El actual modelo es insostenible para las personas y el planeta. El Comercio Justo es una de las alternativas que se presentan, pero para que un cambio transformador ocurra, es necesario comprender la contribución general del consumo y la producción sostenibles al desarrollo sostenible, y crear la alianza necesaria para lograrlo.
Coordinadora Estatal de Comercio Justo: "Reducir la huella material es un imperativo mundial"

Estamos más cerca del 2030 que del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Desde la Coordinadora Estatal de Comercio Justo hacen un repaso, según el último informe sobre los ODS 2019 de las Naciones Unidas, al grado de cumplimiento del ODS 12 'Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles' que les incumbe directamente.

Si ahondamos en este Objetivo 12, la eficiencia en el uso de recursos naturales no ha cambiado a nivel mundial, no existe aún una separación real entre el crecimiento económico y el uso de estos recursos. Para no agravar el problema de la sobreexplotación de los recursos y la degradación del medio ambiente, es urgente adoptar normativas para mejorar la eficiencia de los recursos, minimizar los residuos e integrar las prácticas de sostenibilidad en todos los sectores de la economía.

En lo que se refiere a la "huella material", la Coordinadora Estatal de Comercio Justo la define como la cantidad de materia prima extraída para satisfacer la demanda de consumo final, utilizándose como uno de los indicadores de las presiones que se ejercen sobre el medio ambiente para apoyar el crecimiento económico y satisfacer las necesidades materiales de las personas.

Analizando las cifras de la huella material per cápita, en el año 1990, se utilizaba alrededor de 8,1 toneladas métricas de recursos naturales para satisfacer las necesidades de una persona. En 2017, esa cifra aumentó a 12,2 toneladas métricas, lo que representa un incremento del 50%.

Por otro lado, la mejora en la eficiencia del uso de los recursos no avanza con suficiente rapidez, puesto que en 2017, los países desarrollados utilizaron aproximadamente una quinta parte de los recursos naturales de los países en desarrollo para obtener la misma cantidad. La conclusión es que el nivel de vida de las personas de las naciones más ricas depende en gran medida de los recursos extraídos de los países más pobres.

En definitiva, la transición hacia sociedades sostenibles y resistentes dependerá en última instancia de la gestión responsable de los recursos naturales finitos del planeta. Es indispensable contar con marcos e instrumentos normativos nacionales bien diseñados para permitir el cambio fundamental hacia modalidades de consumo y producción sostenibles. El pasado año, 71 países y la Unión Europea informaron sobre un total de 303 normativas e instrumentos de este tipo. 

La tarea pendiente es demostrar los beneficios que presentan estas normativas a todos los ODS para comprender la contribución general del consumo y la producción sostenibles al desarrollo sostenible, y crear la alianza necesaria para un cambio transformador. 

 

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