Intermón Oxfam le tiene el dedo metido en el ojo a Repsol YPF. De la mano de esta ONG pudimos conocer en España de primera mano los problemas que parece que provoca esta petrolera hispano-argentina entre las comunidades indígenas de Bolivia, cuando trajeron a Madrid representantes de las mismas para explicarlo. Ha sido también una de las principales detractoras de la inclusión de la empresa en el índice FTSE4GOOD Ibex.

El activismo de esta ONG no es nuevo, ya hace unos años examinaba el comportamiento de las empresas del textil como Inditex (Zara). Pero en los últimos tiempos el activismo está asumiendo mayores cuotas.

Me resulta especialmente interesante su última iniciativa al respecto: Intermón Oxfam tendrá voz en la junta de accionistas de Repsol YPF para defender los derechos indígenas. De hecho se aproxima a lo que en términos de inversión socialmente responsable (ISR) podemos llamar "activismo accionarial" (que en USA supone un 26% del total de fondos invertidos con criterios de RSC, según Social Investment Forum, 2006). Los otros dos tipos de ISR son los fondos de inversión con preselección de cartera (un 73% en USA) y la inversión en la comunidad (que en Europa se conoce mejor como banca ética o solidaria).

A pesar del hecho que en Europa casi no existe activismo accionarial, están empezando algunas iniciativas, e Intermón Oxfam se ha sumado a ellas. Hace un tiempo que algunas ONG forman parte, por ejemplo, del accionariado de Inditex para escrutar su comportamiento, para lo cuál invirtieron en la compañía para poder formar parte de ella.

En el caso de Intermón Oxfam con Repsol YPF no ha sido vía adquisición de acciones, sino por cesión del derecho de voto de 800.000 acciones por parte de particulares y fondos de inversión estadounidenses. Con ello han conseguido por parte de la petrolera un compromiso para la elaboración de un decálogo para garantizar los derechos de las comunidades indígenas.

El aumento del activismo de Intermón creo que va a ser difícil de combinar con el fundraising o captación de fondos de empresas, como les sucede a Greenpeace o Amnesty International. Pero en cualquier caso debemos congratularnos por la potenciación de algo tan importante como es el activismo accionarial.

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