“El auténtico poder de una organización radica en la calidad de sus relaciones”
Estamos viviendo una época apasionante, que nos está exigiendo grandes dosis de diálogo –inteligencia compartida- e innovación para adaptarnos a nuevos condicionantes con los que apenas habíamos vivido hasta ahora. El nuevo paradigma está hoy más que nunca centrado en las personas y en nuestra capacidad para entendernos y relacionarnos y construir juntos un mundo mejor.
Milton Friedman y Adam Smith son dos economistas ampliamente citados en la discusión del papel de la empresa en la sociedad. Pero en la gran mayoría de los casos se cita una frase de cada uno, que por su elegancia son fáciles de recodar. Hacen aparecer a Friedman y Smith como defensores del libre mercados a ultranza y son usadas por los detractores para atacar la RSE. Aun cuando son muchos los que las citan son muy pocos los que las ponen en su contexto integral.
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea celebraron en Santiago el 26 y 27 de enero la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno; como preparativos a este evento se realizaron múltiples encuentros y elaboraron documentos que servieron de insumos a sus resoluciones.

Uno de los aspectos más desatendidos, tanto en el diseño de nuestro modelo de negocio como en su operación posterior es uno de los que mayor impacto potencial tiene: el análisis de riesgo. Si bien es fundamental para el diseño de nuestro modelo de negocio que hacemos algo que tenga sentido o valor para alguien, es casi tan importante ser capaces de determinar qué elementos y de qué forma pueden impactar con todos los elementos, relaciones y recursos que componen nuestra propuesta de valor.
Es feo autocitarse, pero por una vez voy a hacerlo. En el año 2006 escribí un estudio en Papeles de Economía Española (recogido después en mi libro sobre la empresa ciudadana) en el que ante la sopa de letras que había en aquel momento alrededor de la RSE pronosticaba dos cosas: que los finalistas de la competición serían la RSE y la sostenibilidad; y que ninguna de las dos denominaciones sería la vencedora, sino que probablemente, si la cosa avanzaba con buen sentido, al final emergería otra denominación.
Hace uno años llego a mis manos un análisis en una publicación digital que atrajo mi atención. Copié la url del susodicho artículo -de cuyo nombre no puedo acordarme - y se lo envié a un amigo, directivo de una importante empresa del Ibex. Su repuesta fue concisa pero claramente definitoria, dijo: "Es la Joaquín Estefanía de la RSE".
Los cambios culturales, económicos y sociales auspiciados por el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación significan un cambio de época que necesariamente influirá en la forma de gobernar.
Tocado con sombrero y poncho andinos y luciendo un generoso bigote, el chamán Abriel, que de su exótico nombre y asegura que recibió los poderes de su abuelo, que además era curandero, contó sin ruborizarse que los espíritus de los incas consultados (que, según nos dijo, se hicieron humanos y bajaron a la tierra para tal menester) habían asegurado que el fin del mundo previsto por las profecías aztecas para diciembre de 2012, no era más que "un arma comercial mexicana sin rigor alguno"(sic).
No nos engañemos, la Responsabilidad Social Corporativa o Empresarial, en el fondo, no persigue la mejora de las condiciones sociales o laborales, sino la mejora productiva y competitiva. No se trata de producir menos o peor para proteger mejor al trabajador o al entorno, sino de cómo ser más competitivo, mejorando de forma simultánea las condiciones de vida de sus trabajadores y de su entorno.

Me piden en una publicación que escriba sobre "la RSE en el contexto de la crisis actual", y esta es mi respuesta. Es una pregunta muy bien planteada, y que aunque a alguien le pueda parecer una obviedad no lo es en absoluto. Porque la RSE sólo tiene sentido en un contexto. No existe la RSE como idea platónica que busca cómo encarnarse.