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Hace unos días leía sobre un acuerdo de una multinacional con una ONG para colaborar en temas de comercio justo y cooperación internacional. Pensaba en el diálogo, en las conversaciones previas que habrán tenido lugar en ambas sedes. Pensaba en la redacción del acuerdo, en los abogados de ambas partes quitando, añadiendo, matizando contenidos expresiones y cláusulas, en las muchas versiones que se habrían generado.

El perro del hortelanoHace unos días leía sobre un acuerdo de una multinacional con una ONG para colaborar en temas de comercio justo y cooperación internacional. Pensaba en el diálogo, en las conversaciones previas que habrán tenido lugar en ambas sedes. Pensaba en la redacción del acuerdo, en los abogados de ambas partes quitando, añadiendo, matizando contenidos expresiones y cláusulas, en las muchas versiones que se habrían generado.

 

    Siempre, detrás de todo acuerdo de colaboración, hay dos personas que pelearon por esa causa, que superaron toda clase de dificultades porque creían en ello. En mi experiencia de consultor y abogado he visto a muchos pelear por proyectos de colaboración en los que nadie creía, y por sacar adelante acuerdos en los que nadie tenía fe.Desde el acuerdo más simple hasta la negociación más dura entre dos cuerpos diplomáticos de alto nivel, la firma de un pacto siempre es consecuencia de la férrea voluntad de dos personas que lo iniciaron en algún momento porque creían que sus instituciones, países, ministerios, embajadas, empresas, organizaciones, podían y debían colaborar. Y colaborar no es más que encontrar ese pequeño o gran espacio en el que ambas partes están de acuerdo y salen ganando.Llegar a un acuerdo no es más que el final de un proceso de diálogo y el principio de un compromiso.

 

     A menudo los acuerdos de colaboración se quedan en buenas intenciones; siempre he pensado que el papel es un material extremadamente resistente. Otras veces se intentan poner en marcha, hacerlos efectivos, se pelea porque sucedan cosas, aquello que se recogió en el papel. Es "el día despues de la firma", que suele ser aún más duro que el previo.Pero claro, siempre hay quien ve más allá del acuerdo, quien detecta intenciones sinuosas y ocultas en lo que otros hacen. La tan traída y llevada colaboración entre las empresas y las ONG, resulta incómoda para algunos. 

 

Y de pronto vemos cómo desde el tercer sector se emiten comunicados criticando los acuerdos, acusando entre líneas a las ONG de venderse al sector privado, sacando la basura de años atrás, para cerrar una puerta que ha costado mucho abrir. “No colaboremos con las multinacionales corruptas; da lo mismo que quieran corregir sus errores, que los corrijan sin nosotros. Nosotros somos puros, limpios, no nos vendemos al dinero ni a la fama ni al poder; sólo nos mueven nuestros ideales: construir un mundo mejor.”, parecen decir. Han llegado a señalar a la ONU por “casarse” con empresa multinacionales. Han vertido críticas sobre campañas de colaboración tras las que había años de conversaciones. 

 

   Les diría desde esta tribuna a todos aquellos que se empeñan en echar por tierra los indicios de responsabilidad social de las empresas, que están yendo contra su propia causa. Les diría que hay empresas, y sobre todo, hay personas en las empresas, que de verdad quieren cambiar la forma de hacer. Les diría que la colaboración a veces incluso es real y sincera, y que los espacios de mutuo beneficio existen. Les diría que con la crítica destructiva pueden acabar con los cuatro soñadores que intentan mover a las multinacionales en una dirección más ética. Les diría que los dejen trabajar. Que todos ello (con excepciones muy excepcionales como Greenpeace) se venden en mayor o menor medida.

 

     Nunca hubiera pensado que las trabas a la colaboración estarían en el tercer sector. Antes era al revés. ¿Qué pasó? Que levante la mano la empresa que no tenga esqueletos en el armario, que levante la mano aquella ONG que se considere pura y limpia, que nunca contravino sus principios y valores. Que vengan los perfectos y nos digan cómo se hacen las cosas, cómo se convierte a una empresa en “socialmente responsable” sin colaborar con nadie. Que nos digan qué compañía tiene un historial inmaculado y por lo tanto es apta para ser socia de una ONG. Que nos digan con quién están dispuestos a trabajar. Que nos digan cómo se hace.

 

    Desde mi pequeña pyme que trabaja con empresas que creen en la colaboración, y que desde la que veo cómo muchos acabarán tirando la toalla, un aplauso a todas las ONG y multinacionales que creen en la colaboración. Y que saben lo difícil que es. Y una pregunta a todas las ONG que no colaboran, que no perdonan, que no escuchan y que no están de acuerdo con que otras lo hagan.

Como el perro del hortelano.

 

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