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Nueva cita de la Semana de la Moda de Madrid y se habla de nuevas promesas, colecciones y desfiles pero no de moda sostenible. Ésa cuyo foco principal son las personas y el planeta. Gema Gómez es una de las referentes españolas en la moda que produce sin impactos medioambientales y sociales. Tomamos un café con ella, y a pesar de lo que se puede apreciar en la "Madrid Fashion Week" el futuro de la moda solo pasa por la sostenibilidad
“La moda sostenible fomenta una economía en la que todos encontramos nuestro sitio”

Es la fundadora de Slow Fashion Next, plataforma de formación en moda, sostenibilidad y negocio, y la coordinadora nacional de Fashion Revolution. Está en plena campaña de crowdfunding para crear un Directorio de Moda Sostenible, un lugar de encuentro de marcas de moda con impacto positivo, y al mismo tiempo se celebra la Pasarela Cibeles. Una ocasión perfecta para entrevistar a Gema Gómez.

El micromecenazgo para lanzar el directorio de marcas de moda sostenible va por muy buen camino. Sin embargo el público de éste tipo de moda aún es muy reducido y las marcas de fast-fashion siguen aumentando exponencialmente sus beneficios. ¿De dónde saca la energía?

La fuerza y el aguante vienen de tener las cosas muy claras. Un reciente informe de la consultora McKinsey destaca que si los mercados emergentes empiezan a consumir de la misma manera que nosotros lo hacemos las emisiones de C02 aumentarían un 77% y el consumo de agua un 20%. La industria textil es el causante del 10% de las emisiones globales. Un dato: para producir el algodón de una camiseta, que son 250 gramos, se necesitan 2.700 litros de agua. Hablamos de unas cifras que no nos podemos permitir.

Lleva más de seis años promoviendo activamente la moda sostenible. Poniendo la vista atrás, ¿está la sociedad más concienciada ahora que cuando comenzó?

Cuando yo empecé era predicar en un desierto, aunque fuera de España había más concienciación. Ahora las cosas han cambiado. El aumento de la concienciación ha sido brutal, también en España. Desafortunadamente, el derrumbe del Rana Plaza marcó un antes y un después. A raíz de ése desastre nació el movimiento Fashion Revolution. Y otro síntoma relevante que muestra el aumento del interés es que desde hace dos años este tema ha entrado en revistas importantes de economía/negocio y moda.

Usted defiende que la clave está en que las personas comprendan que no es necesario renovar el armario cada año. Moderar el consumo. ¿Qué les argumentaría a aquellos que dicen que dicha tesis perjudicaría el crecimiento de la economía?

La clave está en reflexionar qué tipo de economía favorece los modelos de negocio actuales tipo fast-fashion. Gracias a esos modelos aquí no hay más empleo, un mínimo el retail (el que se queda en la última parte de la cadena), la industria que existía en España se tuvo que deslocalizar. Es más interesante, más ético, diverso y creativo favorecer diferentes marcas y emprendedores que grandes cadenas.

Cuando abro un armario con ropa fast-fashion veo una cantidad ingente de recursos utilizados, tóxicos dejados en toda la cadena de producción, una media de consumo de seis veces por prenda y cantidad de residuos que si los incineras generan más toxicidad y si te los llevas a otros mercados de segundo mano te cargas las economías locales de allí; con lo cual residuos que no aportan valor a nadie. Además, el 80% de la confección la realizan mujeres, muchas de ellas son niñas trabajando de 12 a 16 horas por día de seis a siete días por semana. Con imposibilidad de salir del círculo de la pobreza, los salarios legales no permiten una vida digna. Cuando comparo eso con la posibilidad de comprar menos pero invertir mejor: abrir tu armario y estar apoyando diseñadores, gente diferente, mucha creatividad y con salarios justos… la respuesta habla por sí sola. Quiero fomentar una economía en la que todos encontremos nuestros sitios.

Parece que la gente cada vez más sabe sobre los impactos negativos que conlleva las cadenas de moda rápida, pero las desigualdades y la precariedad aumenta y acaba mandando el precio más bajo. ¿Qué le sugiriría a aquellos que están concienciados pero que no pueden pagar más para adquirir moda sostenible?

Lo primero es que miremos nuestro armario. El 80% de las prendas no nos  la ponemos. Tenemos el armario lleno porque cuesta muy poco. Si necesitas ropa puedes comprarte de segunda mano, intercambiar con amigos o arreglar. Todo eso entra en el concepto de moda sostenible. Luego, cuando ahorres podrás invertir en otro tipo de moda. Si tú conscientemente lo haces bien y realmente no puedes permitírtelo, vas y compras lo que necesites en esa cadena y no pasa nada. Y en caso también se podría buscar una cadena más pequeñita.

¿Qué opinión tiene de las iniciativas de puntos de reciclaje de las grandes cadenas textiles?

Es un comienzo, las ideas están muy bien. Pero, a día de hoy, con la tecnología que está implementada, si quieren reciclar esas toneladas de prendas que se dicen se necesitan unos doce años. Encontrar maneras reciclar tanta ropa va a ser la forma de proveerse de nuevas materias, pero aún queda mucho tiempo para que eso sea una realidad.

¿Qué podrían hacer las Administraciones para incentivar la moda sostenible?

Generar estructuras, viveros de empresas de este tipo moda. En Cataluña y el País Vasco ya están llevando cabo cosas muy prometedoras. Emprender una marca de moda es carísimo y si no tienes dinero es muy difícil que lo logres. Y sobretodo, mucha formación de calidad en temas de moda sostenible.

Imagine que un director de Responsabilidad Social (RSE/RSC) o de Sostenibilidad de una gran empresa de moda le pidiera asesoramiento. ¿Qué le diría?

Estaría encantado de hacerlo pero con mis criterios. Investigo mucho y por eso tengo las cosas claras. ¿Les preguntaría por el grado de ambición que tienen? ¿Hasta dónde están dispuestos a renunciar? El modelo de moda de explotar el planeta y las personas tiene que quedar obsoleto.

¿Cómo le gustaría imaginar el mundo de la moda en los próximos años?  

Hay un movimiento emergente muy potente, entonces veo el futuro muy creativo, colaborativo, diverso, con mujeres que no estén esclavizadas por una talla 36, con mejores materias, con más sensación de confort y más colorido. En definitiva, más humano.

@ignaciocayetan

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