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Creo que hay cierta tendencia común en algunos (¿o, quizás, muchos?) de quienes formamos este más o menos pequeño grupo de amantes -cuando no cónyuges- de la Responsabilidad Corporativa. La tendencia a creer que vemos las cosas tal como son.


Incluso cuando reconocemos que no se puede decir que haya una sola verdad o realidad, cuando defendemos la importancia que tiene la RSE a la hora de entender y -si bien aplicada- gestionar la complejidad y la diversidad, tendemos a considerarnos capaces de comprender. Es decir, de ver las cosas tal como son o creemos que son.

Mi opinión es que sí que hay personas, que trabajan o investigan en este ámbito tan apasionante, que por su capacidad y honestidad intelectual, por su rigor y gracias a una ética muy sólida pueden representar un faro, una referencia a la que prestar mucha atención y de la que aprender.


Aun así considero importante recordarme a mí mismo (y a quienes quieran escuchar estas reflexiones en voz alta) lo fácil que resulta dar las cosas por sentadas, lo cómodo que es prestar más atención a quiénes piensen de forma similar para, de este modo, reafirmarse en una posición. En definitiva, lo fácil que es acomodarse.

Hace unos días, topé por casualidad (si se puede definir como "casualidad" cualquier cosa que se nos cruce por el camino en una búsqueda en Google) con una página web que recogía el Mito de la Caverna de Platón. Me fue muy útil el volver a leer, el detenerme durante un rato para recordar lo que Platón escribió. Aunque él quiso alegorizar al filósofo, pienso que puede ser importante para cualquiera tener en mente que a menudo, sin darnos cuenta, tenemos cadenas en nuestras mentes que no nos permiten ver otras realidades, otras verdades distintas de la que conocemos y en la que, quizás inconscientemente, nos encontramos bloqueados.

No me malinterpretéis. No estoy diciendo que la verdad siempre "esté fuera", ni quiero quitarle valor a los esfuerzos hechos, por parte de muchos y muchas, para pensar en RSE y hablar de forma rigurosa, estratégica, abierta, innovadora, etc…
Lo que quiero decir es que puede ser sano realizar ese esfuerzo para quitarse las cadenas y salir de la cueva, para ver qué parte de "nuestra verdad" resiste a la luz del sol y qué parte, quizás, demuestre ser una "proyección" que ha sido distorsionada por las paredes de nuestra cueva.

Lo que veo, por ejemplo, desde "mi caverna" es la necesidad de cambiar el modelo de los muchos encuentros y jornadas a los que participo. Quizás sea una realidad "proyectada en las cavernas" de muchas otras personas. Pero, ¿cuál es el esfuerzo para proponer un modelo diferente? ¿Cuáles las acciones que contribuyan a profundizar más y no quedarse en lo superficial (de sobra conocido por los que formamos este grupo, en cierto modo, endogámico)?

O, por poner otros ejemplos, cuando se habla de diversidad y de inclusión, ¿se es capaz de apreciar la diversidad como un valor? ¿Hablamos de RSE en tiempos de crisis para reafirmarnos en lo que ya pensábamos, para sentirnos más seguros, y no para, por lo menos un instante, cuestionar nuestra postura? ¿Hablamos de responsabilidad social y de responsabilidad legal, sin cuestionarnos si existe una responsabilidad moral?

Son simples preguntas, reflejos que intentan arrojar una luz distinta a la que habitualmente se proyecta en "mi cueva". Quizás sean fuegos fatuos, causados por ideas de vida corta, o quizás formen parte del tipo de dudas que acaban iluminando o dando un nuevo matiz.

 

En definitiva, buenas excusas para salir de la cueva…

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