Propone un pago de 0,8 euros por kilo de residuos de estos envases a los países. También el 20% de los ingresos procedentes del régimen de comercio de derechos de emisión.
La CE quiere financiarse cobrando por el plástico no reciclado

El pasado 2 de mayo, la Comisión Europea propuso un presupuesto nuevo para el período comprendido entre 2021 y 2027 que incluye diversificar sus fuentes de ingresos ya que “nuevas prioridades necesitan de nuevas inversiones”, según la nota emitida por esta institución.

Así, introduce una cesta de nuevos recursos propios que incluye el 20% de los ingresos procedentes del régimen de comercio de derechos de emisión; un tipo de referencia del 3% aplicado a la nueva base imponible consolidada común del impuesto sobre sociedades (que se introducirá progresivamente una vez se haya adoptado la legislación necesaria) y una contribución nacional calculada sobre el volumen de residuos de envases de plástico no reciclados en cada Estado miembro (0,80 euros por kilo).

Según sus cálculos, estos nuevos recursos propios representarán aproximadamente el 12% del presupuesto total de la UE, y podrían aportar hasta 22.000 millones de euros al año a la financiación de las nuevas prioridades.

La CE afirma que “invertir ahora en ámbitos tales como la investigación y la innovación, la juventud, la economía digital, la gestión de las fronteras, la seguridad y la defensa contribuirá a la prosperidad, la sostenibilidad y la seguridad en el futuro. Por poner un ejemplo, el presupuesto destinado a Erasmus+ y el Cuerpo Europeo de Solidaridad se va a duplicar”.

Entre sus objetivos, está centrar los esfuerzos donde pueda tener un mayor impacto que el gasto público a nivel nacional y en los que pueda ofrecer un auténtico valor añadido europeo. Por ejemplo, los proyectos de investigación de vanguardia que reúnen a los mejores investigadores de toda Europa, las grandes infraestructuras o los proyectos para culminar con éxito la transformación digital o dotar a la Unión de las herramientas necesarias para proteger a sus ciudadanos y velar por su seguridad. “Esto es indispensable en un mundo como el de hoy, en rápida transformación, en el que Europa se enfrenta a los retos demográficos, la inestabilidad que se registra en su vecindad y otros muchos problemas acuciantes que trascienden las fronteras nacionales”, dice.

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