Cuanto más avanza la historia de la RSC, más nos es necesario el definir cómos y no tanto qués, a pesar que siguen habiendo todavía con demasiada frecuencia debates futiles sobre estos últimos.

 

Recientemente el insigne académico de ESADE, Josep M. Lozano, nos comentaba en su blog cómo la sección española de Oxfam Internacional, Intermón, ha integrado la RSC entre las funciones del departamento de sistemas, el que llaman ahora de "planificación, calidad y responsabilidad social".

 

No hará mucho tiempo Telefónica, después de muchos años "en esto de la RSC", decidió convertir en estratégica la responsabilidad social, de modo que aquello que había quedado recluído en un departamente específico afectara a la globalidad de la estrategia corporativa, a todos los ámbitos del negocio. Bueno, más vale tarde que nunca. De todos modos no me quedó muy claro cómo lo harían, ni qué significa exactamente "estrategia" para ella.

 

El ejemplo de Intermón es sin duda un adecuado planteamiento de un cómo. Es pues que RSC es estrategia, como en el caso de Telefónica, vale, pero acaso esto puede seguir quedando como demasiado vacío. Hacer de la RSC algo "normal", como cuando la integramos en el área que gestiona la planificación y los sistemas de la organización, es gestión más que estrategia, es gritar un rotundo "sí, quiero" a la RSC dentro de mi organización.

 

La RSC se integra con estrategia, con comunicación, con coordinación interdepartamental... pero se hace todo ello y además se gestiona si la integramos en el sistema de gestión de la organización. Ello parece ser la intención de la ONG, y sin duda el camino.

 

Y vemos equivalencias muy claras por ejemplo con la calidad: la organización puede trabajar para la calidad una vez al año cuando toca auditoría de alguna ISO 9000, o bien la calidad puede trabajar para la organización 365 días al año. Aún hoy muchas organizaciones, por no decir una numerosa mayoría, con sellos de calidad no la tienen efectivamente integrada, y simplemente es papel que se actualiza anualmente para pasar el examen.

 

Conseguir que la RSC trabaje para la organización y no al revés es el reto. Es pues así como propuestas como la norma SGE 21 pueden ayudar también a las organizaciones. El sistema de gestión ético y socialmente responsable se transversaliza a toda la organización, no siendo función única de una determinada área, sino de su globalidad, a través de una hoja de ruta que aúne y sinergie los esfuerzos individuales y permita una revisión y seguimiento constante.

 

Aprendamos de los errores de la calidad para ser efectivamente más responsables. 

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