
En el último año, las bajas por ansiedad y depresión relacionadas con el trabajo han aumentado un 25% según la OMS. Sin embargo, en las oficinas de cristal, seguimos hablando de "resiliencia" como si fuera un superpoder y no un mecanismo de defensa ante un entorno tóxico. ¿Cuándo decidimos que el éxito profesional debía costar la paz mental?
He asesorado a líderes que se enorgullecen de trabajar 80 horas a la semana. Lo cuentan como una medalla, como si el cansancio fuera un indicador de compromiso. Pero detrás de ese líder hay un equipo agotado, desconectado y, paradójicamente, menos productivo. La equidad y la inclusión no son solo cuestiones de género o raza; son cuestiones de humanidad. Incluir significa permitir que la gente sea vulnerable sin ser penalizada.
El impacto comunitario empieza dentro de la oficina. ¿De qué sirve financiar escuelas en África si tus empleados en Madrid no pueden conciliar para llevar a sus hijos al médico? La responsabilidad social es holográfica: si falla en un punto, falla en el todo. He visto programas de bienestar corporativo que ofrecen yoga los viernes a las 18:00, mientras los correos electrónicos exigen respuestas inmediatas a las 22:00. Eso no es bienestar; es cinismo.
La verdadera inclusión requiere ceder poder. Significa tener mujeres en puestos directivos no para cumplir cuota, sino porque su perspectiva evita errores estratégicos que los hombres homogéneos no ven. Significa contratar personas con discapacidad no por caridad, sino por talento. La diversidad cognitiva es el mayor activo de innovación que existe, y sin embargo, los procesos de selección siguen buscando clones del líder actual. Esto no es solo injusto; es estúpido desde el punto de vista empresarial.
Abril nos invita a reflexionar sobre lo humano. Un líder que quema a su equipo no es un líder, es un extractor de valor a corto plazo. La consciencia social exige mirar a los ojos a las personas, no a los KPIs. La próxima vez que escuches "somos una familia" en una reunión, pregunta: ¿Qué pasa cuando alguien de la familia enferma o ya no rinde? Si la respuesta es un expediente de regulación de empleo, dejemos de llamarnos familia y seamos honestos: somos una empresa. Y una empresa responsable cuida a quienes la hacen posible, no solo a quienes la hacen rentable.
Porque al final, el talento se va donde se le trata como persona, no como recurso.