
La crisis de biodiversidad entra en una etapa decisiva. Tras años de negociaciones y compromisos internacionales, el desafío ya no consiste únicamente en acordar nuevas metas, sino en convertirlas en políticas, inversiones y resultados concretos sobre el territorio. Esa será una de las principales cuestiones que marcarán la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB).
Según la información difundida por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la conferencia se celebrará bajo el lema “Taking Action for Nature” —“Actuar por la naturaleza”— y tendrá como prioridad acelerar la implementación del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, el gran acuerdo internacional que establece los objetivos mundiales para frenar y revertir la pérdida de naturaleza.
La cita dará continuidad al trabajo desarrollado en la COP16 de Cali y pondrá nuevamente sobre la mesa uno de los grandes obstáculos para avanzar: la distancia que todavía existe entre los compromisos internacionales y su aplicación efectiva en los países.
Las negociaciones y conversaciones de alto nivel de la COP17 estarán centradas en cuestiones como la financiación de la biodiversidad, el apoyo a la implementación, los mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas, la restauración de ecosistemas y las áreas protegidas y conservadas.
También tendrá un lugar relevante el reparto justo y equitativo de los beneficios derivados de los recursos genéticos, junto con el fortalecimiento del liderazgo de los pueblos indígenas y las comunidades locales. Otro de los desafíos será conseguir que la biodiversidad deje de tratarse como una cuestión aislada y se incorpore de manera transversal a diferentes sectores económicos y políticas públicas. En este sentido, la conferencia buscará reforzar los vínculos entre protección de la naturaleza, acción climática y desarrollo sostenible. La información oficial sobre la conferencia puede consultarse en el sitio de la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica.
Lo que está en juego trasciende la conservación de especies. Los ecosistemas saludables sostienen el suministro de alimentos y agua, la salud, los medios de vida y buena parte de la actividad económica. Su deterioro, por tanto, tiene consecuencias sociales y económicas que se suman a las estrictamente ambientales.
El PNUD advierte de que la pérdida de biodiversidad, el cambio climático y la degradación de las tierras forman parte de crisis estrechamente relacionadas, capaces de incrementar las desigualdades, comprometer la seguridad y dificultar un desarrollo sostenible. La presión del calentamiento global y la degradación del suelo, además, agrava el deterioro de los ecosistemas y afecta especialmente a las personas y comunidades cuyos medios de vida dependen directamente de la naturaleza.
Frente a este escenario, abordar conjuntamente la conservación de la biodiversidad, la acción climática y la restauración de las tierras puede aumentar la resiliencia de las sociedades y favorecer un desarrollo más equitativo. Para conseguirlo, sin embargo, será necesario acompañar los compromisos políticos con financiación suficiente.
Precisamente, reducir la brecha mundial de financiación para la biodiversidad será uno de los grandes asuntos de la COP17. La cuestión resulta especialmente importante para los países en desarrollo, que reclaman recursos adecuados y accesibles, además de apoyo para implementar las medidas y fortalecer sus capacidades.
La credibilidad del Marco Mundial de Biodiversidad dependerá, en buena medida, de la capacidad de los gobiernos, las instituciones financieras y el sector privado para movilizar tanto la voluntad política como las inversiones necesarias.
La conferencia permitirá así evaluar si los países se encuentran realmente encaminados hacia el objetivo mundial de detener y revertir la pérdida de biodiversidad para 2030. Sin una aceleración de las medidas, advierte el PNUD, la degradación de la naturaleza continuará debilitando la resiliencia frente al cambio climático, el desarrollo sostenible y el bienestar de las comunidades.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo apoya actualmente a países de todo el mundo en la aplicación del Marco Mundial de Biodiversidad mediante herramientas como su Nature Pledge, la Iniciativa de Finanzas para la Biodiversidad (BIOFIN), programas de restauración de ecosistemas y proyectos que integran naturaleza, clima y desarrollo en más de 140 países.
Durante la COP17, el organismo pretende respaldar la transformación de los compromisos internacionales en actuaciones nacionales y subnacionales. Entre ellas se encuentran las Estrategias y Planes de Acción Nacionales sobre Biodiversidad (NBSAP, por sus siglas en inglés), los planes de financiación de la biodiversidad y modelos de desarrollo con impactos positivos para la naturaleza.
El PNUD también buscará dar visibilidad a soluciones capaces de vincular conservación, medios de vida, sistemas alimentarios, resiliencia climática y desarrollo económico inclusivo. En materia financiera, su planteamiento pasa por aumentar las inversiones destinadas a la naturaleza y mejorar la coordinación entre los recursos públicos y privados. Al mismo tiempo, defiende modelos de gobernanza inclusivos que reconozcan a los pueblos indígenas y las comunidades locales como actores fundamentales en la protección de la biodiversidad.
La COP17 tendrá además una relevancia que va más allá del propio Convenio sobre la Diversidad Biológica. La conferencia funcionará como un puente entre las tres grandes agendas ambientales articuladas en torno a las Convenciones de Río: biodiversidad, cambio climático y lucha contra la desertificación.
Sus resultados contribuirán a orientar debates posteriores de la COP17 de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD) y de la COP31 sobre cambio climático (UNFCCC), especialmente en ámbitos como restauración de ecosistemas, financiación de la naturaleza, resiliencia y soluciones basadas en la naturaleza.
Para el PNUD, este escenario ofrece una oportunidad para que los países alineen mejor sus objetivos de biodiversidad con los compromisos climáticos y de gestión sostenible de las tierras, evitando políticas fragmentadas y favoreciendo un uso más eficiente de los recursos disponibles.
La apuesta pasa, además, por reforzar las capacidades institucionales y asegurar que las medidas sean inclusivas y estén conectadas con las realidades locales, incorporando como socios y protagonistas a pueblos indígenas, comunidades locales, mujeres y jóvenes.
La COP17 llegará así con una pregunta de fondo: si la comunidad internacional será capaz de transformar los compromisos acumulados durante los últimos años en cambios tangibles. En un contexto de pérdida acelerada de naturaleza, degradación de las tierras y crisis climática, el reto será demostrar que proteger la biodiversidad no es una agenda paralela al desarrollo, sino una condición necesaria para sostener la alimentación, el agua, las economías y el bienestar de las generaciones presentes y futuras.