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En medio de tanto ruido, de tanta huera alharaca, de tanta frivolidad desmedida y de tanta utilización del lenguaje sin abrigar su esencial significado, uno siempre queda admirado del trabajo pormenorizado, la reflexión enriquecedora y la pedagogía sencilla, cuya misión es importantísima para la educación del común de los mortales.

 

 

    Inteligencia y modestia, pues, puesta a disposición del lector; ya sea para su enriquecimiento personal, para la invitación al debate constructivo, o para atravesar senderos trillados de creencias para albergar una nueva y bienvenida idea.

 

¿Y por qué digo todo esto? Pues, sencillamente, a colación con el último artículo, o post, de Antoni Gutiérrez-Rubí, experto en comunicación, titulado: "Sindicatos y comunicación en tiempos de crisis" que también aparecerá en la revista de la Fundació Rafael Campalans, y del que, desde estas líneas, aconsejo su atenta lectura.

 

Antoni, desde su prosa magistral, vuelve a apelar a los valores fundamentales y a la ética, al compromiso compartido y a la vida buena; entendida ésta última como ágora mancomunada donde dilucidar la problemática común que, como seres humanos, a todos nos atañe. Al hablar del nuevo o futuro sindicalismo, por ejemplo, Antoni nos dice: "Los sindicatos deben y pueden ejercer un nuevo liderazgo intelectual y político. Reflexionar sobre el entorno actual pero desde una perspectiva menos ideológica y más cercana a la vida real de las personas. El reto no es menor: entender la complejidad de los problemas actuales, analizar rigurosamente su impacto económico y social y encontrar soluciones prácticas basadas en los valores fundamentales". También nos recuerda importantísimos conceptos como: "acción, redes, compartir, información, participación…" que, a pesar de estar tan en boga lo que hemos dado en llamar la Responsabilidad Social Corporativa –RSC-, siguen siendo ajenos a muchísimas empresas, cuyas férreas jerarquías piramidales impiden a diario el aíre fresco de un esbozo de nuevas ideas, o la implantación de maneras diferentes de trabajo y comunicación, más humanas y amigables, haciendo del escalafón por imperativo legal, un arma subliminal y déspota que, en algunos casos y en los rincones anónimos de muchos despachos, roza lo chulesco.

 

Lean, pues, a Gutiérrez-Rubí y comprenderán por qué todavía es posible –debe ser posible- el lenguaje veraz que, al comunicar, opta por acercar el contenido de las palabras al arrullo casi olvidado de las emociones; una de las fórmulas con capacidad para la movilización y la transversalidad conjunta, para la aventura solidaria del esfuerzo mutuo que, con una obviedad manifiesta, nos da razón de ser y nos dignifica.

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