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Uno de los grandes debates que surgieron el año pasado fue el sistema de retribución de la alta dirección de las empresas. Desde distintos estamentos se pidió que la remuneración variable que recibía la alta dirección no solamente tuviera en cuenta financieros y económicos sino también de responsabilidad social.

José AlíasUno de los grandes debates que surgieron el año pasado fue el sistema de retribución de la alta dirección de las empresas. Desde distintos estamentos se pidió que la remuneración variable que recibía la alta dirección no solamente tuviera en cuenta financieros y económicos sino también de responsabilidad social.

 

En las últimas semanas hemos tenido noticia de cambios producidos en compañías de nuestro entorno, en la que los directivos deben de cumplir con determinados indicadores sociales y/o mediambientales para poder cobrar un porcentaje de sus variables.

 

El primero fue una multinacional del sector de la alimentación, el Grupo Danone, cuyos directivos deben de cumplir con criterios sociales y mediambientales claramente definidos para cobrar el 30% de su retribución variable.

 

Apenas un par de semanas después Caja Navarra ha emitido una nota de prensa en la que se informa que 25 miembros de la alta dirección, entre los que se encuentra el comité de dirección liderado por Enrique Goñí, solamente podrán recibir el 30% de su variable si el indice de satisfacción del cliente supera el 7,2 en una escala del 1 al 10.

 

Son los primeros pasos pero todo parece indicar que estos casos prácticos son solamente la avanzadilla de la revolución de la responsabilidad corporativa o responsabilidad social, en materia de retribuciones.

 

Todavía queda mucho por hacer, en primer lugar que las empresas publiquen en sus informes de gobierno corporativo las retribuciones individuales tanto del consejo de administración como de la alta dirección. Pero, aún más importante, es que se ligue la sosteniblidad de la empresa, entendida desde el concepto de responsabilidad corporativa, a la remuneración variable de aquellos trabajadores que la disfrutan.

 

Es cierto, que para implicar a la dirección en el proyecto de empresa se tienen que fijar unos objetivos económicos, pero la integración de la responsabilidad social en la estrategia de las empresas, también tiene que significar que esos mismos ejecutivos tienen que tener objetivos que cumplir en este terreno.

 

No estaría mal que el Observatorio de RSC incluyera entre sus indicadores de Buen Gobierno esta variable

 

 

 

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