El microplástico, nuestro "nuevo pan de cada día"

DKV seguros profundiza sobre el origen de los microplásticos, destacando estudios del profesor Richard Thompson que analizan los efectos de los residuos plásticos en el medio marino y hasta qué punto los microplásticos transfieren sustancias contaminantes a los organismos. Los microplásticos no solo se encuentran en océanos y lugares recónditos, también entran en contacto con los seres vivos por el aire que respiramos y los alimentos y bebidas que ingerimos.

En la sección de Medioambiente de la web de la aseguradora, han dedicado un espacio para abordar la problemática de los microplásticos porque afectan a nuestra salud y bienestar. Según su nota informativa, los microplásticos son piezas diminutas de material plástico, pero el rango de tamaño para su definición todavía desata controversia científica. La más utilizada recoge que tienen un diámetro inferior a 5 milímetros, lo que equivaldría al tamaño de una hormiga o un virus.

Siguiendo el análisis de DKV, el conocimiento científico de los microplásticos se sitúa en la década de los 70, pero no fue hasta el año 2004 cuando se acuñó el término, gracias a la investigación realizada por el profesor de biología marina Richard Thompson, que desde 2018 es director de la Universidad de Plymouth, junto a investigadores de Southampton, ambas universidades de Reino Unido. 

El origen del término "Microplástico" surgió cuando el profesor Thompson, siendo estudiante, participaba en campañas de limpieza de playa promovidas por la UK Marine Conservation Society. En esas campañas, se dio cuenta de que pequeños fragmentos de plástico se pasaban por alto. Siendo ya profesor, junto a sus alumnos, buscaron el objeto de plástico más pequeño que pudieran encontrar en las playas y el resultado de las muestras reveló la presencia de diminutas piezas de plástico, algunas de los cuales eran más pequeñas que el diámetro de un cabello humano. Fue entonces, cuando denominaron a esas piezas microplástico y la investigación fue publicada en la revista Science con el título “Lost at Sea: Where Is All the Plastic?” (Perdido en el mar: ¿dónde está todo el plástico?).

Desde entonces, Thompson junto a otros investigadores de universidades de Reino Unido, siguen estudiando los efectos de los residuos plásticos en el medio marino y hasta qué punto los microplásticos transfieren sustancias contaminantes a los organismos. Es un miembro activo en la formulación y toma de decisiones en organizaciones como Naciones Unidas o como coautor del texto de la Directiva Marco de la Estrategia Marina de la Unión Europea sobre los desechos marinos. Su nombre ha vuelto a resonar en los medios de comunicación debido a uno de sus últimos estudios en los que demuestra cómo bolsas de plástico biodegradable, que se comercializan como alternativa ecológica, se mantienen prácticamente intactas después de 3 años enterradas y permiten cargar más de 2 kilos de peso.

Según informa el Parlamento Europeo, existen 51.000 millones de partículas microplásticas en el mar. De ellas, se estima que los microplásticos primarios representan entre el 15% y el 31% del total de microplásticos en los océanos. El 35% de ellos proviene del lavado de ropa sintética, el 28% de la abrasión de los neumáticos en la conducción y el 2% son microplásticos agregados intencionadamente en productos de cuidado personal y limpieza. En el caso de los microplásticos secundarios, entre el 69% y el 81% del total se encuentran en los océanos y se originan a partir de la degradación de grandes objetos de plástico, como bolsas de plástico, botellas o redes de pesca.

El interés por el concepto "Microplástico" ha crecido tanto que fue elegida como la palabra del año 2018 por la Fundación Fundeu BBVA por ser uno de los principales términos presentes en la actualidad informativa del medioambiente. 

Las principales conclusiones del estudio “Naturaleza sin plástico: evaluación de la ingestión humana de plásticos presentes en la naturaleza”, elaborado por Dalberg Advisors (Wijnand de Wit y Nathan Bigaud) señala que los microplásticos no solo se encuentran en océanos y lugares recónditos, sino que entran en contacto con los seres vivos por el aire que respiramos y los alimentos y las bebidas que ingerimos. Según datos del análisis, las personas estamos consumiendo alrededor de 2.000 pequeñas piezas de plástico cada semana. Es decir que aproximadamente ingerimos 21 gramos al mes, poco más de 250 gramos al año, lo que es equivalente al peso de una tarjeta de crédito a la semana.

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