
Nacer niña continúa siendo un factor de desigualdad en numerosos lugares del planeta. A pesar de los avances en el reconocimiento de los derechos de la infancia, millones de niñas siguen expuestas a prácticas que ponen en peligro su salud, su seguridad y su autonomía. Entre ellas, el matrimonio infantil constituye una de las expresiones más graves de discriminación: cada año, más de 12 millones de niñas contraen matrimonio antes de cumplir los 18 años.
Con motivo del Día Internacional de la Niña, que se conmemora cada 11 de octubre, la organización humanitaria World Vision ha puesto el foco en la necesidad de erradicar estas prácticas y garantizar que todas las niñas puedan desarrollar sus proyectos de vida en condiciones de igualdad. Bajo el lema «Poner fin al matrimonio infantil e invertir en los derechos de las niñas», la ONG reclama medidas urgentes para proteger a quienes sufren múltiples formas de vulnerabilidad.
Según los datos difundidos por World Vision, alrededor de 650 millones de mujeres y niñas en el mundo fueron casadas antes de alcanzar la mayoría de edad. A esta realidad se suman otras vulneraciones de derechos: más de 230 millones de niñas y mujeres han sufrido mutilación genital femenina y aproximadamente 21 millones de adolescentes de entre 15 y 19 años quedan embarazadas cada año en países de bajos ingresos.
Estas cifras reflejan la magnitud de un problema que trasciende las experiencias individuales y está estrechamente relacionado con la pobreza, la discriminación por razón de género y la falta de oportunidades.
Las desigualdades que afectan a las niñas no se manifiestan de manera aislada. Por el contrario, suelen acumularse y reforzarse entre sí, especialmente en comunidades atravesadas por situaciones de vulnerabilidad económica y social.
La imposibilidad de continuar estudiando es una de las principales consecuencias de estas circunstancias. Las responsabilidades domésticas y de cuidados, la inseguridad en los centros educativos, las dificultades económicas y los matrimonios a edades tempranas pueden interrumpir las trayectorias escolares y limitar las posibilidades de alcanzar una mayor independencia.
A ello se añaden las amenazas contra su integridad física y emocional, como la explotación, la violencia y la mutilación genital femenina. También persisten barreras vinculadas al acceso a servicios sanitarios, agua potable, saneamiento adecuado y productos de higiene menstrual, cuya ausencia puede perjudicar tanto la salud como la asistencia a la escuela.
Desde World Vision insisten en que la protección de los derechos de las niñas también exige reconocer su capacidad para participar en las decisiones que afectan a sus vidas. No se trata únicamente de garantizar servicios básicos, sino de crear las condiciones necesarias para que puedan expresar sus necesidades, ejercer sus derechos y construir su propio futuro.
Detrás de las estadísticas se encuentran historias como la de Ruby, una joven de 18 años que creció en un barrio marginal de Mirpur, en Bangladesh. Su experiencia muestra cómo las dificultades económicas y la ausencia de redes de protección pueden empujar a las familias a tomar decisiones que comprometen los derechos de sus hijas.
Cuando Ruby tenía 12 años, su padre abandonó el hogar y su madre quedó sola al cuidado de sus hijos, en una situación de profunda precariedad económica. Ante la falta de recursos, consideró que concertar el matrimonio de su hija era una forma de asegurar su futuro y reducir las dificultades familiares.
Sin embargo, aquella decisión marcó el comienzo de una etapa especialmente difícil. A los 16 años, Ruby ya era madre de dos niñas y había sufrido maltrato y abusos verbales por parte de sus suegros. Durante su segundo embarazo, su marido se divorció de ella, lo que la obligó a regresar a casa de su madre con sus dos hijas.
Para sostener económicamente a su familia, comenzó a trabajar como empleada doméstica. Su hermano menor, Shaheb, también tuvo que incorporarse prematuramente al mercado laboral y empezó a trabajar en una fábrica de sombreros para contribuir a los ingresos del hogar.
La historia de esta familia evidencia cómo el matrimonio infantil, el trabajo infantil y la pobreza pueden formar parte de un mismo círculo de exclusión que se reproduce entre generaciones.
Ruby fue identificada por World Vision durante las actividades comunitarias que la organización desarrolla con niños y niñas. Actualmente recibe su apoyo y mantiene la esperanza de ofrecer a sus hijas oportunidades diferentes a las que ella tuvo, especialmente a través de la educación y del derecho a disfrutar de una infancia libre de las responsabilidades que debió asumir demasiado pronto.
Para World Vision, acabar con el matrimonio infantil requiere una respuesta que involucre a las familias, las comunidades, las instituciones y las propias niñas. Por este motivo, la organización trabaja junto a madres, padres, líderes comunitarios y entidades locales para reforzar los mecanismos de protección infantil, prevenir prácticas perjudiciales y promover el conocimiento y ejercicio de los derechos de la infancia.
Entre sus prioridades se encuentran garantizar la permanencia de las niñas en el sistema educativo, mejorar los servicios de atención y protección, cuestionar las normas sociales que perpetúan la discriminación y favorecer su participación y liderazgo.
La conmemoración del Día Internacional de la Niña representa, en este sentido, una oportunidad para visibilizar las desigualdades específicas que surgen de la combinación de la edad y el género, pero también para exigir compromisos que se traduzcan en cambios concretos.
Esta reivindicación conecta directamente con la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente con el ODS 5, dedicado a la igualdad de género, que contempla la eliminación del matrimonio infantil y la mutilación genital femenina. Asimismo, está vinculada con el ODS 4, sobre educación de calidad; el ODS 3, sobre salud y bienestar; y el ODS 1, centrado en la erradicación de la pobreza.
Garantizar los derechos de las niñas supone, por tanto, actuar sobre las causas estructurales que limitan sus oportunidades y perpetúan las desigualdades sociales.
En vísperas del 11 de octubre, World Vision recuerda la urgencia de avanzar hacia un mundo en el que ninguna niña tenga que abandonar sus estudios, asumir una maternidad prematura o renunciar a sus aspiraciones como consecuencia de un matrimonio impuesto por las circunstancias. El desafío no es únicamente proteger su infancia, sino garantizar que puedan crecer, decidir y participar plenamente en la construcción de su futuro.