Xavier AgullóA todo movimiento brusco hacia un lado le sigue otro de fuerza equivalente hacia el otro. Esa es la ley del péndulo social. En física lo tienen claro, en sociología (y por ende en política) es igualmente aplicable. Acción-reacción.


Xavier AgullóA todo movimiento brusco hacia un lado le sigue otro de fuerza equivalente hacia el otro. Esa es la ley del péndulo social. En física lo tienen claro, en sociología (y por ende en política) es igualmente aplicable. Acción-reacción.

 

 

Lo 'políticamente correcto' no es necesariamente lo 'correcto'. La comunidad internacional ha actuado de una forma altamente irresponsable, condenando algo que desconocen totalmente solamente por una mala aplicación de la teoría de Gestalt o del Todo: "Hay todos que en vez de ser la suma de partes que existen independientemente, dan a sus partes funciones o propiedades específicas que puedan ser definidas solamente en su relación con al Todo en cuestión" (Wolfgang Köhler).



Pensar que la expulsión de un adolescente problemático, de una patada en el trasero, de una discoteca por parte del personal de seguridad equivale a que todo el mundo en esa discoteca es echado de una patada en el trasero, y que no existen normas generales en la discoteca, es una irresponsabilidad. Díganme que eso es 'políticamente incorrecto', pero no es 'incorrecto'.



Es cierto que a una acción, echar a un provocador de una discoteca con una patada en el trasero, le sigue una reacción forma parte de lo esperado. Ahora bien, mezclar eso con ver un Todo equivalente a que cada parte individual en la discoteca pega patadas en el trasero, no es de recibo. La gente sigue bailando feliz dentro de la discoteca, mejor sin el energúmeno.



Déjenme que introduzca una tercera teoría, muy infantil si quieren esta: la "teoría del patio del colegio tú empezaste primero". Y es que lo cierto es que hubo alguien, un presidente, que se saltó a la torera la Ley de la discoteca: "no se puede modificar el artículo de la Constitución sobre el periodo de mandato, pues por mis C que lo cambio". Esta actitud, que mereció la expulsión de la discoteca, y provocó la pataleta juvenil del expulsado en la puerta de la discoteca, es lógico que luego genere reacciones. Es la ley del péndulo, lógico.



Ahora bien, creo que la comunidad internacional está por encima de querer ver un Todo a partir de una parte, sin escuchar los motivos del personal de seguridad y la gerencia de la discoteca sobre porqué fue expulsado y, sobretodo, olvidando la ley infantil del "quién empezó primero", la cuál invalida todo lo sucedido posteriormente.



Y mientras toda la comunidad internacional toma acuerdo unánime sobre que la discoteca es ilegal por dar una patada en el trasero a un adolescente llorón, y por lo tanto toman acuerdo después de una relevante tormenta mediática sobre lo que sucede en un diminuto país de Centroamérica, siguen emergiendo potencias internacionales como Irán y China sin acuerdo alguno ni sanción: ¿Dónde están las sanciones internacionales para Irán más allá de cuatro quejas irrelevantes? ¿Dónde está el recuerdo por Tiananmen en la China? (por la teoría del quién empezó primero, no podemos evaluar el 'ahora' sin olvidar que está pendiente de solución algo tan importante como un asesinato colectivo).



Y mientras la comunidad internacional hace el ridículo con su doble moral, "los burros hablan de orejas". Y es que menudas lecciones pueden darnos en Europa (Italia y su Berlusconi 'hago lo que quiero', Rusia y su Putin 'me voy cambiando de sitio para no irme', Polonia y sus gemelos 'dos somos tres' o República Checa y su Klauss 'el cambio climático no existe). Más le valdría a Europa aprender sobre Honduras y la limitación de mandatos. Y mientras tanto, España oasis y títere de la opción política que gobierna al otro lado, que tiene un jefe de Estado que fue nombrado por un militar y dictador, pero eso sólo vale para ella claro, porqué ella es 'buena'.



Al otro lado del Atlántico, América no da lecciones para menos (Venezuela y su Chávez '¿que no? pues a por otro referendo hasta que sí', Argentina y su Cristina 'he perdido un zapato y voy a perder otro en el aeropuerto de Honduras', EEUU y su Obama del 'imperio miedoso' y Bolivia y su Evo 'toda la discoteca me ama'). Y mientras tanto, Colombia oasis y títere de la opción política que gobierna al otro lado del péndulo, como España en Europa, donde no sólo quiere su presidente también perpetuarse en el poder sino que además el Ejército está por todas partes y es 'chicos para todo'.



Lo dicho: "los burros hablando de orejas", mientras se olvidan de las leyes del péndulo y la del patio de colegio de quién empezó primero.



Que en Europa se alarmen porqué el Ejército echó al revoltoso discotequero de una patada en el trasero que empezó primero vale, pero que lo hagan en América es para conmocionarse. Quien ha estado en América (continente) habrá visto que el Ejército está por todas partes, desde EEUU hasta el cono sur. El Ejército no es eso que está encerrado en cuarteles o de misiones de paz como en Europa, sino que es el personal de seguridad de la discoteca. Es de doble moral condenar al personal de seguridad de otra discoteca cuando en la propia hacemos lo mismo.



Que dejen en paz al mundo esos "burros que hablan de orejas" y se centren en lo realmente grave (Irán, China), y dejen que cada discoteca cumpla con sus normas de conducta, por más que éstas luego generen acción-reacción. Menos péndulos en el mundo, menos deducciones del Todo a partir de una parte llorona y más consideración a lo que es primero. Esas son las tres opciones responsables aplicables.



El mundo era mucho más seguro cuando había un sólo péndulo, la Guerra Fría, que ahora con innumerables péndulos fuera de control bailando por doquier, con "burros hablando de orejas" y miopías colectivas. Queremos sociedades responsables globales, no comportamientos 'políticamente correctos' aislados. Fijémonos más en cómo Brasil en América o Alemania en Europa buscan el mesotés aristotélico, el punto medio de la oscilación del péndulo, para avanzar hacia una sociedad responsable.

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