El mismo se realizó en base a datos relevados mediante la Guía Gestionarse durante el 2006, 2007 y 2008 (62 empresas hasta julio).
Dicha herramienta permite evaluar la integración de la RSE a la
gestión de la empresa mediante la autoevaluación y autoaplicación por parte de sus miembros. Está compuesta por 32 indicadores divididos en siete grandes áreas de evaluación que representan los principales públicos vinculados a la empresa en el desarrollo de su actividad.
Para la elaboración de dicho informe se contó con una Muestra de 119 empresas en el 2006, 140 empresas en el 2007 y 60 empresas hasta julio del 2008, todas ellas radicadas diferentes provincias de Argentina.
A partir del análisis de los datos obtenidos, se observó, que si bien en nuestro país hay empresas que están avanzando en temáticas vinculadas a la RSE, en general poseen grados deficientes de integración de la misma a la gestión de sus negocios.
Cuando se habla de Responsabilidad Social Empresaria (RSE), generalmente hace referencia a una visión de los negocios que incluye el respeto a los valores éticos, a las personas, a las Comunidades y al Medio Ambiente. Son todas aquellas acciones voluntarias que la empresa realiza para mejorar la calidad de los vínculos con quienes afectan o son afectados por la actividad que realiza.
Cuando una ley regula alguna de las relaciones que la RSE contempla, el criterio es que la empresa supere lo que se le exige. Tal como lo menciona la Comisión de la Unión Europea, que una organización sea socialmente responsable implica ir más allá del cumplimiento de las obligaciones jurídicas invirtiendo más en capital humano, en tecnologías y prácticas comerciales respetuosas del medio ambiente, aumentando a su vez la competitividad de la firma.
De los datos obtenidos a partir de la investigación, se observó que si bien en Argentina hay empresas que estarían desarrollando actividades vinculadas a la RSE; durante el 2006 la gestión ética integral fue deficiente. La mayor insuficiencia fue respecto de los públicos Medio Ambiente y Público Interno.
En este sentido, las empresas no se estarían ocupando de las condiciones laborales del personal ni fomentarían un clima de trabajo participativo. Del mismo modo, no habría compromiso, conciencia ni debida diligencia frente al desarrollo de actividades relacionadas con la gestión medioambiental.
Con ello notamos que no habría una correlación entre la gestión empresarial argentina y el lugar privilegiado que le brinda el Pacto Global a los Derechos Laborales, Medioambientales y Derechos Humanos. En los años 2007 y 2008, se evidencia un cambio positivo ya que se pasó de estar en un estado de integración deficiente de la RSE a la gestión, a un reactivo. Si bien se requiere prestar mayor atención para lograr un nivel de atención proactivo, el aumento muestra una mayor preocupación por esta temática.
En relación al Público Interno, en estos últimos años, se habría estimulado la participación informal de los empleados en la gestión de la empresa a través de las sugerencias sobre los procesos que desarrollan. Manifestaron contar con programas de "premios" de acuerdo a la evaluación del desempeño individual. Sumado a ello, buscarían alcanzar o sobrepasar los modelos de excelencia en materia de salud, seguridad y condiciones de trabajo.
La formación del personal pasó a ocupar un lugar importante dado que se privilegia y recompensa el esfuerzo por estudiar y se promueven actividades de capacitación enfocadas a clarificar el desempeño deseado para un crecimiento personal dentro de la empresa. Respecto a la integración y consideración de grupos socialmente marginados, las empresas procurarían evitar comportamientos discriminatorios en el ambiente interno y en las relaciones con sus clientes a través de comunicaciones verbales. Luego, notamos una mayor atención de las problemáticas medioambientales.
Las empresas estarían realizando estudios para reducir paulatinamente el consumo de energía, materia prima y la producción de residuos, además de responsabilizarse sobre el impacto ambiental de cada componente del producto o servicio, seleccionando proveedores que posean criterio ambiental y hayan certificado normas de calidad. De acuerdo a lo expuesto anteriormente quisiéramos afirmar que algunos desafíos, sin ser exhaustivos, serían: ·
Reforzar la función del aprendizaje de la RSE en consonancia con los principios del Pacto Global, promoviendo la integración de los mismos al interior de las organizaciones.
· Realizar una planificación de las actividades sostenidas a favor de la RSE como modelo de gestión, buscando y facilitando el diálogo entre los distintos stakeholders en orden a reforzar la asociatividad como herramienta de construcción social.
· Promover la incorporación de los proveedores al modelo integrado de gestión de la RSE. La globalización, más allá de generar y complejizar las problemáticas socioeconómicas, genera nuevas posibilidades, nuevos valores que apuntan al crecimiento conjunto.
En este contexto, las empresas deberían asumir un rol protagónico que armonice la obtención de ganancias con el desarrollo integral de la sociedad. Se debería desarrollar un mayor Capital Social para generar una cadena de valor integrada con todos los públicos, de manera que adquieran mayor valor los servicios y productos que las empresas producen socialmente. El horizonte sería, entonces, la consolidación de un ámbito de gestión inclusiva donde la excepción sea el desconocimiento de la RSE.