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Si se ha dicho a veces que en los medios de comunicación las únicas buenas noticias son los anuncios, lo peor que le puede pasar a la RSE es que lo referente a su información se convierta en publicidad encubierta (o que se perciba como tal, que para el caso es lo mismo). www.josepmlozano.cat
Construir la credibilidad o reforzar el escepticismo

 

Acabo de realizar mi módulo sobre RSE en el PLD que ESADE y Deusto llevamos a cabo conjuntamente en Bilbao. Los participantes provenían de empresas muy diversas, tanto en lo que se refiere a tamaño como a sectores. A lo largo de la sesión ha habido momentos de diálogo rico e intenso, con aproximaciones no siempre coincidentes, en los que se han planteado cuestiones de gran interés.

 

A veces pienso que es una pena que este tipo de sesiones no puedan ser observadas por los diversos actores que configuramos el gremio de la RSE (profesionales, directivos, sindicalistas, organizaciones sociales, periodistas… y profesores e investigadores, claro está). Porque sirven para tomar el pulso sobre qué visión se tiene desde la práctica empresarial de todo lo que se refiere a la RSE, especialmente por parte de personas sinceramente interesadas en el tema, y en profundizar en él, pero que lo perciben con una relativa distancia en la medida que no forma parte, hoy por hoy, de su problemática cotidiana de gestión. Entre otras cosas porque el gremio de la RSE, como todo gremio, siempre tiene el riesgo de dar por supuesto que ya se ha generalizado lo que sólo es el tema habitual de unos pocos -¿centenares?- de personas.

 

Quisiera anotar a vuelapluma unos pocos puntos de entre los muchos que emergieron en los diálogos, porque al final me gustaría comentar una cuestión que se planteó, y que me parece de gran interés.

 

A vuelapluma, pues:

  •  La RSE sigue avanzando en lo que se refiere a su incorporación a la agenda de temas sobre los que hay que tener una opinión formada en la gestión empresarial. Pero… hay muchos peros, entre ellos que, en la mayoría de los casos todavía es un tema de opinión, pero no de gestión.
  • La RSE genera más controversia de la que a veces queremos reconocer, entre otras cosas porque hay buenas razones y argumentos para sostener diversas posiciones ante ella, algunas claramente poco compatibles entre sí. Convertir a la RSE en algo políticamente correcto, ignorando la controversia que subyace en ella, ha sido, es y será letal para su desarrollo.
  • La confusión entre RSE y acción social (a veces inconsciente, y a veces deliberada) es perniciosa y genera anticuerpos hacia la RSE. Atención: ni la RSE ni la acción social en sí mismas son perniciosas: lo es su confusión, o querer dar gato por liebre. Es curioso constatar que el discurso interno del propio gremio de la RSE ya hace algún tiempo que –según dice- ha superado esta confusión, pero desde la práctica empresarial y social esto a veces no se percibe en absoluto así.
  • Sigue siendo cierto que el discurso sobre la RSE lo ha protagonizado (y capitalizado) las grandes empresas (cotizadas). Por consiguiente, las pymes lo siguen percibiendo como algo ajeno, y que response a unos objetivos e intereses que no son los suyos.
  • Todos los peros se resumen en uno; o, al menos, hay un pero dominante: escepticismo. Escepticismo que me atrevo a resumir con el conocido título de una película: por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo; por qué lo llaman RSE cuando quieren decir negocio o imagen… porque lo que se percibe desde la calle en la retórica de la RSE de muchas empresas y directivos es que ni hay sinceridad, ni lo han asumido, ni lo sienten.

 

Estas (y otras) cuestiones aparecieron, y sobre ellas dialogamos. En medio del diálogo aparecieron las referencias habituales en estos casos al papel de los medios de comunicación. Ya es sabido que la batalla que a veces entablan los diversos actores involucrados en la RSE es una batalla por la conquista de la opinión pública. Pero sobre esta cuestión un participante en el programa hizo de pasada un comentario que era a la vez una interpelación. En los medios de comunicación la RSE se reduce o a malas noticias (actuaciones negativas llevadas a cabo por las empresas; es decir, no RSE sino falta de RSE) o a buenas noticias…en las que casi se ve directamente la mano del gabinete de prensa o del departamento de comunicación de la propia empresa. Y ambas alimentan el escepticismo, y se refuerzan mutuamente.

 

Dejando ahora al margen lo referente a la responsabilidad de los medios de comunicación, creo que ésta es una observación que deberían tomar en consideración los responsables empresariales de la RSE. Creo que todavía hace falta una cierta reflexión a fondo no tan solo sobre si hay que comunicar o no lo referente a la RSE, sino sobre qué hay que comunicar, cómo, a quien y por qué canal. Y, sobre todo, cómo encaja lo que se comunica sobre la RSE con lo que se dice sobre la empresa. Si se ha dicho a veces que en los medios de comunicación las únicas buenas noticias son los anuncios, lo peor que le puede pasar a la RSE es que lo referente a su información se convierta en publicidad encubierta (o que se perciba como tal, que para el caso es lo mismo). Porque, al final, bien pudiera ser que determinadas informaciones sobre la RSE de y en las empresas, en lugar de construir la credibilidad reforzaran el escepticismo.

 

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