Este próximo martes 19 de agosto es el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, una fecha en la que Acción contra el Hambre recuerda las serias dificultades a las que tiene que hacer frente el personal de las organizaciones humanitarias en las guerras modernas. Para ello, esta organización expone cinco desafíos actuales para la acción humanitaria en conflictos.
En ocasiones, la acción humanitaria se transforma en un actor incómodo o directamente en un objetivo a batir, y sin embargo, miles de profesionales siguen trabajando día a día para aliviar el sufrimiento humano. En este sentido, Acción contra el hambre, mediante el informe “Los principios humanitarios en situaciones de conflicto”, detalla los siguientes desafíos que, en la actualidad, la acción humanitaria tiene que afrontar:
1.Mantener la neutralidad de las intervenciones en las zonas de conflicto: una organización humanitaria debe prestar asistencia a los más vulnerables en las zonas controladas por ambas partes en conflicto. Así, el criterio para determinar dónde intervenir está guiado exclusivamente por el enfoque de necesidades.
2.Preservar la independencia respecto a las agendas políticas de los donantes: la ayuda humanitaria corre un riesgo creciente de ser instrumentalizada porlos intereses políticos de los países donantes. La pluralidad en las fuentes de financiación es la mejor estrategia para neutralizar este peligro.
3.Defender los principios humanitarios con firmeza durante las negociones con quienes detentan el poder local: el imperativo humanitario de acceso a las víctimas implica tener relaciones con grupos armados no gubernamentales que controlan la zona para garantizar el acceso y la seguridad del personal humanitario. Este reto está también relacionado con la necesidad de distinguir netamente la función humanitaria de la militar.
4.Encontrar el equilibrio adecuado entre el imperativo humanitario y el testimonio denuncia en determinadas situaciones: una organización es testigo muchas veces de violaciones de derechos humanos. Denunciarlas puede implicar, a menudo, la expulsión del país y por tanto dejar de ayudar a las víctimas. Este es un reto que se afronta en un delicado ejercicio de equilibrio entre la necesidad de ayudar y la de denunciar, analizando caso por caso cuál es el valor añadido y optando por la decisión que pueda, en última instancia, ahorrar mayor sufrimiento humano.
5.Reducir el eventual impacto negativo de las operaciones: conscientes del riesgo de instrumentalización de la ayuda humanitaria por parte de los actores en conflicto y de la necesidad de atenuar las tensiones entre comunidades que puedan derivarse de la ayuda, es necesario en ocasiones poner en marcha medidas para “compensar” de alguna forma a colectivos como la población de acogida de refugiados o tomar medidas para equilibrar la presencia de varias etnias o comunidades religiosas entre el personal local de la organización. Todo ello se hace con el fin último de evitar que la ayuda genere conflictos entre comunidades.