La industria química española está celebrando estas semanas el XX Aniversario del Responsible Care, una iniciativa que desde 1993 impulsa y coordina la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique). Responsible Care es un proyecto internacional de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) que tuvo su origen en Canadá en 1985, y que como apuesta por el Desarrollo Sostenible, compromete a las empresas adheridas con la mejora continua en la Seguridad, la Salud Laboral y la protección del Medio Ambiente.
A principios de este año, nos sorprendía el anuncio de la posible suspensión de las obras de ampliación del Canal de Panamá por parte del consorcio adjudicatario, GUPC, donde figura la empresa española Sacyr. La oferta presentada por GUPC se había impuesto en el concurso internacional por mil millones de dólares menos que la segunda en coste y muy por debajo del consorcio de Acciona, FCC, ACS-Hotchief e ICA (5.981 millones).
La discusión sobre la voluntariedad u obligatoriedad de la responsabilidad social de la empresa ante la sociedad no debe ser objeto de discusión si se entiende lo que se quiere decir por “responsabilidad social de la empresa ante la sociedad”.

Jesús de la Morena / Alberto Andreu
La “voluntariedad” se ha convertido en el “mantra” de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), hasta el punto que ambas palabras se han llegado a equiparar; para muchos, RSC es igual a voluntariedad. De hecho, durante los últimos 20 años, la voluntariedad ha estado en el centro de todos los debates de Europa y América (Norteamérica y Latinoamérica), bien para “preservarla”, bien para “atacarla” reclamando una mayor regulación.
El capitalismo, aunque es un vehículo inigualable para satisfacer las necesidades humanas, mejorar la eficiencia, crear trabajo y generar riqueza, está bajo sospecha. La pérdida de confianza de la sociedad en las empresas está haciendo que los líderes políticos tomen medidas que no favorecen el crecimiento económico… Las empresas están atrapadas en un círculo vicioso…
¡!Ay!! La adicción a los rankings, listas, premios, etc. ¡Qué atractivos son! Pero, ¿son útiles?
El pasado mes de septiembre se publicó la edición anual del informe de Competitividad Mundial que desde hace 34 años realiza el World Economic Forum (WEF), un prestigioso informe que analiza las fortalezas y debilidades competitivas de los países, que este año han sido 148. España está en el puesto 35, un lugar poco privilegiado si observamos el importante retroceso sufrido en estos últimos años. La mejor posición, la 22, la ocupamos el año 2002.
Este 2014 hace 10 años que me dedico a promover la Responsabilidad Social de las Empresas y de las Organizaciones. Me refiero a promover la RS desde la actividad profesional independiente, ya que anteriormente ya había realizado acciones en este sentido desde otras responsabilidades públicas y privadas, si bien no constituía el foco central.
Hasta no hace mucho tiempo, algunos todavía piensan que es así, se pensaba que el líder era el que, entre otras circunstancias, tenía poder. Hoy sabemos que el liderazgo no tiene que ver con el poder directamente aunque sí está influido por la manera en el que las personas hacen uso del poder.
La norma ISO 26000:2010 tiene como objetivo prioritario contribuir a que las organizaciones se orienten hacia criterios de Desarrollo Sostenible más allá del preceptivo cumplimiento legal relacionado con sus actividades y operaciones de negocio. La primera duda que surge ante la posibilidad de adoptar la guía suele ser: ¿Qué le aporta a mi empresa u organización?, y ciertamente, las evidencias que se suelen buscar no son fáciles de mostrar, al menos, en soporte excel como es del agrado generalizado en el ámbito económico empresarial.