Hemos asistido recientemente a algunos hechos esperpénticos relacionados con el respecto o, mejor dicho, la falta de respeto a las minorías lingüísticas y culturales: la campaña iberoamericana contra Carod-Rovira por el apoyo a las lenguas indígenas de Ecuador y la retrocesión de las políticas de apoyo en España al galaico-portugués y el euskera, la lengua más antigua e intrigante de Europa.

 

Llevamos años donde la lucha por la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, que se basa en la evidente realidad de la desigualdad, se ha traducido en políticas de acción positiva, o de discriminación positiva como antes se llamaron, y que todavía hoy siguen siendo mal vistas.

Sucede lo mismo con el tratamiento que se da en ciertos medios mayoritarios a la promoción de la igualdad de oportunidades de lenguas minoritarias en un mundo global dominado por lenguas como el inglés, el francés, el portugués o el castellano.

Una de las mejores campañas de cooperación internacional llevadas a cabo por una agencia pública, que no sólo persigue la educación sino también la salvaguarda de lenguas minoritarias, ha sido objetivo del imperialismo que todavía existe alrededor de la lengua castellana (que recordemos jamás debería llamarse española pues existen otras lenguas en este país, otra falta evidente de respeto). Es curioso como siempre las campañas de desprestigio se basan en mentiras: Carod-Rovira no regaló un millón de euros a las comunidades indígenas de Ecuador, sino que fue la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD), o sea, la AECID catalana, y por lo tanto salió del presupuesto para cooperación internacional. Lógicamente por la importancia del proyecto tuvo que haber un político de visible, y el responsable último era Carod-Rovira.

Los cambios de gobierno en Galiza y Euskadi también han tenido sus lenguas propias como víctimas propiciatorias. Para "mostrar" el cambio de color del gobierno han tenido que aparecer individualides políticas para echar atrás políticas de acción positiva que se habían llevado a cabo los últimos años. Y es que en vez de verlo como un patrimonio que debe ser protegido y objeto de decididas acciones positivas, se ve como agresión. Parece que la lengua que dio origen al portugués y de la que actualmente es un dialecto o forma con él una unidad lingüística, el galego, o la que es la lengua más antigua e intrigante de Europa, cuyo origen aún es desconocido, el euskera, parecen no verse como patrimonio.

Tampoco parecen verse como patrimonio el quichua, el shuar o el tsáfiqui, objeto de apoyo de la ACCD a la vez que se educa.

Y es que hay quién aduce que esas políticas de acción positiva hacia las lenguas minoritarias va en detrimento de la mayoritaria, en este caso la castellana o mal llamada española. Llega esa gente a afirmar que el castellano está en "peligro"... permítanme una licencia poco formal: ja ja ja.

Poco cerebro hay que tener para afirmar tal barbaridad. Es como decir que la promoción de la igualdad de las mujeres va en detrimento de los hombres.

La acción positiva debe favorecer la igualdad de oportunidades entre las mujeres como la de las lenguas minoritarias, y si esto último pasa por convertir las lenguas minoritarias en vehiculares en las zonas de influencia, desde una óptica global, de patrimonio y de derecho, pues bienvenido sea.

¡Comparte este contenido en redes!

Síguenos

Síguenos en Twitter Síguenos en Facebook
Top