El  5 de diciembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Voluntariado. Esta conmemoración fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 40/212 el 17 de diciembre de 1985. Quien más quien menos es capaz de definir qué es el voluntariado, habitualmente asociado a acciones benefactoras de carácter altruista y no remuneradas, aunque relativamente pocas personas aún conocen de verdad los límites y el alcance de la acción voluntaria, tan importante, tan necesaria y a la vez tan desconocida.

El 5 de diciembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Voluntariado. Esta conmemoración fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 40/212 el 17 de diciembre de 1985. Quien más quien menos es capaz de definir qué es el voluntariado, habitualmente asociado a acciones benefactoras de carácter altruista y no remuneradas, aunque relativamente pocas personas aún conocen de verdad los límites y el alcance de la acción voluntaria, tan importante, tan necesaria y a la vez tan desconocida.

Es importante saber que, en España, una ley de ámbito estatal regula desde hace 13 años esta actividad. Según la Ley Estatal 6/96, de 15 de enero, se entiende por voluntariado el conjunto de actividades de interés general, desarrolladas por personas físicas, que no se realicen en virtud de una relación laboral, funcionarial, mercantil o cualquier otra retribuida y reúna los siguientes requisitos:

 

a) que tengan carácter altruista y solidario,

 

b) que su realización sea libre,

 

c) que no tengan contraprestación económica (excepto el reembolso de gastos originados), y

 

d) que se desarrollen a través de determinadas organizaciones no lucrativas y con arreglo a proyectos concretos.

 

    Esto significa que no se consideran formalmente como voluntariado aquellas actuaciones aisladas, esporádicas o prestadas al margen de organizaciones sin ánimo de lucro, ejecutadas por razones familiares, de amistad o buena vecindad, lo que delimita el ámbito de la regulación. También se deja claro que la actividad de voluntariado no podrá en ningún caso sustituir al trabajo retribuido.

 

    A lo largo de la última década ha ido tomando fuerza la fusión del concepto del voluntariado con la responsabilidad social empresarial, dando lugar a lo que hoy conocemos como voluntariado corporativo o voluntariado apoyado por la empresa. El profesor Antonio Carlos Gomes da Costa, Director de la consultora brasileña Modus Faciendi, ya definía acertadamente en 2001 el voluntariado corporativo como “el ejercicio de la ciudadanía empresarial, a través de acciones de voluntariado de los empleados, en el marco de la institución; el trabajo voluntario proporciona a los empleados la oportunidad de participar en forma constructiva, creativa y solidaria a favor de la sociedad.“

 

    El voluntariado corporativo es, por tanto, una estrategia de gestión de las organizaciones públicas y privadas, que contribuye directamente a la comunidad como parte de su cometido de ser socialmente responsable. En un programa de voluntariado corporativo, el empleado es el protagonista de los proyectos y materializa el compromiso de la empresa con la sociedad. La empresa, por su parte, decide, organiza, planea, destina recursos, supervisa y comunica resultados, e integra los proyectos en su estrategia de acción social. Ambos actores coordinan sus esfuerzos con una organización sin ánimo de lucro, buena conocedora de la causa social elegida y de la forma más adecuada de llevar a cabo los proyectos, que canaliza los esfuerzos y recursos puestos en juego por la empresa en beneficio de la sociedad.

 

El voluntariado corporativo es beneficioso para todos los implicados:

  • los empleados pueden emplear su tiempo y sus capacidades en beneficio de la sociedad y, al mismo tiempo, mejorar sus habilidades y su autoestima,

  • la empresa gana en reputación frente a sus interlocutores con su programa de acción social, y mejora significativamente la motivación de sus empleados y la retención del talento,

  • la sociedad dispone de recursos y planes de acción concretos para paliar determinadas carencias identificadas como de interés social preferente,

  • las ONG y demás organizaciones donde se desarrollan los programas de voluntariado se benefician de recursos adicionales para sus actividades.

 

    Son muchas y diversas las formas en que una empresa puede orientar sus programas de voluntariado corporativo, desde acciones puramente asistenciales o tácticas hasta proyectos estratégicos, de gran compromiso y largo recorrido en el tiempo. Particularmente, hoy en día se valora en gran medida el aprovechamiento de las capacidades profesionales y técnicas de la empresa en beneficio de las ONG y de los sectores más desfavorecidos. Como anuncia Deloitte en la presentación de su informe Volunteer Impact Survey de 2009), en estos tiempos de crisis en que las donaciones para fines sociales se han visto mermadas, los responsables de la búsqueda de fondos son conscientes de que deben encontrar otros medios para satisfacer la demanda; cuando existe un renovado interés en el voluntariado social, la gran mayoría de las ONG necesitan y quieren disponer hoy de servicios profesionales gratuitos (servicios pro bono) y apoyo técnico especializado. Sin embargo, muchos donantes empresariales y ONG señalan que aún existen numerosas barreras para conseguir y proveer este tipo de servicio voluntario, lo cual no es óbice para que ya existan importantes ejemplos de éxito en este sentido.

