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“Los ministros del G8 deben reconocer que la crisis alimentaria se resuelve ayudando a los agricultores de los países pobres a mantenerse a flote en estos tiempos difíciles en lugar de incrementar la producción alimentaria en los países desarrollados” José A. Hernández de Toro, portavoz de Agricultura de Intermón Oxfam.

 

Diario Responsable.com Más de 75.000 personas morirán de hambre durante los tres días que va a durar la reunión de los ministros de Agricultura del G8 en Italia en la que se abordará la crisis alimentaria mundial. Este es el mensaje lanzado por la ONG Oxfam Internacional, Intermón Oxfam en España, ante esta Cumbre internacional que se celebra del 18 al 20 de abril en la ciudad italiana de Cison di Valmarino y en la que participarán los ocho países más industrializados del mundo (EEUU, Canadá, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Rusia y Japón) además de la Comisión Europea y Brasil, China, India, México, Sudáfrica, Argentina, Australia y Egipto, como países invitados.

 

Oxfam Internacional advierte a los ministros del G8 que la respuesta a la crisis alimentaria mundial no debe centrarse en incrementar la producción de alimentos en los países desarrollados sino en apoyar a los pequeños y medianos agricultores de los países en desarrollo para que aumenten su productividad.

 

Esta organización señala que la confluencia de nuevos problemas con los que ya existían -reglas injustas del comercio promovidas por los países ricos, reducción de inversiones en la agricultura mundial, la actual crisis económica y los impactos del cambio climático- son las causas principales que han provocado que 963 millones de personas pasen hambre en todo el mundo.

 

"Actualmente, un niño muere de hambre cada cinco segundos. Este dato debería servir de reactivo para que los ministros de Agricultura de las grandes potencias adopten las medidas adecuadas de manera urgente", afirma Ariane Arpa, directora general de Intermón Oxfam.

 

En opinión de esta ONG, la liberalización forzada y acelerada de las economías en desarrollo y décadas de subsidios agrícolas en los países ricos que han fomentado la exportación y el dumping en los países pobres, han abierto los mercados a los países del G8 a costa de socavar la agricultura de los países en desarrollo.

 

Frente a ello, las grandes potencias del G8 han repartido menos de la quinta parte de los 20 mil millones de dólares de ayuda a la que se habían comprometido en la Cumbre de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) celebrada en Roma el año pasado, y todavía no se ha definido si ese presupuesto se va a sumar a las actuales ayudas que se están desembolsando en materia de agricultura. La FAO estima que se necesitan al menos 30 mil millones de dólares cada año para apoyar a los agricultores de los países en desarrollo.

 

A la falta de ayudas para los pequeños productores, se suma el aumento del precio de los cereales a nivel mundial en un 71 por ciento con respecto al año 2005, un incremento que podría continuar este año según las previsiones de la FAO. Ante esta situación en los precios, las familias pobres de los países en desarrollo -que dedican entre el 50 y el 80 por ciento de sus ingresos a comprar alimento- tendrán que hacer frente a una previsible situación de hambruna y malnutrición.

 

En este contexto, Intermón Oxfam destaca que, pese al incremento del precio de los cereales, los agricultores locales y más empobrecidos no se están beneficiando porque carecen de acceso a los mercados.

 


 

 

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