¿Hacemos el "trabajo de Dios" cuando hacemos negocios? En Goldman Sachs creen que si y por eso se pagan unas bonificaciones que son "divinas". Pero por si acaso hacen donaciones para¨"compensar".
Antonio Vives
Publica el New York Times del 12 de noviembre un artículo sobre la declaración de donaciones para efectos fiscales de Goldman Sachs y entre otras cosas comenta sobre sus actividades por el bien de la sociedad (In Charity Tax Filling, A glimpse of Goldman, Geraldine Fabrikant).
No queremos decir que Goldman tiene obligación alguna de donar nada, pero aparentar que “compensan” unas bonificaciones de US$23.000 millones con donaciones de US$70 millones (0.3%), o sea, el bono promedio de menos de 100 de sus 31.000 empleados, es un insulto a la sociedad. Pero lo que es peor, las donaciones son con el dinero de los accionistas y del fisco. Con US$100 millones en donaciones estimo que deben reducir sus impuestos en unos US$40 millones, o sea que sus donaciones anuales de US$70 millones son mayormente donaciones con dinero de los contribuyentes y en parte de los accionistas.
No creemos que el problema se resuelva con restricciones al pago de sueldos y bonificaciones en empresas netamente privadas. En este caso algo han modificado las bonificaciones ya que parte son pagadas en acciones y opciones de compra de más acciones, lo que en principio tiene mayor relación con el futuro rendimiento de la empresa. Pero estas bonificaciones no constituyen incentivo alguno a las prácticas responsables, todo lo contrario, pone a los beneficios como fin único de la empresa en la mente de los empleados.
Cada quién es libre de hacer con su dinero lo que quiera. No voy a discutir si se merecen los bonos o no. Goldman Sachs usó dinero público durante la crisis, pero ya lo devolvió, posiblemente para escapar de las restricciones a las bonificaciones. Pero, presumiblemente, si los contribuyentes no los hubieran apoyado, otras serían las bonificaciones. Estas bonificaciones son legales, pero es muy dudoso si son éticas o morales pero definitivamente no son equitativas. Hay maneras y maneras.
Esta estrategia no parece ser ni responsable y definitivamente no es solidaria. Como estrategia reputacional deja mucho que desear. Su Consejero Delegado alega que se lo merecen ya que sus empleados son de los más productivos del mundo y los que más trabajan (según la empresa un promedio de 60-70 horas a la semana).
¿Qué podemos hacer las partes interesadas ante una situación como esta? Como mínimo, sus accionistas deberían tratar de balancear la situación. Pero si protestan, a lo mejor baja el precio de sus acciones. Los clientes podrían tratar de obtener mejores precios. Pero, ¿es ésta una industria realmente competitiva? No creo que los empleados y directivos tengan mucho interés en cambiar la situación. Quedan los gobiernos, los medios y la sociedad civil. Espero que esta situación invite a la reflexión a muchas de estas partes y sigamos poniendo presión, aunque su efectividad solo se vea a largo plazo.
Pero, ¿es esto un problema sólo en países más desarrollados? NO, ocurre, aunque obviamente en menor escala, en Iberoamérica. No somos inmunes a utilizar donaciones para desviar la atención de prácticas irresponsables y de omisiones o deficiencias en contribuciones positivas.
Aunque este caso pueda ser un caso muy extremo, la práctica general es relativamente común y esto puede ser un detonante para que se revisen estas prácticas. Son muchas las multinacionales y algunas nacionales que se esconden detrás de alguna práctica responsable, algunas donaciones y la utilización de fundaciones, todas ellas bien publicitadas, para compensar por las prácticas irresponsables y las omisiones. Esperemos que las demás empresas aprendan de esto.
Pero, no faltarán las empresas que al ver esto tratarán de aumentar sus presupuestos para la gestión de la reputación y sus donaciones filantrópicas. ¡Qué pena! Ojala los medios en Iberoamérica fueran tan proactivos como lo son, en estos casos, en Estados Unidos y el Reino Unido.
¿El trabajo de Dios o compra de indulgencias?