 

    El objetivo fundamental que persiguen las empresas cuando se embarcan en un programa propio de voluntariado es la movilización del capital humano en busca de la mejora del entorno en que opera la empresa, que ejerce su papel como empresa ciudadana y responsable. Por otra parte, la empresa debe estar alerta para no caer en ciertos lugares comunes que desvirtúan la figura del voluntario, si estas manifestaciones de su acción social con tanto potencial de mejora social se reducen a meras iniciativas de team building o de lavado de su imagen externa.

 

    No hay que olvidar que la Ley 6/96 del Voluntariado delimita el marco de acción y deja patentes una serie de derechos y de deberes de las personas voluntarias, tanto si actúan a título individual como si lo hacen en nombre de y amparadas por su empresa. Según esta Ley, toda persona voluntaria tiene derecho a:

 

  1. Recibir información, formación, orientación, apoyo y medios materiales.
  2. Ser tratada sin discriminación, respetando su libertad, dignidad, intimidad y creencias.
  3. Participar activamente en la organización, colaborando en la elaboración, diseño, ejecución y evaluación de los programas.
  4. Estar asegurada contra los riesgos de accidente y enfermedad derivados directamente del ejercicio de la actividad voluntaria.
  5. Ser reembolsada por los gastos realizados en el desempeño de sus actividades.
  6. Disponer de una acreditación identificativa de su condición de voluntario.
  7. Realizar su actividad en las debidas condiciones de seguridad e higiene en función de la naturaleza y características de aquélla.
  8. Obtener el respeto y reconocimiento por el valor social de su contribución.

Por otra parte, son deberes de la persona voluntaria:

 

  1. a) Cumplir los compromisos adquiridos con sus organizaciones, respetando sus fines y normativa.
  2. b) Guardar, cuando proceda, confidencialidad de la información recibida.
  3. c) Rechazar cualquier contraprestación material por su acción voluntaria.
  4. d) Respetar los derechos de los beneficiarios de la actividad.
  5. e) Actuar de forma diligente y solidaria.
  6. f) Participar en las tareas formativas.
  7. g) Seguir las instrucciones recibidas para el cumplimiento de los fines del proyecto.
  8. h) Utilizar debidamente la acreditación y distintivos de la organización.
  9. i) Respetar y cuidar los recursos materiales que pongan a su disposición las organizaciones.

Tal día como hoy, Día Internacional del Voluntariado, la Plataforma del Voluntariado ha hecho público un Manifiesto, firmado por las 77 ONG y plataformas que la componen. Este manifiesto nos invita hoy a la reflexión, al reclamar:

 

  • Una solidaridad crítica, que vaya a la raíz de los problemas.
  • Un voluntariado que promueva una cohesión social de la ciudadanía y ayude a la paz social.

  • El trabajo por una vida digna de las personas y por recuperar sus derechos de ciudadanía.

  • El respeto entre la ciudadanía sin discriminación.

  • La influencia del voluntariado – como comunidad en acción - en las políticas sociales.

  • El cambio social a través del voluntariado.

  • El voluntariado como actitud vital en todos los aspectos de la vida ciudadana cotidiana.

  • La transparencia, calidad y democracia en las ONG.

  • El reconocimiento de que quienes realizan voluntariado son personas que han aceptado deberes para que otras personas tengan derechos.


Para ser voluntario o voluntaria no hacen falta heroicidades ni grandes esfuerzos, sólo conciencia y compromiso, cada persona en su entorno y a su nivel. José Carlos García Fajardo, gran conocedor del tema, declara en su Manual del Voluntario (2007): “Cualquier persona puede ser voluntario, con independencia de su situación personal y de los motivos que le inducen a ello. La motivación, sea cual sea, ha servido de pretexto para tomar la decisión... La organización y el propio voluntario tendrán que cuidar qué servicio se asigna, qué formación y qué apoyos se ofrecen y cuál es la actitud correcta para desarrollarlo con éxito”.

 

Acción49

 

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