugareño que participó del proyecto, le cuesta creer que tuviera talento para la horticultura. Conseguir lo suficiente para comer es una preocupación constante para él y para los aproximadamente 70. 000 residentes de los campos de refugiados de la región de Goré que huyeron de la crisis de la República Centroafricana. Emma Koningar, coordinadora del componente agrícola del Proyecto de Respuesta de Emergencia a la Crisis Alimentaria y Ganadera (PURCAE, por su sigla en francés) explicó: “Nuestro mayor desafío ha sido convencer a los refugiados y repatriados, la mayoría de los cuales eran inicialmente comerciantes, de que cultivaran y produjeran sus propios alimentos para evitar depender siempre de la ayuda alimentaria”.

El éxito del programa ha impulsado también a un número cada vez mayor de agricultores locales a sortear el problema del acceso a grandes parcelas de tierra y a centrarse en la horticultura, que es menos vulnerable a las inundaciones y las sequías. Y las cifras demuestran que tienen razón. Se han producido 29 664 toneladas métricas de frutas y verduras a partir de las 16 toneladas métricas de semillas de frutas y verduras y de las 53 650 herramientas agrícolas suministradas por el proyecto.

Otra iniciativa que apuesta por la agricultura sostenible, tiene lugar en Afganistán. En esta región, el Proyecto Nacional de Horticultura y Ganadería introdujo la agricultura de alta densidad que aumenta el rendimiento de los cultivos sin que sea necesario aumentar el espacio de plantación. La técnica es muy eficaz en la provincia de Bamyan, donde los agricultores cultivan verduras entre sus árboles frutales. Esta estrategia ha supuesto una mayor diversificación de los cultivos y mejores ingresos para los agricultores.

Aminullah, de 52 años, cuida sus cultivos junto a sus tres empleados en una parcela de tierra delimitada por una valla de tela metálica en las afueras de la ciudad de Bamyan. Aunque la granja, en la aldea de Sar Asyab, ocupa solo 2 jeribs (0,4 hectáreas), el cultivo de alta densidad mantiene ocupados a los cuatro hombres. Entre sus 450 manzanos, Amin siembra diversos tipos de verduras de flor y de raíz, como col, lechuga, pepino y rábano blanco. Hoy, Amin enseña a sus trabajadores a fumigar los manzanos para protegerlos contra las enfermedades, práctica que aprendió al formar parte del Proyecto Nacional de Horticultura y Ganadería (NHLP, por su sigla en inglés) a donde aprendió las técnicas del cultivo de alta densidad y le proporcionaron los productos necesarios para fumigar los árboles.

El NHLP inició sus actividades en la provincia de Bamyan en 2013. Mohammad Nabi Sirat, de 36 años, gerente provincial del NHLP en Bamyan, cree que la diversificación de los cultivos mediante la agricultura de alta densidad es el mayor logro del NHLP en la provincia. “La mayor diversificación ha estabilizado los precios de los alimentos locales y ha proporcionado más fuentes de ingresos, ya que los agricultores dependen menos de un solo cultivo”, señaló.

Otro proyecto de gran impacto y que ha cambiado vidas tuvo lugar en Camboya. En este país, en 2015 el 77,1 % de los niños de 3 y 4 años no tenía acceso a la educación en la primera infancia debido a la falta de servicios preescolares. En el marco del Proyecto de Atención y Desarrollo de la Primera Infancia (ECCD) para Aldeas Flotantes, se construyeron siete centros preescolares comunitarios, se matricularon 1021 niños en dichos establecimientos, 9591 niños y 7992 padres participaron en el programa de ECCD basado en el hogar y 191 padres o madres completaron programas de alfabetización materna.

Parada en el frente de su casa de madera, Mao Tep, una madre de 31 años, saluda a su hija Luy Lykai de 4 años cuando regresa de sus clases. "Gracias, querida", sonríe con las palmas juntas al responder a su hija que le dice: "¡Hola, mami! Ya volví de la escuela". Tep y otras madres, incluidas abuelas y mujeres embarazadas, de la aldea de Rang Til en el distrito de Kandeng, provincia de Pursat, asistieron a un programa de formación parental para aprender cómo mejorar el aprendizaje, la higiene, la nutrición, la protección y el cuidado de sus hijos. Ella comprobó que su comportamiento cambió después de la capacitación. Ahora no tiene que regañar a sus hijos para que vayan a la escuela, sino que se preocupa de usar palabras bonitas, motivarlos e interactuar más con ellos.

La capacitación brindada a Mao Tep y otros aldeanos forma parte del programa de ECCD basado en el hogar del Proyecto de ECCD para Aldeas Flotantes (i). Este proyecto cuenta con el apoyo del Fondo Japonés de Desarrollo Social, administrado por el Banco Mundial e implementado en Camboya por Save the Children, una organización no gubernamental internacional. Tiene como objetivo aumentar el acceso a mejores servicios de atención y desarrollo de la primera infancia a través de programas comunitarios y basados en el hogar para niños de entre 0 y 5 años, en particular para aquellos de entornos desfavorecidos, en las zonas seleccionadas.

Proyectos que transforman vidas, que construyen comunidad y aportan a la creación de un mundo más justo y sostenible. Fueguitos que encienden otros y así poco a poco, contagian iniciativas de cooperación que apuestan por la igualdad y la justicia social.

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