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La mayor evaluación realizada hasta ahora sobre los arrecifes de coral constata un retroceso global de su cobertura y señala a las olas de calor marinas y los episodios de blanqueamiento masivo entre las principales amenazas. Según la Red Global de Seguimiento de los Arrecifes de Coral (GCRMN), reducir las emisiones y las presiones locales resulta decisivo para evitar daños irreversibles, aunque la recuperación observada en algunas regiones demuestra que todavía existe margen para actuar.
Los arrecifes de coral pierden casi el 10% de su cobertura mundial

Los arrecifes de coral atraviesan una situación cada vez más delicada como consecuencia del calentamiento del planeta y de las múltiples presiones que soportan estos ecosistemas. El informe “Estado de los arrecifes de coral del mundo: 2025”, elaborado por la Red Global de Seguimiento de los Arrecifes de Coral (GCRMN), ofrece la evaluación mundial más amplia realizada hasta el momento y cifra en un 9,5 % la disminución relativa de la cobertura coralina respecto a la media de referencia correspondiente al periodo 1980-2009.

Las pérdidas más importantes se han registrado después de episodios de blanqueamiento masivo asociados a olas de calor marinas. El calentamiento climático está haciendo que estos fenómenos sean cada vez más frecuentes e intensos, reduciendo el tiempo disponible para que los ecosistemas puedan recuperarse antes de sufrir un nuevo impacto.

Ante este escenario, el informe advierte de la necesidad de acelerar las medidas destinadas a impedir pérdidas irreversibles. Manuel González Rivero, autor principal del estudio, sostiene que la protección de los arrecifes requiere combinar una rápida reducción de las emisiones con actuaciones eficaces frente a las amenazas locales y sistemas de seguimiento científico mantenidos a largo plazo. Esta información, señala, permite dirigir las intervenciones hacia aquellos lugares donde pueden resultar más necesarias.

La acción local también puede favorecer la recuperación

Pese al deterioro observado a escala mundial, la evaluación de la GCRMN recoge también señales positivas. Algunas regiones muestran que los arrecifes conservan capacidad de recuperación cuando se reducen de manera efectiva las amenazas que tienen su origen en el ámbito local.

Entre estas presiones se encuentran la sobrepesca, el desarrollo costero, la contaminación del agua, la escorrentía, la depredación de los corales y otras alteraciones de los ecosistemas marinos. Una gestión adecuada de estos factores puede aumentar la resiliencia de los arrecifes y favorecer su recuperación después de los episodios de blanqueamiento.

Los resultados aportan así un elemento relevante para las políticas de conservación: aunque la crisis climática constituye una amenaza global, las medidas adoptadas sobre el terreno pueden producir mejoras cuantificables y reforzar la capacidad de los ecosistemas para enfrentarse a futuros impactos.

La Fundación MSC, que contribuyó junto con otros donantes a financiar el informe de la GCRMN como miembro de la Iniciativa Internacional para los Arrecifes de Coral (ICRI), desarrolla distintas iniciativas vinculadas con la investigación y la conservación marina basada en evidencias científicas.

En las Bahamas, su programa Super Coral Reefs integra restauración de corales, educación en ciencias marinas y participación ciudadana desde el Centro de Conservación Marina de Ocean Cay. La Fundación también aportó al informe un estudio de caso centrado en las colaboraciones científicas del programa, las tareas de seguimiento y restauración y el tratamiento de enfermedades que afectan a los corales.

Daniela Picco, directora ejecutiva de la Fundación MSC, destacó que los resultados evidencian la creciente presión que sufren estos ecosistemas, pero también muestran su capacidad para recuperarse allí donde los factores de estrés locales son gestionados eficazmente. En este contexto, defendió la inversión en investigación y seguimiento como herramientas para orientar las intervenciones de restauración.

Ecosistemas esenciales para la biodiversidad y las personas

La importancia de conservar estos espacios marinos trasciende ampliamente su extensión. Aunque los arrecifes de coral ocupan apenas el 0,2 % del lecho marino, albergan más del 25 % de todas las especies marinas, según los datos recogidos en el informe.

Además, contribuyen a los medios de vida, la seguridad alimentaria y el bienestar de aproximadamente mil millones de personas. Los servicios ecosistémicos que proporcionan alcanzan un valor estimado de hasta 9,9 billones de dólares estadounidenses anuales. Su función también incluye la protección de las costas y su biodiversidad posee interés para la investigación médica y farmacéutica debido a la presencia de compuestos bioactivos.

El Caribe, entre las regiones sometidas a mayor presión

La evaluación presta especial atención al Caribe, donde se ha registrado un acusado descenso de la cobertura coralina, especialmente después de fuertes olas de calor marinas y brotes de enfermedades. Entre las principales amenazas aparece la enfermedad de pérdida de tejido de los corales pétreos (SCTLD), cuyas elevadas tasas de propagación y mortalidad han causado importantes pérdidas de coral en diferentes zonas del Caribe.

A esta situación se añaden los daños relacionados con huracanes cada vez más intensos, el desarrollo costero y el consiguiente incremento de la contaminación, la pesca insostenible, la expansión de las algas sargazo y la presencia de especies invasoras.

La evolución de las Bahamas presenta algunas particularidades. Allí, la cobertura coralina partía de niveles generalmente más bajos, se mantuvo durante la década de 1990 y posteriormente registró un descenso gradual a lo largo de las décadas de 2000 y 2010.

Cuatro décadas de observaciones para entender el deterioro

Uno de los principales avances del nuevo informe reside en la dimensión de la información científica analizada. La evaluación de 2025 reúne 40 años de datos globales, con un total de 21,1 millones de observaciones procedentes de 36.886 emplazamientos de arrecifes.

La cifra multiplica por más de diez el volumen de información utilizado para el informe de 2020. Los registros fueron recopilados por más de 600 socios de todo el mundo, integrados en numerosas redes dedicadas al seguimiento de los arrecifes.

Esta ampliación de la base científica permite observar con mayor precisión cómo han evolucionado los ecosistemas coralinos durante las últimas décadas, comparar la situación entre distintas regiones y localizar tanto los puntos donde el deterioro resulta especialmente acusado como aquellos donde se están produciendo procesos de recuperación.

Según la GCRMN, disponer de series de datos amplias y sostenidas en el tiempo permite comprender mejor qué factores están detrás de los cambios y ofrece a gobiernos y responsables de la gestión ambiental una base científica más sólida para evaluar los riesgos y adaptar las medidas de conservación a las características de cada territorio.

El diagnóstico global deja así un doble mensaje: los arrecifes están perdiendo terreno ante unas presiones climáticas cada vez mayores, pero su futuro todavía puede verse condicionado por las decisiones que se adopten ahora. Reducir las emisiones, limitar las amenazas locales y mantener la vigilancia científica aparecen como tres elementos fundamentales para preservar unos ecosistemas de los que dependen tanto la biodiversidad marina como millones de personas.

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