
La cuenta atrás hacia 2030 entra en una fase decisiva. Once años después de que los 193 Estados miembros de Naciones Unidas aprobaran la Agenda 2030, el acceso universal al agua potable y al saneamiento continúa lejos de estar garantizado. Con menos de cuatro años por delante, acelerar los avances exige afrontar simultáneamente desafíos relacionados con la financiación, las infraestructuras, la gestión de los recursos hídricos, el tratamiento de las aguas residuales, la conservación de los ecosistemas y la adaptación a una presión climática cada vez mayor.
Con motivo del undécimo aniversario de la Agenda 2030, Alianza StepbyWater reivindica la necesidad de devolver el agua al centro de las prioridades internacionales y reforzar la cooperación entre los diferentes actores implicados. La organización recuerda que el ODS 6 —Agua limpia y saneamiento— supuso un punto de inflexión al otorgar por primera vez al agua un objetivo específico dentro de una agenda global de desarrollo.
Hasta entonces, durante la etapa de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, las cuestiones hídricas se encontraban integradas junto a otros recursos dentro de objetivos más amplios, como los vinculados al medio ambiente. La Agenda 2030 reconoció, en cambio, el carácter estratégico del agua para las economías, el bienestar, el progreso social y la propia sostenibilidad de la vida, estableciendo como meta garantizar su disponibilidad, gestión sostenible y saneamiento para todas las personas.
Los datos muestran avances, pero también la magnitud de la brecha pendiente. Según el Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2026 de Naciones Unidas, entre 2015 y 2024 alrededor de 961 millones de personas consiguieron acceder a agua potable gestionada de manera segura y 1.200 millones mejoraron su acceso a servicios de saneamiento seguros. Sin embargo, en 2024 la cobertura mundial alcanzaba únicamente al 74% de la población en agua potable segura y al 58% en saneamiento.
Para StepbyWater, el actual escenario internacional ofrece también una oportunidad para revisar los avances alcanzados y recuperar el espíritu de cooperación que dio origen a la Agenda 2030.
“Tenemos la posibilidad de volver a mirar hacia adelante y de volver a situar a las personas y al Planeta en el centro de todas las acciones”, señala Raquel Paiz, responsable de comunicación y estrategia de Alianza StepbyWater. La experta recuerda que hace apenas una década los 193 países miembros de Naciones Unidas respaldaron de manera unánime una hoja de ruta compartida, “un hecho que parece más necesario que nunca”.
La urgencia está respaldada por las cifras internacionales. Naciones Unidas advierte de que miles de millones de personas continúan sin servicios adecuados de agua, saneamiento e higiene y que el avance sigue siendo desigual. Además, el estrés hídrico permanece en niveles severos en distintas regiones y las consecuencias del cambio climático incrementan la presión sobre los recursos disponibles.
El desafío va mucho más allá del abastecimiento. El agua atraviesa prácticamente todas las dimensiones del desarrollo sostenible: resulta imprescindible para la salud, la producción de alimentos y energía, las ciudades, la economía y la conservación de los ecosistemas. Al mismo tiempo, es uno de los recursos especialmente expuestos a los efectos de la crisis climática.
Durante los últimos años, la eficiencia en el uso del agua, su reutilización, la digitalización de la gestión, la reducción de pérdidas, la economía circular y la resiliencia climática han ganado protagonismo en las estrategias de administraciones públicas, empresas y organizaciones.
StepbyWater destaca en este ámbito el conocimiento acumulado por las entidades que forman parte de su alianza. “Gracias a la experiencia de nuestras entidades aliadas sabemos cómo la colaboración y la acción conjunta pueden contribuir a acelerar los avances en materia de agua, compartiendo conocimiento, impulsando soluciones y convirtiendo los compromisos en resultados concretos”, sostiene la organización.
Este enfoque cobra especial importancia ante la dimensión de los desafíos pendientes. Naciones Unidas señala que alcanzar el ODS 6 exige fortalecer las instituciones, incrementar las inversiones, mejorar los sistemas de seguimiento y aumentar la participación de las comunidades, especialmente ante la intensificación de los impactos climáticos.
Para StepbyWater, cumplir las metas fijadas para 2030 requiere precisamente inversión, innovación, conocimiento y planificación a largo plazo, pero también una cooperación sostenida. La gestión del agua no puede recaer en un único sector: administraciones públicas, empresas, organizaciones sociales, universidades, centros de investigación y ciudadanía disponen de capacidades diferentes y complementarias para afrontar los desafíos hídricos.
En este punto, el ODS 17 —Alianzas para lograr los objetivos— se convierte en una pieza esencial. Mientras el ODS 6 establece las metas relacionadas con el agua y el saneamiento, el ODS 17 plantea la cooperación como una de las herramientas necesarias para convertir los compromisos internacionales en resultados tangibles.
A menos de cuatro años de 2030, el reto pasa así por transformar la experiencia acumulada durante más de una década en una aceleración efectiva de las políticas hídricas. El balance de Naciones Unidas apunta en la misma dirección: los ODS han producido avances desde 2015, pero su ritmo continúa siendo desigual e insuficiente, por lo que los próximos años serán determinantes para ampliar las soluciones que ya han demostrado resultados.