Son tiempos de incertidumbre, en los que muchas empresas optan por soluciones de corte táctico orientadas a capear el temporal y aguantar el chaparrón en espera de que amaine. Pero limitarnos a este tipo de decisiones puede desvirtuar el propio producto o servicio, y las consecuencias que puedan tener a largo plazo sobre la marca. Frente al nuevo consumidor, más informado y más exigente, nunca había tenido tanto sentido apostar por la creación de valor añadido y la innovación de las marcas.
Son tiempos de incertidumbre, en los que muchas empresas optan por soluciones de corte táctico orientadas a capear el temporal y aguantar el chaparrón en espera de que amaine. Pero limitarnos a este tipo de decisiones puede desvirtuar el propio producto o servicio, y las consecuencias que puedan tener a largo plazo sobre la marca. Frente al nuevo consumidor, más informado y más exigente, nunca había tenido tanto sentido apostar por la creación de valor añadido y la innovación de las marcas.
Sin un espíritu de mejora y de seguir trabajando por la diferenciación, resulta complejo imaginar las consecuencias que, a medio y largo plazo,este tipo de planteamientos resultadistas pueden tener sobre los consumidores. El recorte presupuestario en I+D y los planteamientos orientados a la reducción de los precios deben hacernos reflexionar sobre qué aspectos son los que realmente se resentirán a consecuencia de estas políticas. ¿Dejaremos de investigar en los productos y servicios? ¿Reduciremos la inversión en controles de calidad?
Entendemos la gestión de marca como algo que va más allá de las decisiones coyunturales, porque es un reflejo de una cultura y unos valores. Y resulta legítimo cuestionar si los cambios implican reestructuraciones reales y consistentes de las actividades empresariales, y hasta qué punto pueden desvirtuar algo que puede haber costado mucho tiempo y esfuerzo construir. Dejar de crear marca es, a nuestro entender, un error estratégico que, más allá del impacto sobre la reputación corporativa, incide de pleno en el destinatario último de las actividades empresariales: el consumidor y, por ende, la sociedad en su conjunto.
Si se desea profundizar en el tema, puede consultarse el último informe publicado por la consultora Commo.