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“Tal vez no sea todo lo que todos esperaban. Pero es un comienzo, un comienzo esencial”. Eran las primeras palabras del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, tras alcanzarse el acuerdo de Copenhague. En medio de la desolación general, él ponía la nota amable destacando algo fundamental: los países han acordado trabajar en pro de una meta común a largo plazo para limitar el aumento de la temperatura a menos de 2 grados centígrados y muchos han adquirido importantes compromisos para reducir o limitar las emisiones.

“Tal vez no sea todo lo que todos esperaban. Pero es un comienzo, un comienzo esencial”. Eran las primeras palabras del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, tras alcanzarse el acuerdo de Copenhague. En medio de la desolación general, él ponía la nota amable destacando algo fundamental: los países han acordado trabajar en pro de una meta común a largo plazo para limitar el aumento de la temperatura a menos de 2 grados centígrados y muchos han adquirido importantes compromisos para reducir o limitar las emisiones.



La lección de CopenhagueY hay dinero. En concreto unos 30 billones de dólares para emplear a corto plazo y 100 para 2020 que servirán a los más vulnerables para hacer frente al cambio climático. “Tenemos la base para el primer acuerdo verdaderamente mundial que limitará y reducirá las emisiones de gas de efecto invernadero, apoyará la adaptación para los más vulnerables e iniciará una nueva era de crecimiento verde”, resumía Ban Ki-moon.



La larga y tortuosa senda recorrida hasta la cita danesa al menos ha servido para concienciar al mundo de que urge un nuevo modelo económico. Durante meses, el planeta entero ha mirado hacia la capital danesa.



Fundaciones y ONG empapelaron el globo con carteles y enseñaron a todos qué era esto de la COP15 y qué nos jugábamos. La movilización no ha tenido precedentes. “Los políticos hablan. Los líderes actúan”, rezaba la pancarta de los representantes de Greenpeace. El proceso es ya imparable, la cuestión es ¿quién ha de liderarlo?



Mirando a México



Fue la cumbre de Bali 2007 (COP 13) la que abrió el camino (vía Poznan 2008, COP14) hacia Copenhague 2009 (COP15). Ahora, con un año de prórroga para dar a luz al heredero de Kioto, todos los ojos miran a la COP 16 de México, que se celebrará del 29 de noviembre al 10 de diciembre de este año. La ONU ya ha puesto manos a la obra, los agentes sociales han demostrado que no han olvidado la lección de Copenhague y ya están pendientes de lo que la presidencia española de la UE puede lograr en este primer semestre del año y falta por ver qué cifras de reducción de emisiones fijan los países a finales de este mes. Recuperadas las fuerzas tras la resaca danesa, comienza el sprint final.



LAS CLAVES

  • El Acuerdo de Copenhague pide a los 192 países asistentes a la COP15 que fijen sus cifras de reducción para 2020 antes del 1 de febrero. Se pide a los países en vías de desarrollo que se sumen voluntariamente.
  • Promete 30.000 millones de dólares en tres años para ayudar a los países en desarrollo (EEUU aportará 3.600 millones de dólares, la UE 10.600 millones y Japón otros 11.000) y se compromete a alcanzar los 100.000 millones anuales hasta 2020.
  • Se crea un fondo de 100.000 dólares que se repartirá entre los países que no corten sus bosques (especialmente los tropicales). 
  • La UE fija su recorte de emisiones en el 20%. EE UU se queda en el 4%, aunque las cifras son provisionales hasta el 31 de enero.
  • Muchos países en desarrollo, incluidos Brasil, China, la India y Sudáfrica han adoptado nuevas estrategias en materia de clima.
  • Se rompe la fórmula de la unanimidad. Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia y Sudán no han firmado el documento.

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