Dicen las malas lenguas que la crisis pondrá definitivamente a prueba a la RSE. No creo que esto sea cierto, y es más, no sería más correcto preguntarse lo contrario o ¿es que acaso la RSE no va a poner en jaque a la crisis o, más bien, a la era post-crisis?
María Prandi
Instituto de innovación social de ESADE
Dicen las malas lenguas que la crisis pondrá definitivamente a prueba a la RSE. No creo que esto sea cierto, y es más, no sería más correcto preguntarse lo contrario o ¿es que acaso la RSE no va a poner en jaque a la crisis o, más bien, a la era post-crisis?
Sin caer necesariamente en el juego de los posibles escenarios, en un futuro más o menos inmediato, cabe apuntar, sin embargo, algunas posibles tendencias que indican un cambio cuanto menos en las perspectivas. Curiosamente una de ellas, y que ha aparecido reiteradamente este mes en algunos medios de comunicación, es la que lleva la cuestión de los derechos humanos al epicentro del que quizás podría, o debería ser, la caja de cambios de la RSE: la junta de accionistas.
Este año se han multiplicado las iniciativas y propuestas ante juntas de accionistas de grandes multinacionales en Estados Unidos, Reino Unido, pero también de España acerca de cuestiones que tienen que ver con los derechos humanos. Sin ir más lejos, el presidente de Repsol YPF, Antoni Brufau, se comprometió recientemente durante la junta de accionistas de la compañía a "avanzar en temas de transparencia y mejorar su política de pueblos indígenas", en respuesta a las reclamaciones hechas por Intermón Oxfam en el transcurso de la misma. Rio Tinto, Chevron y Occidental Petroleum son otros ejemplos de empresas en cuyas juntas de accionistas se ha votado, con mayor o menor éxito, propuestas relativas a derechos humanos o medio ambiente.
El en caso concreto de Chevron, hasta el 25% de los accionistas votaron a favor de hacer públicos los criterios de la empresa a la hora de invertir o desinvertir en países de alto riesgo como por ejemplo Myanmar. Esta práctica no es nueva. Fueron los movimientos sociales en Alemania los que primero utilizaron este recurso, a menudo más mediático que efectivo, pero lo que sí es nuevo es que esta interpelación pueda generar algún tipo de reflexión y reposicionamiento, tanto a nivel interno como externo, como el que pueda liderar ahora Repsol en el sector energético español respecto a una cuestión de gran actualidad para las empresas del sector a nivel mundial.
Más allá de estas acciones concretas, el fondo de la cuestión no es el por qué, ni el cómo sino hasta qué punto están dispuestas las empresas a abrir un poco más la brecha de la participación en la toma de decisiones con el objetivo de que el conjunto de los stakeholders participen de manera más transparente y formal en cuestiones que les afectan directamente y que afectan también al modelo de empresa que queremos construir.